martes, 19 de septiembre de 2017

Los 5 retos del nuevo paradigma laboral que trae la crisis de talento global



Que estamos entrando en una era de crisis de talento global no es ningún secreto, como lo manifiesta abiertamente y a los cuatro vientos el propio Foro Económico Mundial, con su fundador el economista Klaus Schwab a la cabeza. ¿La causa?: los cambios en el mundo laboral que trae consigo la cuarta revolución industrial actual que se caracteriza por una nueva e inusitada demanda de capacidades profesionales hasta la fecha desconocidas. Pero, ¿qué representa una crisis de talento global? Veamos, de manera sintetizada, sus implicaciones clave:

1.-Desequilibrio empresarial y social
El talento representa el 80% del valor de una empresa, conscientes que las empresas son las unidades operativas de la fuerza motriz de cualquier sociedad de bienestar social: el Mercado. Por lo que una crisis de talento global implica de manera directa una pérdida de valor empresarial, lo cual -bajo el principio de los vasos comunicantes- genera inevitablemente desequilibrios en el Mercado y, por extensión, desequilibrios en el conjunto de la sociedad manifestados con las ya conocidas brechas sociales emergidas (y crecientes) tras la recesión económica del 2007.

2.-Talentos con fecha de caducidad
Según los últimos estudios, las empresas cuentan con una definición del talento obsoleta o desajustada a las competencias que realmente se necesitan en la actual cuarta revolución industrial. Y es normal, ya que las necesidades de las capacidades competenciales del trabajador demandadas actualmente por el Mercado cambian en un tiempo récord inferior a los 5 años de media, lo que no solo influye sobre la oferta y demanda del mercado laboral, sino también y de manera delirante sobre el mercado educativo (provocando que muchos planes de estudio se encuentren desfasados), repercutiendo en una transformación continua -y consiguiente necesidad de readaptación constante- del propio modo de vida diario de las personas.

Y, 3.-Descompetitividad por desalineación de talento y competencias profesionales
La crisis de talento global que caracteriza esta cuarta era industrial en continuo cambio y transformación provoca que exista una desalineación entre el talento de las empresas y las competencias profesionales demandadas por el Mercado, lo que significa pérdida de competitividad. O dicho en otras palabras, las empresas ni conocen hoy por hoy qué tipo de talento cuentan en plantilla (las empresas españolas suspenden en evaluaciones de competencias de sus empleados), ni refuerzan las competencias de sus trabajadores (España está a la cola europea en desperdiciar su talento) y, por tanto, no existe alineación alguna entre definición de talento -del proyecto o objetivo empresarial a gestionar- con las competencias profesionales adecuadas para ser competitivos frente a los retos del Mercado.

Está claro, por tanto, que una crisis del talento global nos trae consigo un cambio de paradigma empresarial, y más específicamente laboral. Pero, antes de definir las características esenciales del nuevo paradigma, ¿sabemos qué es el talento?. Veamos: debemos entender el talento como el conjunto de habilidades y conocimientos que tiene una persona para el desarrollo óptimo de una actividad concreta. Así pues, como observamos, no podemos disociar las habilidades y conocimientos de una persona en relación al marco de referencias de una actividad singular a la hora de definir el talento, pues en caso contrario nos encontraríamos con la premisa absurda popularizada por Einstein de juzgar a un pez por su habilidad de escalar un árbol (provocando que dicho pez pueda llegar a considerarse socialmente inútil de por vida). Y en segundo lugar, tenemos que recordar por enésima vez -como así lo demuestran empíricamente decenas de estudios- que el 95% del éxito de cualquier talento se basa en la Inteligencia Emocional, es decir, en la capacidad de interactuar emocionalmente con la realidad más inmediata para beneficio propio y colectivo.

Así pues, el cambio de paradigma laboral que introduce la crisis de talento global -derivado por una vertiginosa evolución constante del mercado profesional- podemos vislumbrarlo en un horizonte cercano articulado sobre los siguientes retos.

Los 5 Retos del cambio de paradigma laboral en el marco de una crisis de talento global:

En el ámbito del trabajador:
1.-El valor diferencial del trabajador de la era de la cuarta revolución industrial es su alto grado de adaptabilidad a los cambios del mercado.

2.-La capacidad de adaptabilidad del trabajador viene determinada por cuatro factores determinantes: la gestión de las Inteligencias Múltiples (en un contexto de Inteligencia Colectiva), la gestión del Conocimiento (en un contexto de smartcitizen), la gestión del Fracaso (en un contexto donde competitividad es igual a innovación permanente), y la gestión de la Inteligencia Emocional (en un contexto de reinvención y superación continua, donde características como las habilidades sociales, la creatividad o la motivación juegan un papel fundamental).

En el ámbito del mercado laboral:
3.-Las ofertas y demandas de trabajo tenderán a priorizar las habilidades personales como criterio de selección laboral por encima de títulos y parámetros curriculares tradicionales. (En línea al reto 1, y como ya sucede en algunas empresas multinacionales).

En el ámbito de la empresa:
4.-Las empresas implantarán instrumentos de gestión continua en materia de RRHH para alinear el talento de su plantilla con su estrategia corporativa o gestión de proyectos, con el fin de viabilizar la sostenibilidad en el tiempo de su competitividad empresarial en un mercado altamente cambiante.

5.-Dichos instrumentos de gestión clave del talento empresarial solo pueden ser desarrollados en un entorno innovador (búsqueda continua de océanos azules propios) y mediante una permanente actualización de las competencias profesionales (con un profundo conocimiento de la Habilidología -o universo de las habilidades- de las competencias profesionales).


Nota de Autor: La presente materia de managment queda ampliamente desarrollada en mis siguientes obras: “Modelo de Gestión del Talento para Empresas”, Ed. Thomson Reuters, 2017. Y en dos obras más en proceso de gestión editorial: “Estrategia ON (Cómo alinear Estrategia de Empresa o Gestión de Proyectos y Competencias de Trabajadores)” y “Habilidología de las Competencias Profesionales”.


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Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano 

martes, 12 de septiembre de 2017

Independentismo catalán: el síndrome de desmontar la muñeca rusa

Aún recuerdo, hace ya más de veinte años, el día en que compré una muñeca rusa en la hermosa plaza del mercado del centro histórico de Varsovia, en una parada artesanal con tanta variedad que todas competían entre sí en belleza y diversidad de motivos alegóricos y colores. Quien ha tenido entre sus manos una matrioshka -que, por cierto, si bien son originarias de Rusia, están inspiradas en muñecas similares japonesas-, sabe que su atractivo reside justamente en cuántas más capas mejor, albergando cada muñeca en su interior una nueva y de decoración diferente que embellecen en riqueza al conjunto, hasta llegar a la última muñeca, la más pequeña, que por si sola se nos aprecia como empobrecida sin el resto.

De hecho, la tendencia natural de la sociedad contemporánea -como la esencia de la vida misma- se asemeja a la estructura orgánica de un muñeca rusa común que crece, se desarrolla y expande desde la riqueza no solo de la diversidad, sino de la interrelación armónica con ésta, implementando nuevas capas a nuestra muñeca originaria que -creando un ecosistema social mayor- nos ayuda a avanzar como humanidad. Sí, la tendencia natural de la sociedad es ampliar el espacio común político, económico y socio-cultural para el bienestar social del ser humano.

Pero a veces aparece un movimiento social retrógrado, es decir, que retrocede en sentido opuesto a la dirección natural de expansión del conjunto de la sociedad. Un movimiento retrógrado que, por ser social, encuentra el origen de su cambio de dirección en un tipo de política concreta que desea ocuparse de la vida pública del conjunto de los ciudadanos. Un movimiento social retrógrado que en lugar de perseguir nuevos espacios de encuentro, cooperación y crecimiento común -propio de la sociedad moderna-, busca desprenderse de las diversas capas que conforman la naturaleza de su propia muñeca rusa. Ya que el objetivo último del movimiento social retrógrado es la endogamia, manifestada mediante la desconexión e independencia de la última y pequeña muñeca rusa del resto de sus capas sucesivas, como si éstas fueran un exoesqueleto prescindible.

Si bien la búsqueda de la endogamia por parte del movimiento social retrógrado no puede considerarse más que una patología política en un mundo de naturaleza global e interconectado a tiempo real, la razón de su causa se encuentra en la persecución obsesiva e ilusoria de la reafirmación de una identidad social propia y genuina, sin percatarse que el resto de capas de su muñeca rusa -creadas de manera natural a lo largo de los años de evolución de la sociedad, como un árbol que crea sus anillos a medida que crece- conforman, definen, cocrean y determinan en su conjunto la identidad social contemporánea de su realidad singular.

El peligro potencial de la obcecada búsqueda de la endogamia por parte del movimiento social retrógrado, no solo es que al desprenderse del resto de las capas de su muñeca rusa éstas se quiebren o rompan en el proceso de desconexión -sin poder volver a restituirlas, al menos durante un largo periodo de tiempo intergeneracional-, sino que todo movimiento retrógrado acaba colapsando como sociedad por la fuerza endogámica que la autoengulle. Querer desprenderse a voluntad y por medio de la fuerza del resto de capas que forman parte de la misma muñeca rusa, para posteriormente pretender mantener el mismo status de beneficio y grado de retroalimentación con las mismas, solo es propio de tres grupos de personas: los inconscientes (por defecto cultural), los enajenados de la realidad (por patología política de fábrica), y los interesados o listillos (por supervivencia o aprovechamiento socio-económico).

Pero como dice la tercera ley de Newton: siempre que un objeto ejerce una fuerza sobre un segundo objeto, este segundo objeto ejerce una fuerza de igual magnitud y dirección opuesta al primero. Por lo que si bien el último cuerpo de la matrioshka intenta independizarse del resto de capas de muñecas rusas que configuran su estructura, éstas a su vez ejercen una reacción ya no igual -pues en este caso se pone en juego la integridad del Estado de Derecho-, sino superior, aunque proporcionada, en sentido opuesto con el objetivo de mantener la cohesión de la unidad dentro de la diversidad.

Mientras tanto, en medio del tira y afloja de legitimidades objetivas y subjetivas, reales y fantasiosas, tras la festividad excluyente de la Diada de Catalunya con un presidente de la Generalitat a la cabeza solo apto para unos pocos, los independentistas catalanes continúan emborrachándose convulsivamente de su política patológica obsesiva endogámica en una larga celebración de la República al estilo “Bienvenido Mr. Marshall” de Berlanga, a la espera de una predecible larga resaca judicial tras el 1 de Octubre. Será entonces que la muñeca rusa, aun intacta -aunque agrietada-, necesitará más que nunca fortalecer la cohesión de su rica diversidad de capas en un complejo mundo global donde no hay cabida para quijotadas (o quitxotades), mediante una urgente actualización del texto constitucional que dé respuesta a los retos sociales del siglo XXI.

Desde la no equidistancia (tan de moda en un mundo relativista y buenista) y la no segregación, defiendo lo que soy -como autoreivindicación imperativa en estos tiempos de silencios impuestos-, pues soy aquello que defiendo: un viajero del mundo y ciudadano europeo de nacionalidad española y de origen catalán con sangre andaluza, de cultura greco-romana y tradición humanista-cristiana, que cree firmemente que la unión hace la fuerza y mejora el mundo (porque más es mejor que menos), que está convencido en que no hay nada inteligente (ni responsable) en reducir la muñeca rusa de nuestra realidad socio-económica y política a su mínima expresión, y que está cansado de tanta manipulación de la ignorancia propia y ajena.

Tarragona, a 12 de septiembre de 2017
(día después de la Diada de Catalunya -pro independentista-)

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Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano 




martes, 5 de septiembre de 2017

Somos lo que defendemos

Vivimos en un tiempo, como muchos otros, caracterizado por los vaivenes de los acontecimientos en el ámbito profesional y (por extensión) personal, lo que nos obliga a preguntarnos continuamente quiénes somos ante la pérdida reiterada de aquellos elementos externos de nuestra vida en los que reafirmamos -a veces, de manera excesivamente dependiente- nuestra identidad como individuos. (Si somos lo que tenemos, ¿quiénes somos cuando dejamos de tenerlo?) Es por ello que uno no puede dejar de preguntarse, ante tantas vidas pasadas que vivimos en una sola vida, cuál es la esencia última de la naturaleza de nuestra identidad personal e intransferible. ¿Quién soy Yo?

Al final, uno se da cuenta de que su identidad es aquella que perdura en el tiempo como hilo conductor existencial a lo largo de los diversos vaivenes de la vida. En mi caso particular, la esencia última de mi identidad personal es la de filósofo, a sabiendas que es un rol obsoleto en nuestra sociedad por improductivo, más propio de un museo de Historia Natural que de los selectivos requisitos de búsqueda de los portales de ofertas de trabajo, aunque aún válido como elemento ornamental y de entretenimiento para pequeños actos sociales. Y es que la razón de ser de la identidad personal nada tiene que ver con las demandas de moda de la sociedad en cada momento, sino que su razón de ser se basa en saber quién es mi Yo como reducto último para el refugio existencial de toda persona frente a una vida que transcurre en continuo cambio y transformación.

Pero saber quiénes somos va más allá de conocer nuestra identidad personal -perdurable a los acontecimientos cambiantes de la vida-, pues sobre la base de nuestra naturaleza esencial como individuos somos aquello que manifiestamente defendemos con respecto a nosotros mismos y frente al resto del mundo. Sí, Somos lo que Defendemos. Pues aquello que defendemos, como manifestación externa de nuestra identidad interior, es un reflejo de nuestra escala de valores y prioridades personales en relación a las múltiples referencias posibles que nos ofrece la vida.

No obstante, como sagazmente me apuntaba Teresa en una reflexión compartida de desayuno, hay personas que no saben realmente lo que defienden (un mal común extendido en estos tiempos comvulsos, a merced de la dirección -política y/o mercantil- en que sopla el viento), por lo que recorriendo el axioma del artículo a la inversa podemos deducir que son personas que no saben quiénes son, convirtiéndose así en perfectos candidatos voluntarios a carne de cañón. Pues solo Somos lo que Defendemos si tenemos la Autoridad Interna de mostrarnos fieles a nosotros mismos respecto al mundo, y solo podemos ser fieles a nosotros mismos si conocemos nuestra identidad personal: mi Yo verdadero. Pues si bien aquello que defendemos puede devenir en impermanente, bajo el principio de crecimiento y desarrollo individual por ley natural, la naturaleza de nuestra identidad personal es inmutable a los continuos cambios que nos depara la vida. Ya que desde el reconocimiento del Yo Soy -que requiere de un ejercicio íntimo de introspección-, Somos lo que Defendemos conscientemente en cada momento.

Replicando con cariño al maestro Ortega y Gasset, no, yo no Soy Yo y mis circunstancias, sino que yo soy Yo con mis circunstancias. Pero para ello debo saber quién Soy; y desde ese conocimiento, podré mostrarme al mundo siendo lo que defiendo.

...Aunque, como defensa de mi ignorancia ante tribunales de juicio de valor ajenos, y parafraseando a Sócrates en pluma de Platón, finalizaré la reflexión con la máxima de “sólo sé, que no sé nada”, mientras continuo redescubriéndome a cada nuevo paisaje en mi Bitácora de un Buscador.

Y tú, ¿sabes quién eres? Y aún más, ¿realmente crees que eres lo que defiendes?


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viernes, 1 de septiembre de 2017

La filosofía como terapia personal

Reconozco que me he dado cuenta, al cabo de los años, que filosofo como terapia personal frente a los retos cotidianos de la vida. Pero, ¿qué es filosofar?, podemos preguntarnos. Con permiso de los grandes maestros, e indulgencia por derecho adquirido de los viejos profesores de la universidad, me atrevería a simplificarlo como la acción de focalizar el pensamiento sobre un aspecto concreto o abstracto de la vida. Pero claro, para focalizar el pensamiento se requiere de dos actitudes que no por ser obvias, son comunes: focalizar y pensar conscientemente sobre lo focalizado, pues requieren de un espacio y tiempo de reflexión en presente -que a mi me gusta llamar “congelado”- que no tiene cabida en una sociedad de alta velocidad.

Cada cual tiene sus secretillos para apearse del vertiginoso movimiento generado por las elevadas revoluciones por segundo con las que gira la sociedad contemporánea y desconectarse de su mundanal ruido omnipresente, ya no sin hacerse daño, sino justamente para mantener sana su propia cordura. En mi caso, el secreto para anclarme en el pausado presente continuo no es otro que el hecho de encenderme una pipa. Es por ello que -sin connotaciones freudianas, cuyas tesis por cierto no comparto en absoluto-, denomino a mi pipa como mi tetilla filosófica.

Focalizar el pensamiento representa, a su vez, desfocalizarlo de otros encuandres referenciales de la vida. Por lo que cambiar de enfoque te permite entrar en estados de pensamiento liberadores o, por el contrario, submergirte en otros de corte más opresores. Una regulación del enfoque del pensamiento reflexivo a voluntad que depende, por encima de los intereses existenciales surgidos en cada uno de los diferentes momentos del camino vital que reccore una persona, del estado emocional de uno mismo. Así, podemos enfocarnos tanto en tensos aspectos del microuniverso del ser humano, donde entran en juego las mundanas -y a veces mediocres- relaciones sociales de los hombres dentro de un contexto socio-cultural determinado (que no por entenderlas debemos compartirlas, pues muchos de los comportamientos sociales son racionales bajo criterios selectivos de egoismo individual), como podemos enfocarnos en serenos aspectos macrouniversales del ser humano, donde entran en juego elevados aspectos clave de la existencia del ser humano.

Lo cierto es que esta mañana me he levantado cansado, y por qué no decirlo con cierta desazón, del microuniverso que teje mi realidad social en continuo cambio y transformación, de la que me siento desconcertado, descontextualizado, perdido e incluso Divergente (como “Tris” o “Cuatro” en la película del mismo nombre) con mayor grado del que me gustaría (Consciente que no es una cosa de la edad). Por lo que me he puesto a buscar mi propio espacio de paz interior, tetilla filosófica humeante en boca, pensando en la belleza de la esencia de la Vida, en este caso centrado en la geometría, la materia y la vibración. (Aunque no habrán pocos que califiquen esta actitud de huída de la (su) realidad). [La realidad, je!, otro concepto que da mucho de qué hablar].

Sí, esta mañana me he sumergido en aguas de pesamientos relajantes que me han conducido a reflexionar sobre el hecho que la Vida tiene una naturaleza indivisiblemente trinitaria. Por un lado, todo lo existente tiene estructura geométrica, como fruto de las múltiples combinaciones de los Cinco Platónicos (tetraedro, cubo, octaedro, icosaedro y dodecaedro), más el círculo y la espiral, que dan forma a todo lo conocido y por conocer. Por otro lado, todas las múltiples combinaciones de formas geométricas resultantes cuentan con una estructura material en sus diferentes estados (sólido, líquido, gasesoso, plasma, materia negativa, y otros por descubrir). Y en último lugar, toda la materia en sus diferentes estados y múltiples formas geométricas forman parte de la Vida por cuanto vibran (generando así las diversas fuerzas físicas que constituyen el Universo, como la nuclear fuerte, nuclear débil, la gravitatoria, la electromagnética, la cuántica -fuerza fundamental-, y otras por descubrir), consideraciones teológicas sobre el origen motriz de la vibración del universo a parte. Tres partes de una misma naturaleza (geometría, materia y vibración) que interactúan, se complementan y condicionan entre sí constituyendo el arjé de la Vida, por no calificarlo como el tejido madre o la cuna de la misma Vida.

Particularmente me resulta muy bello observar como ondas de frecuencia vibratoria, como la música (de creación mecánica o electromagnética), generan nuevas formas geométricas en estados materiales liquidos o sólidos. Una bella visión fisiológica de la Vida que, aun por ser percibida por una autoconsciente limitación cognitiva humana como la mía, no deja de ser menos hermosa por armoniosa a la luz contemplativa de un pensamiento focalizado; consciente que sabemos tanto del cósmos como lo que puedan saber las hormigas desde su hormiguero, ya que la dimensión de nuestra órbita planetaria (de la que formo parte como ser vivo que habita en su cuerpo celeste llamado Tierra) tan solo representa 4 minutos luz en referencia a los 80 millones de años luz -si no mal recuerdo- que creemos que tiene la dimensión del Universo conocido donde coexisten más de cien mil millones de galaxias. (Solo en nuestra galaxia, la Via Láctea, se estima que pueden haber miles de millones de sistemas solares a parte del nuestro).

[pausa]

...Me pierdo casi angustiado con tantos ceros, aunque abrumadamente fascinado por las infnitas posibilidades inimaginables que se nos presentan. Por lo que decido regresar a la apacible -por no decir meditativo- concepto mental de la trilogía de la Vida como malla orgánica de la que parte toda la realidad conocida con el que he amanecido esta mañana, aun a sabiendas de la existencia del caos dentro del orden armonioso de la naturaleza conocida. (El movimiento de los opuestos en el principio del Ritmo de la Vida).

Mientras tanto, en mi reconocida ignorancia complaciente, de la que solo puedo realizar ociosas hipótesis para entretenimiento y relajación personal, prosigo con mi filosofoterapia existencial a falta que pueda llegar a entender cómo funciona el kafquiano micromundo productivo de los hombres (ese que te permite una vida digna), al menos hasta que la última exalación humeante de mi tetilla filosófica me devuelva a una realidad a escala que si bien no ahoga -como reza el refrán-, no deja de apretar.

Frente al estrés de la vida humana, profundamente humana -como diría Nietzsche-, no hay mejor prescripción medicinal que la filosofía como terapia personal, pues filosofando uno transciende, se desapega y autosana de la singularidad de sus circunstancias (In mente sana spiritus sano). O copiando a Marinoff: Más Platón y menos Prozac.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano