martes, 27 de junio de 2017

Habilidades Básicas: La naturaleza común de todas las Competencias Profesionales

En un mundo tan complejo como el actual existen tantas competencias profesionales como tipos de profesiones y áreas de responsabilidad existen, entendiendo las competencias como aquellas características personales que han demostrado tener una relación directa con el desempeño sobresaliente en un cargo o rol determinado y en una organización en particular. Y, por tanto, existen tantos tipos de clasificación de competencias según el enfoque de la disciplina que la estudie.

Pero además, si por algo destacan las competencias, es justamente por su volatilidad en un mundo en continuo cambio y transformación. Es decir, las competencias que valían para ayer, ya no son válidas para hoy; y, por ende, las competencias que valen para hoy, no serán válidas para el día de mañana. Un principio de impermanencia de las competencias que tiene su causa directa en la evolución y desarrollo de la propia sociedad, cuyo modus vivendi está en continua actualización frente la aparición sinfín de nuevas necesidades.

No obstante, debemos tener en cuenta que todas las competencias, por diferentes y cambiantes que sean, tienen un sustrato de naturaleza común, al igual que toda la vasta gama de seres vivos existentes están formados a partir de una naturaleza química común (carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno). En este caso, la naturaleza común del rico universo de las competencias profesionales son las habilidades, entendiendo habilidad a nivel genérico -tal y como su significado etimológico latino describe- como la destreza o facilidad para desarrollar alguna actividad o tarea.

Según se expone en mi última obra “Habilidología de las Competencias Profesionales”, tras haber haber analizado el sistema de constelaciones de habilidades interrelacionado y derivado de competencias profesionales de diversos grupos de estudio, podemos clasificar las habilidades en:

I.-Habilidades Básicas:
Son aquellas de las que dependen todas las demás, por lo que podemos considerarlas como la naturaleza básica, última o primogénita de todas las competencias profesionales.

Las Habilidades Básicas son principalmente tres:
-Motivación
-Autoestima
-Inteligencia Emocional

Y una cuarta de menor categoría que hace de espacio tangente:
-Pensamiento Positivo

II.-Habilidades Secundarias:
Son aquellas que dependen de las Habilidades Básicas.

Las Habilidades Secundarias podemos dividirlas en:

-Habilidades Secundarias Intrapersonales:
Conjunto de habilidades que permiten a la persona, a nivel individual, conocerse a sí mismo y actuar en consecuencia, y que le permiten acrecentar las posibilidades de tener éxito en el ámbito profesional y encontrarse feliz y satisfecho en el plano personal.

Las Habilidades Secundarias Intrapersonales princpales son: la Autoridad Interna y la Actitud, teniendo la Felicidad como espacio tangente.

-Habilidades Secundarias Interpersonales:
Conjunto de habilidades que permiten a la persona, a nivel social, establecer y mantener relaciones profesionales y asumir diversos roles dentro de una organización, y es donde se desarrollan los grandes tipos de capacidades profesionales.

Las Habilidades Secundarias Interpersonales principales son: el Liderazgo, el Engagement, la gestión de las Inteligencias Múltiples, la Creatividad, y el Pensamiento Computacional.

Asimismo, dentro del grupo de Habilidades Secundarias encontramos dos niveles de habilidades:

-Habilidades de Valor:
Son aquellas Habilidades Secundarias que por sí solas tienen valor equiparable a una competencia profesional, o que la combinación de éstas configuran la naturaleza de una competencia profesional.

Las Habilidades de Valor pertenecen a la categoría de Habilidades Secundarias Intrapersonales e Interpersonales principales.

-Habilidades de Revalorización:
Son aquellas Habilidades Secundarias cuyo desarrollo o gestión permiten la realización de las Habilidades de Valor.

Las Habilidades de Revalorización Intrapersonales son: la gestión del Estrés, y la gestión del Miedo.

Las Habilidades de Revalorización Interpersonales son: la gestión del No Recibido (o de la Negación), la Mejora Profesional, la gestión del Conocimiento, el Reinventarse, la gestión del Fracaso, y la Vocación.

Como vemos, las Competencias Profesionales tienen una naturaleza común primogénita que está formada por las Habilidades Básicas, de las que derivan el resto de habilidades secundarias intrapersonales e interpersonales, siendo el tronco común de éstas últimas -consideradas como las propias del ámbito profesional- la Inteligencia Emocional. No obstante, como observamos en la estructura jerárquica del universo de las habilidades, la Inteligencia Emocional depende de un factor de desarrollo humano, profundamente humano como es la Autoestima. Parafraseando a Aristóteles, en una versión actualizada a nuestros tiempos, podemos afirmar que: “formar la mente, sin formar el corazón, no es formar a profesionales competentes.”

jueves, 22 de junio de 2017

Descárgate gratuitamente el libro “Habilidología de las Competencias Profesionales”

En un mundo tan complejo como el actual existen tantas competencias profesionales como tipos de profesiones y áreas de responsabilidad existen, entendiendo las competencias como aquellas características personales que han demostrado tener una relación directa con el desempeño sobresaliente en un cargo o rol determinado y en una organización en particular. Y, por tanto, existen tantos tipos de clasificación de competencias según el enfoque de la disciplina que la estudie.

Pero además, si por algo destacan las competencias, es justamente por su volatilidad en un mundo en continuo cambio y transformación. Es decir, las competencias que valían para ayer, ya no son válidas para hoy; y, por ende, las competencias que valen para hoy, no serán válidas para el día de mañana. Un principio de impermanencia de las competencias que tiene su causa directa en la evolución y desarrollo de la propia sociedad, cuyo modus vivendi está en continua actualización frente la aparición sinfin de nuevas necesidades.

No obstante, debemos tener en cuenta que todas las competencias, por diferentes y cambiantes que sean, tienen un sustrato de naturaleza común, al igual que toda la vasta gama de seres vivos existentes están formados a partir de una naturaleza química común (carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeo). En este caso, la naturaleza común del rico universo de las competencias profesionales son las habilidades, entendiendo habilidad a nivel genérico -tal y como su signifcado etimológico latino describe- como la destreza o facilidad para desarrollar alguna actividad o tarea.

Así pues, el objeto de esta pequeña obra no es otra que la descubrir las habilidades básicas de cualquier tipo de competencia y, asimismo, su estructura organizativa y la formulación conceptual de dichas habilidades, a las que también podemos denominar como unidades nucleares de conocimiento competencial.

La obra y sus precedentes

Habilidología de las Competencias Profesionales es una obra que encuentra sus fundamentos teóricos de management en recursos humanos en el libro“Modelo de Gestión Empresarial del Talento para Empresas (Business Model of Talent)”, Jesús A. Mármol, Ed. Thomson Reuters, 2017; y en “Estrategia ON (Cómo alinear Estrategia Empresarial o Gestión de Proyectos y Competencias de Trabajadores)”, Jesús A. Mármol, Ed. Bubok, 2017. Así como en las fórmmulas conceptualizadas de unidades independientes de Desarrollo Competencial “Las Fórmulas de la Vida”.

Como es costumbre en mi hacer, previo a publicar los libros en editoriales consolidadas, prácticamente siempre los publico de manera provisional en la plataforma Bubok especializada en ebooks públicos. Y esta obra no es ninguna excepción. Por lo que para aquellos que estén interesados en el libro, pueden ahora descargárselo gratuitamente en formato pdf en el siguiente enlace: Habilidología de las Competencias Profesionales.


miércoles, 14 de junio de 2017

¿Cómo transformamos un estereotipo en un valor social?

Los estereotipos no son más que una idea preconcebida de cualidades o conductas de una persona o colectivo dentro de los roles de una sociedad determinada y, por tanto, vienen determinados por una alta carga cultural. Pero al final, cuando hablamos de estereotipos, estamos hablando de una respuesta del miedo como defensa a lo desconocido o a un posible cambio que nos puede obligar a salir de nuestra zona de confort (costumbres y rutinas en un espacio conocido y controlable).

Si ese miedo a lo desconocido o al cambio, que solemos manifestar con recelo y rechazo y lo expresamos mediante la estereotipación de personas o colectivos concretos, no lo gestionamos adecuadamente, la sensación del miedo puede transformarse en rabia, lo que conlleva agresividad (ya sea administrativa, jurídica, cultural, de relaciones sociales, física, etc), que no es más que la voluntad activa de confrontación y sometimiento mediante el uso de las relaciones de poder.

En resumen, la estereotipación es la respuesta del miedo y de una posible rabia complementaria hacia lo diferente.

La clave está en la gestión del Miedo y la Rabia

Como sabemos, el Miedo y la Rabia son dos de las cuatro emociones básicas que tiene el ser humano, y que representan -en nuestro sencillo mecanismo biológico-, la primera fase de descodificación del mundo más inmediato que nos rodea y que captamos a través de los cinco sentidos físicos. (Recomiendo la lectura de las cuatro fases secuenciales del proceso de creación de nuestro mundo mental-emocional, recogidas en la obra “Manual del Ejecutivo Feliz”, Jesús A. Mármol, Ed. Bubok, 2016, de descarga gratuita).

El Miedo se caracteriza porque es una emoción básica de repliegue, y tiene la función de ayudarnos a advertir un posible peligro. Mientras que la Rabia se caracteriza porque es una emoción básica de apertura o expansión, y tiene la función de ayudarnos a soltar aquello que no queremos o a responder ante una posible amenaza.

Si bien las emociones básicas crean lo que conocemos como pensamientos, es a través justamente de la gestión del conocimiento (cambio del status de los pensamientos) que podemos transformar las emociones básicas de negativas en positivas.

No hay transformación social sin revalorización del estereotipo

No obstante, los estereotipos no pueden transformarse socialmente tan solo con la gestión del conocimiento, que nos enseña a conocer la naturaleza de esa diferencia de la que reaccionamos con miedo y/o rabia. Es por ello que las campañas exclusivas de información, formación o divulgación en relación a un colectivo de personas que consideramos diferentes no producen el cambio social esperado.

Para que pueda haber transformación social, junto a la gestión del conocimiento (¿qué es y de que se trata esa diferencia?) necesitamos dar valor social a ese conocimiento. Es decir, resolver la pregunta del “¿qué nos aporta?” esa diferencia al conjunto de la sociedad. Pues solo aquello a lo que le damos valor socialmente lo integramos en nuestra cosmología social. Ya que una vez que hemos resuelto la cuestión de cómo podemos dar sentido a la diferencia o al elemento diferencial dentro de la sociedad, nos plantearemos de manera decidida y activa a buscar las formas y maneras de cómo poder aprovechar dicha diferencia para beneficio del conjunto de la sociedad. (En este punto recomiendo la lectura de la “Fórmula de la Gestión de la Diferencia”).

Si algún ámbito destaca por saber aprovechar la diferencia es, justamente, el mundo empresarial, quien ha convertido la gestión de la diferencia en un instrumento clave de management para crear espacios de Inteligencia Colectiva (suma de inteligencias singulares y diversas) en la búsqueda de la competitividad en un mercado en continuo cambio y transformación. Tanto es asi que el nuevo paradigma empresarial no es otro que el de “Innovar o Perecer”, pero no hay innovación sin gestión de la diversidad en un mundo global e interrelacionado a tiempo real.

Seamos pues inteligentes, y aprovechemos el enfoque empresarial de la gestión de la diversidad -donde los estereotipos se diluyen en beneficio común-, para enriquecer nuestras sociedades. Pues evolucionamos como sociedad gracias al desarrollo de los talentos singulares de las personas, y los talentos no saben de estereotipos de género, tendencia sexual, clase social, religión, u otros. Conscientes que en toda integración de la diversidad se generan espacios tangentes de cocreación social siempre que existan principios básicos de intereses comunes y confianza mútua.

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Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano