miércoles, 2 de agosto de 2017

Vivimos atrapados en el bucle de nuestro personal sistema energético

La huida es una ilusión, o al menos en la vida de las personas. El escapismo de una situación o circunstancia de la vida que no nos gusta, no es más que la ilusión que nos genera el simple hecho de avanzar hacia delante. Pero, ¿hacia dónde avanzamos? Lo cierto es que aunque nos movemos, nunca abandonamos el sistema energético de referencias del cual formamos parte, pues esa es la naturaleza de nuestra cosmología, y no otra. Un universo singular donde si bien podemos modificar nuestros patrones de comportamiento, los arquetipos energéticos que nos acompañan desde nuestra tierna infancia se irán sucediendo de manera periódica con independencia del entorno y el paisaje en el que nos hallemos. Tal cual si cuando naciéramos fuéramos introducidos en un bucle energético, y no en otro, que aunque pueda interconexonarse con terceros bucles a lo largo de nuestra existencia, no nos permite salirnos de nuestra trayectoria.

Nuestro bucle energético particular encuentra su origen en nuestro nacimiento y su final en nuestra muerte, y cuyo rizo -que describe el círculo mismo de nuestra vida-, se comporta como una cinta de Moebius. Es decir, que siempre volvemos al mismo lugar que partimos sin tener conciencia de ello pues creemos, ilusoriamente, que estamos avanzando, ya que la textura torsionada de nuestro bucle extraño nos hace creer que a cada nuevo paso estamos en lugares distintos y, por tanto, que experimentamos cosas nuevas y diferentes. Cuando al final, la esencia de la naturaleza que experimentamos siempre es la misma: la de nuestro sistema energético personal al que pertenecemos y estamos atrapados. Es por ello que, con un poco de retrospectiva, podemos percibir, o al menos intuir, que a lo largo de la vida siempre nos reencontramos con personas, situaciones y circunstancias que, aunque diferentes en forma y lugar, son muy parecidas y reconocibles energéticamente. Pues las hebras con las que está construido nuestro bucle son de la misma naturaleza.

Así pues, si en vida estamos atrapados en un sistema energético de referencias que constituye la estructura de nuestro bucle existencial, ¿cómo podemos trascender al mismo para cambiar aquello que nos desagrada de nuestra vida? Está claro que no podemos modificar los arquetipos energéticos que como hebras tejen la naturaleza de nuestro bucle, pero sí que podemos modificar nuestra percepción y, por ende, comportamiento hacia los mismos. Pues no es de marinero inteligente navegar contra la naturaleza indomable de los mares. Y no hay marinero diestro en el arte de navegar los mares sin conciencia de lo que hace. Es por ello que la Conciencia se nos presenta, en nuestra vida llena de determinismos, como el único instrumento capaz de ayudarnos a trascender el bucle energético en el que nos toca existir.

La Conciencia, ciertamente, es la última frontera entre dos dimensiones: la del Hacer y la del Ser, en cuyos mundos las prioridades son diferentes, capaces de modificar el haz de luz que ilumina nuestras vidas personales. Pero, asimismo, la Conciencia se presenta como el nodo de conexión donde Hacer y Ser pueden coexistir en armonía, creando esa puerta interdimesnional donde la persona puede trascender a su singular bucle energético en búsqueda de una nueva y renovada versión del camino de su propia existencia. Es entonces que los arquetipos energéticos que constituyen la estructura de nuestro bucle, sucediéndose de manera periódica a lo largo de nuestra singular trayectoria de formas y apariencias diversas, dejan de convertirse en obstáculos para transformarse en palancas de cambio y mejora personal, con la esperanza que nuestros hijos vivan sus propios y nuevos bucles energéticos que les permita ser mejores personas al encuentro del camino de su propia felicidad. Sabedores que la felicidad, en si misma, no es más -ni menos- que un estado de conciencia y un camino de sabiduría personal. Fiat lux!

Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano