viernes, 10 de febrero de 2017

Conoce la fórmula de la Actitud: A=(F.M)E

Hablando hace unos días con un directivo de una empresa vinculada al mundo de los grandes grupos financieros, éste me comentaba que los trabajadores seniors de la banca se hayan inmersos en un “estado de crisis de Actitud” ante la incertidumbre de poder ser despedidos en cualquier momento frente a la restructuración que está sufriendo el sector. Una crisis de Actitud que afecta, de manera directa, a su nivel de productividad y valor proactivo hacia la compañía, y que podemos hacer extensivo a cualquier otro sector bajo los efectos directos de una crisis económica. Y es que, como todos sabemos, la Actitud no tiene nada que ver con el conocimiento y las habilidades que pueda tener una persona, sino con su predisposición más o menos positiva a la hora de actuar y afrontar los retos diarios que nos depara la vida frente a una situación determinada.

La crisis de Actitud se puede gestionar de diversas maneras en una organización mediante las herramientas que nos ofrece el Desarrollo Competencial (materia que desarrollamos en “Las Fórmulas de laVida”), pero previo a su gestión debemos conocer la propia naturaleza de la Actitud para saber a qué nos estamos refiriendo y a qué nos estamos afrontando. Así pues, veamos seguidamente de manera conceptualizada la unidad de conocimiento independiente de la Actitud -como materia del Desarrollo Competencial-, bajo la técnica pedagógica de su formulación:

A=(F.M)E

La fórmula de la Actitud (A) es igual al producto de los factores de la Focalización (F) por la Motivación (M), elevado al Esfuerzo (E).

1.-Focalización (A)

El primer factor de la formulación de la Actitud es la Focalización, que no es más que la atención que ponemos hacia algún aspecto de la vida, con independencia del nivel de interés que nos pueda suscitar. Esta Focalización, no obstante, es intrínseco al componente cognitivo de la nomenclatura, pues nos permite emitir de manera consciente un valor determinado sobre aquello que ponemos la atención.

La Focalización dirigida es un elemento nuclear clave en la Actitud, pues determina nuestro estado de conciencia con nosotros mismos y en relación a la realidad más inmediata que nos rodea, como ya hemos visto con anterioridad en otras formulaciones como la Fórmula del Pensamiento Positivo o la Fórmula de la Felicidad. Puesto que de nuestra Focalización se deriva la acción consiguiente que vamos a manifestar en nuestra vida. Dime en qué te focalizas, y te diré cuál será tu próximo acto. En otras palabras, la Focalización no es más que la predefinición de un objetivo potencial a conseguir, cual arquero fija el punto de mira de su flecha.

2.-Motivación (M)

Pero no hay proceso cognitivo de Focalización sin su componente afectivo, que nos genera un sentimiento a favor o en contra de aquello en que ponemos la atención, el cual no es otro que el factor conocido como Motivación. Un proceso indisociable en la naturaleza humana, ya que pensamiento y sentimiento son dos caras de una misma moneda, pues mientras el pensamiento es la conceptualización racional de nuestro mundo, el sentimiento es la carga emocional de dicha conceptualización. Sí, somos seres pensantes-sintientes, a diferencia de la inteligencia artificial.

Para no extendernos en los factores que determinan la Motivación de toda persona (búsqueda de la Seguridad, la Afiliación, el Reconocimiento, la Autorealización, etc), nos derivaremos a su propia nomenclatura desarrollada en el artículo de la Fórmula de la Motivación. No obstante, destacaremos que la Motivación, dentro del contexto específico de la Actitud, se caracteriza por tres rasgos de comportamiento:

1.-Ilusión.
Una persona motivada es una persona ilusionada por conseguir el objetivo que se ha fijado, lo cual se manifiesta en un estado emocional complementario de alegría frente al nuevo reto.

2.-Acción.
Una persona ilusionada busca pasar a la acción -sin dilaciones- para conseguir el objetivo que se ha fijado, lo cual se manifiesta en un estado emocional complementario de optimismo frente al nuevo reto. (En este punto, recomiendo las lecturas de la Fórmula de la Creatividad y la Fórmula de Gestión del Conocimiento).

3.-Autoestima.
Una persona ilusionada y activa por conseguir el objetivo que se ha fijado fortalece su autoestima, lo cual retroalimenta la propia Motivación (En este punto, recomiendo la lectura de la Fórmula de la Autoestima).

3.-Esfuerzo (E)

Pero como todos sabemos, la Actitud requiere de un tercer factor clave para conseguir cualquier objetivo en el que estemos focalizados y motivados por alcanzar, y este no es otro que el factor -tan desvalorado en nuestro tiempo- del Esfuerzo. Sí, debemos reivindicar una vez más la cultura del Esfuerzo para poder autorealizarnos personal, social y profesionalmente como individuos. Pues nadie consigue nada desde el sofá de su casa.

El factor del Esfuerzo es el componente conductual de la Actitud, el componente activo por excelencia de la Actitud, que nos permite reaccionar de una determinada manera frente aquello en lo que estamos focalizados (componente cognitivo) y motivados (componente afectivo). Y que se caracteriza por tres rasgos de comportamiento:

1.-Persistencia.
Para alcanzar un objetivo se requiere de una Actitud persistente, ya que todo proceso en la vida cuenta con un desarrollo natural de las cosas marcado por los vectores de velocidad (movimiento), espacio (cambio de puntos de referencia del escenario en el que nos situamos) y tiempo (cronología de la dirección en la que nos movemos y cambiamos de escenario).

2.-Flexibilidad.
Para alcanzar un objetivo se requiere de una Actitud flexible, lo que significa capacidad de adaptabilidad frente a los nuevos retos que se nos presentan en nuestra empresa personal. Una Actitud del Esfuerzo flexible significa, a su vez, que si bien tenemos definido nuestro objetivo a alcanzar, no podemos ser intransigentes en las expectativas (planes estratégicos de desarrollo) de cómo vamos a realizar dicho viaje, conscientes que transitamos por un mercado volátil en continuo cambio y transformación.

y, 3.-Compromiso.
Para alcanzar un objetivo se requiere de una Actitud comprometida con nosotros mismos y con la nueva realidad que queremos conseguir. Pues sin Compromiso no hay Persistencia ni Flexibilidad, ya que la plena implicación con nuestra empresa personal viabiliza la sostenibilidad en el tiempo del Esfuerzo necesario para obtener el éxito esperado. (En este punto, recomiendo las lecturas de la Fórmula del Engagement y la Fórmula del Business Model of Talent, donde empresa y trabajador tienen implicaciones claves por igual).

Resumiendo, en la vida la Actitud es prácticamente todo. Un valor que debemos poner en alza, más si cabe, en momentos de dificultad. Pues solo con una buena gestión de la Actitud se consigue superar los retos que nos depara la vida, lo contrario es la aceptación de una derrota anunciada. Frente a ambientes en crisis de estado de Actitud, tengamos la Actitud inteligente de reactivar los factores claves de su nomenclatura. Fiat lux!


N.A.: Este artículo forma parte de la serie de “Las Fórmulas de la Vida” que tienen como objetivo conceptualizar las unidades nucleares de conocimiento independientes sobre las que se construye la materia del Desarrollo Competencial, para de este modo -como si se tratasen de piezas de lego- poder configurar a medida la estructura didáctica para cualquier caso teórico o práctico del Management.

lunes, 6 de febrero de 2017

Ante la Incertidumbre de la vida: Actitud, Adaptabilidad y Gestión Emocional

Que toda acción tiene una reacción de igual magnitud y dirección pero en sentido opuesta a la primera, como anunció Newton hace ya más de tres siglos, solo existe en una realidad constante y determinada propia de los libros de la física clásica. En nuestra realidad cotidiana multidimensional, propia de un mundo globalizado en la suma de microrealidades a velocidades diferentes que interactúan entre ellas sin consideraciones de espacio-tiempo, una acción puede tener una reacción de menor, igual o mayor magnitud y dirección y en cualquier sentido posible a la primera. En otras palabras, que si bien todo efecto tiene un causa, la dimensión de esta causa es, a todas luces, incierta frente a todo pronóstico. Y si no que se lo pregunten a los protagonistas de la caída del Muro de Berlín, a los sabios de la política de austeridad económica de la UE como fórmula anti-crisis, a los británicos con el juego electoral de mesa del Brexit, a las recientes elecciones norteamericanas y los mandatos ejecutivos de Trump, o al propio proceso del auge soberanista catalán en España. Un cúmulo de reacciones posibles inciertas frente a acciones muy concretas. Y es que, en un mundo complejo e impermanente con múltiples variables, la incertidumbre se impone (Un principio que los físicos ya conceptualizaron a principios del s.XX dentro de la lógica cuántica: Principio de Heisenberg).

Pero no nos vayamos a escalas socio-políticas o subatómicas, la incertidumbre determina nuestras vidas cotidianas con cada una de las acciones que realizamos en nuestras decisiones diarias (La vida es una continua decisión). A cada acción que protagonizamos, ya sea pasiva o activa, desde hacer una simple cosa u otra diferente en nuestra libre elección (ya sea en el seno de nuestra familia, con los amigos, o en lo que respecta a nuestro mundo profesional), desencadenamos un hilo de acontecimientos de reacción incierta que modifican nuestra realidad más inmediata para crear otra diferente en magnitud, dirección y sentido que determinan una nueva posición en nuestra vida presente. Y es así, a diferencia de otros posibles tiempos pasados más serenos y predecibles, porque el mundo de referencias del siglo XXI es volátilmente inconstante en su fugacidad de cambio y transformación, y complejo en su poliédrica estructura socio-económica.

Sí, es como si viviéramos en el interior de un juego de Tetris tridimensional o de un gran cubo de Rúbik cuyas piezas, que componen y determinan la forma de nuestra realidad, estuvieran en incesante movimiento. Y ante este hecho solo cabe la aceptación. Aceptar que el paradigma de vida que nos enseñaron (y no nos prepararon) en la escuela, y del que proceden nuestros padres, ha cambiado: De una previsión de vida certera hemos pasado a la experiencia de una vida incierta, donde las reglas de la lógica clásica ya no sirven y donde nada se puede dar ya por sentado. Una característica que los budistas denominan -y que toma mayor sentido si cabe en los tiempos actuales-, Principio de Impermanencia: nada es nunca siempre igual, todo está en continuo cambio y transformación. Un principio que solo los gurús del “Big Data” o de las “Machine learning” podrán controlar, y cuyo privilegio está claro (porque la información es poder) no es ni será accesible para el resto de los mortales.

Mientras tanto, para el resto de personas de a pié, queda claro que una mala gestión de la incertidumbre que genera la experiencia de la impermanencia en nuestra vida nos puede llevar a estados de ánimo agobiantes propios de un desequilibrio emocional. Pero bien gestionada podemos encontrar en la incertidumbre el redespertar de la curiosidad por observar, a veces con cierta diversión e incluso ilusión, cuál va a ser la siguiente novedad en nuestro impredecible mundo cambiante (lo que bien mirado, no nos va a permitir aburrirnos, haciendo de la vida misma una experiencia entretenida). Es por ello que más importante que el destino, al final donde debemos poner la atención de nuestra actitud vital es en la calidad personal de cómo afrontamos el viaje que, queramos o no, vamos a tener que recorrer en nuestra aventura singular e intransferible. Un viaje donde actitud, adaptabilidad y gestión emocional son elementos básicos para nuestro quid de supervivencia personal.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

A. Machado, 1875-1939



Nota 1: Sobre Actitud, Adaptabilidad y Gestión Emocional recomiendo los artículos recogidos en “Las Fórmulas de la Vida”, donde conceptualizo las unidades de conocimiento independientes de la materia de Desarrollo Competencial (Gestión de Habilidades)

Nota 2: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano