martes, 12 de septiembre de 2017

Independentismo catalán: el síndrome de desmontar la muñeca rusa

Aún recuerdo, hace ya más de veinte años, el día en que compré una muñeca rusa en la hermosa plaza del mercado del centro histórico de Varsovia, en una parada artesanal con tanta variedad que todas competían entre sí en belleza y diversidad de motivos alegóricos y colores. Quien ha tenido entre sus manos una matrioshka -que, por cierto, si bien son originarias de Rusia, están inspiradas en muñecas similares japonesas-, sabe que su atractivo reside justamente en cuántas más capas mejor, albergando cada muñeca en su interior una nueva y de decoración diferente que embellecen en riqueza al conjunto, hasta llegar a la última muñeca, la más pequeña, que por si sola se nos aprecia como empobrecida sin el resto.

De hecho, la tendencia natural de la sociedad contemporánea -como la esencia de la vida misma- se asemeja a la estructura orgánica de un muñeca rusa común que crece, se desarrolla y expande desde la riqueza no solo de la diversidad, sino de la interrelación armónica con ésta, implementando nuevas capas a nuestra muñeca originaria que -creando un ecosistema social mayor- nos ayuda a avanzar como humanidad. Sí, la tendencia natural de la sociedad es ampliar el espacio común político, económico y socio-cultural para el bienestar social del ser humano.

Pero a veces aparece un movimiento social retrógrado, es decir, que retrocede en sentido opuesto a la dirección natural de expansión del conjunto de la sociedad. Un movimiento retrógrado que, por ser social, encuentra el origen de su cambio de dirección en un tipo de política concreta que desea ocuparse de la vida pública del conjunto de los ciudadanos. Un movimiento social retrógrado que en lugar de perseguir nuevos espacios de encuentro, cooperación y crecimiento común -propio de la sociedad moderna-, busca desprenderse de las diversas capas que conforman la naturaleza de su propia muñeca rusa. Ya que el objetivo último del movimiento social retrógrado es la endogamia, manifestada mediante la desconexión e independencia de la última y pequeña muñeca rusa del resto de sus capas sucesivas, como si éstas fueran un exoesqueleto prescindible.

Si bien la búsqueda de la endogamia por parte del movimiento social retrógrado no puede considerarse más que una patología política en un mundo de naturaleza global e interconectado a tiempo real, la razón de su causa se encuentra en la persecución obsesiva e ilusoria de la reafirmación de una identidad social propia y genuina, sin percatarse que el resto de capas de su muñeca rusa -creadas de manera natural a lo largo de los años de evolución de la sociedad, como un árbol que crea sus anillos a medida que crece- conforman, definen, cocrean y determinan en su conjunto la identidad social contemporánea de su realidad singular.

El peligro potencial de la obcecada búsqueda de la endogamia por parte del movimiento social retrógrado, no solo es que al desprenderse del resto de las capas de su muñeca rusa éstas se quiebren o rompan en el proceso de desconexión -sin poder volver a restituirlas, al menos durante un largo periodo de tiempo intergeneracional-, sino que todo movimiento retrógrado acaba colapsando como sociedad por la fuerza endogámica que la autoengulle. Querer desprenderse a voluntad y por medio de la fuerza del resto de capas que forman parte de la misma muñeca rusa, para posteriormente pretender mantener el mismo status de beneficio y grado de retroalimentación con las mismas, solo es propio de tres grupos de personas: los inconscientes (por defecto cultural), los enajenados de la realidad (por patología política de fábrica), y los interesados o listillos (por supervivencia o aprovechamiento socio-económico).

Pero como dice la tercera ley de Newton: siempre que un objeto ejerce una fuerza sobre un segundo objeto, este segundo objeto ejerce una fuerza de igual magnitud y dirección opuesta al primero. Por lo que si bien el último cuerpo de la matrioshka intenta independizarse del resto de capas de muñecas rusas que configuran su estructura, éstas a su vez ejercen una reacción ya no igual -pues en este caso se pone en juego la integridad del Estado de Derecho-, sino superior, aunque proporcionada, en sentido opuesto con el objetivo de mantener la cohesión de la unidad dentro de la diversidad.

Mientras tanto, en medio del tira y afloja de legitimidades objetivas y subjetivas, reales y fantasiosas, tras la festividad excluyente de la Diada de Catalunya con un presidente de la Generalitat a la cabeza solo apto para unos pocos, los independentistas catalanes continúan emborrachándose convulsivamente de su política patológica obsesiva endogámica en una larga celebración de la República al estilo “Bienvenido Mr. Marshall” de Berlanga, a la espera de una predecible larga resaca judicial tras el 1 de Octubre. Será entonces que la muñeca rusa, aun intacta -aunque agrietada-, necesitará más que nunca fortalecer la cohesión de su rica diversidad de capas en un complejo mundo global donde no hay cabida para quijotadas (o quitxotades), mediante una urgente actualización del texto constitucional que dé respuesta a los retos sociales del siglo XXI.

Desde la no equidistancia (tan de moda en un mundo relativista y buenista) y la no segregación, defiendo lo que soy -como autoreivindicación imperativa en estos tiempos de silencios impuestos-, pues soy aquello que defiendo: un viajero del mundo y ciudadano europeo de nacionalidad española y de origen catalán con sangre andaluza, de cultura greco-romana y tradición humanista-cristiana, que cree firmemente que la unión hace la fuerza y mejora el mundo (porque más es mejor que menos), que está convencido en que no hay nada inteligente (ni responsable) en reducir la muñeca rusa de nuestra realidad socio-económica y política a su mínima expresión, y que está cansado de tanta manipulación de la ignorancia propia y ajena.

Tarragona, a 12 de septiembre de 2017
(día después de la Diada de Catalunya -pro independentista-)

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Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano