lunes, 23 de enero de 2017

Conoce la fórmula de Gestión de la Diferencia: GD=E.R.I.

En un mundo globalizado como el actual, la Diversidad no solo constituye la realidad social del tejido de nuestras ciudades, sino que representa el reactivo que nos hace evolucionar y progresar como seres humanos, pues a través de la multiplicación de las diversas singularidades que representamos las personas enriquecemos el flujo de nuestra inteligencia colectiva como especie.

No obstante, la Diversidad, que es una cualidad propia de los colectivos, conlleva la Diferencia, que es una cualidad específica de las personas como individuos de dichos colectivos. Y si bien la Diversidad puede parecernos un concepto más abstracto y amable, la característica que hace que una persona (y su manera de entender, enjuiciar y actuar frente al mundo) sea diferente a otra, se nos muestra en la vida cotidiana como algo mucho más tangible que requiere de una gestión activa, concreta y positiva por nuestra parte, ya que por norma general y de manera primigenia suele generar estados individuales y colectivos de recelo e incluso de rechazo propios de la emoción básica ancestral del miedo a lo desconocido, a perder un espacio de confort controlable, e incluso al cambio que conlleva la misma evolución siempre en continua transformación.

La mala Gestión de la Diferencia nos aboca históricamente de manera irremediable a la confrontación, al sometimiento y al empobrecimiento, mientras que una buena Gestión de la Diferencia nos conduce al entendimiento, la cooperación y al enriquecimiento. Una máxima que el mundo económico, que siempre busca el beneficio de sus acciones, sabe rentabilizar. Tanto es así que, en un Mercado global donde el conocimiento se transmite en tiempo real, el mundo empresarial entiende que la suma de diferencias produce el inestimable activo al que denominados innovación, el cual es sinónimo de competitividad. Por lo que la Gestión de la Diferencia, junto a la Gestión del Cambio Relacional y la Gestión de la Actitud son los ejes fundamentales de desarrollo de los Recursos Humanos en pleno siglo XXI. Unos parámetros de actuación plenamente extrapolables, dimensionados en su justa medida, al ámbito estrictamente social. Si la Diferencia genera beneficios en el ámbito económico, ¿porqué no los va a generar en el ámbito social?. Una de las causas divergentes principales entre ambos ámbitos, es que mientras que el Mercado ha dado valor a la Diferencia como un activo empresarial, socialmente aún no se ha encontrado la fórmula para revalorizar la Diferencia entre individuos (aunque la tímida integración al universo de las Inteligencias Múltiples es un primer paso).

Introducción al tema y tendencias sociológicas a parte, veamos a continuación de manera sintetizada la fórmula de la Gestión de la Diferencia:

GD=E.R.I.

La Gestión de la Diferencia (GD) es igual al producto de los factores de la Empatía (E), el Reconocimiento (R ) y la Integración (I).

1.-Empatía (E)

El primer factor para tratar la Diferencia es contar con la sensibilidad suficiente para poderla gestionar. Esta habilidad humana la denominamos Empatía, que nos capacita para ver las situaciones o problemas desde la perspectiva de otra persona. Una cualidad propia de las Habilidades Sociales que, por su relevancia para el éxito de las relaciones interpersonales, destaca con personalidad propia dentro del ámbito de la Inteligencia Emocional, ya que permite que las demás personas se sientan comprendidas, escuchadas y apoyadas emocionalmente.

Destacaremos tres factores claves de la Empatía:

1.-Que la Empatía es una habilidad, no un rasgo genético de personalidad, por lo que se puede aprender para integrarlo como un hábito de conducta más en nuestras vidas.

2.-Que la Empatía, al tratarse de una habilidad social cuyo objeto son las emociones humanas, requiere de un conocimiento, formación e integración previa en materia de Gestión de las Emociones y en Inteligencia Emocional.

y, 3.-Que la Empatía, entre sus características principales, cuenta con la actitud del Respeto, que es aquella consideración que nos permite concebir que toda persona tiene un valor humano y social por sí mismo

(Se recomienda la lectura del artículo "Conoce la fórmula de la Inteligencia Emocional" de la serie de unidades de conocimiento conceptualizados de la materia del Desarrollo Competencial recogidos en "Las Fórmulas de la Vida").


2.-Reconocimiento (R )

Una vez que tenemos la sensibilidad empática necesaria para gestionar positivamente la Diferencia, ésta requiere seguidamente de un proceso de Reconocimiento hacia la singularidad de la persona como individuo y como parte natural de un colectivo propio diverso al nuestro.

Todo proceso de Reconocimiento social cuenta con dos fases de actuación:

1.-Reconocer como acción de obtener un conocimiento sobre el objeto de estudio (Conocer).

Es decir, estudiar las características diferenciales de la persona y su colectivo que nos permitan comprender su cosmología existencial. En este punto, tanto la sociología, como la antropología social y la comunicación interculltural se nos presentan como herramientas imprescindibles. Ya que si no conocemos la singularidad de la Diferencia, no podremos entenderla y, por tanto, no podremos relacionarnos con éxito.

y, 2.-Reconocer como acción de dar valor a la Diferencia (Valorar).

Es decir, tras conocer y entender la singularidad, podemos otorgarle un valor social dentro de nuestra comunidad conforme a las cualidades de la persona y teniendo en cuenta diversos elementos o juicios de valor determinados, siempre buscando el beneficio del bien común. Dicha revalorización social de la persona como individuo diferencial debe realizarse desde la lógica de las Inteligencias Múltiples, puesto que una sociedad no es más que el engranaje armonioso de múltiples singularidades que enriquecen al conjunto del sistema como estructura orgánica. Si entendemos, a la luz de las Inteligencias Múltiples, que toda persona tiene un valor social en su justo encaje, estaremos aprovechando la singularidad como activo humano que nos va ha permitir crecer socialmente desde el enrequecimiento de la suma de activos diferentes (principio natural de la propia Vida), precepto que la Economía de Mercado ha entendido a la perfección e integrado ya en su metodología funcional en busca de la anhelada innovación continua que le permite ser sostenible en el tiempo.

(Se recomienda la lectura del artículo "Conoce la fórmula de Gestión de las Inteligencias Múltipes" de la serie de unidades de conocimiento conceptualizados de la materia del Desarrollo Competencial recogidos en "Las Fórmulas de la Vida").


3.-Integración (I)

Y tras haber dado valor a la Diferencia, solo cabe integrarla en la comunidad para poder rentabilizar su activo social. No obstante, cabe remarcar que si bien integrar es lo opuesto a descriminar, tampoco significa substituir. Debemos entender la Integración como aquella acción que genera espacios comunes de enriquecimiento a través de cuatro principos básicos:

I.-Diversidad, porque la suma de dos o más personas diferentes crean un espacio común diverso. (Teoría matemática de la Intersección de espacios tangentes)

II.-Co-Pensamiento, ya que la diversidad en un espacio común conlleva a co-pensar desde las singularidades los mismos problemas que afectan a todos en el espacio que se comparte.

III.-Colaboración, puesto que sin una actitud proactiva de colaboración entre las diferencias no puede existir la Integración. En este punto, la pedagogía multilateral es esencial para alcanzar un ambiente colectivo donde prime la voluntad de colaborar, y donde la Confianza Básica Mútua se convierte en la piedra angular de toda Colaboración.

y, IV.-Co-Creación, puesto que la Colaboración Co-Pensante de la Diversidad siempre conduce a la Co-Creación de una realidad nueva a la existente (Principio básico de la Innovación).

(Se recomienda la lectura del artículo "Conoce la fórmula de Gestión del Talento en las Empresas" de la serie de unidades de conocimiento conceptualizados de la materia del Desarrollo Competencial recogidos en "Las Fórmulas de la Vida").

En un mundo donde la diversidad no es una opción, sino una realidad cotidiana, aprendamos a gestionar la Diferencia de manera inteligente y siempre desde el respeto mútuo por todas las partes. Ya que no hay nada inteligente en desaprovechar la riqueza de elementos singulares que nos ofrece la variedad. Fiat lux!




N.A.: Este artículo forma parte de la serie de “Las Fórmulas de la Vida” que tienen como objetivo conceptualizar las unidades nucleares de conocimiento independientes sobre las que se construye la materia del Desarrollo Competencial, para de este modo -como si se tratasen de piezas de lego- poder configurar a medida la estructura didáctica para cualquier caso teórico o práctico del Management.

domingo, 15 de enero de 2017

Desde las Escuelas de Negocio, redefinamos el management desde el liderazgo ético

Sincronicidades de la vida, ayer por la noche veía en televisión un documental sobre los jóvenes líderes con éxito empresarial y el papel que juegan las escuelas de negocio (despertando mi interés como docente y ex CEO), donde se ponía de relevancia principalmente dos características claves para ser una persona exitosa a nivel profesional: tener una sed insaciable de ambición (que premia la consecución del objetivo del status por encima de cualquier otra consideración en la vida), y contar con una excelente red de relaciones VIP (que posibilitan las Business School de élite, donde los más privilegiados se relacionan solo entre los de su misma clase social -efecto burbuja-). [Ver programa tv].

Y esta mañana, de vuelta de la calle tras realizar unas pequeñas gestiones, me encuentro en el buzón de casa la nueva revista de la Hermandad del Monasterio Cistercense de Santa María de Poblet, donde el Dr. Francesc Torralba, catedrático de la Universitat Ramón Llull y hermano laico, publica un excelente artículo sobre el liderazgo benedictino como modelo de management extraportable, destacando tres cualidades claves: la ética, la ejemplaridad y la justicia distributiva.

Dos modelos contrapuestos entre sí: el primero propio de la filosofía imperante del Mercado, el segundo propio de la filosofía Humanista. Dos modelos que si bien hoy en día nos parecen antagónicos, no son en absoluto incompatibles.

Si bien las características de la ética, la ejemplaridad y la justicia distributiva ya lo he tratado con anterioridad y con otros términos en el artículo “La Fórmula del Liderazgo” -de la serie de unidades de conocimiento independientes del Desarrollo Competencial que expongo bajo la marca de “Las Fórmulas de la Vida”-, poniendo de manifiesto que el Liderazgo (L) es igual a la suma de los productos de la Autoridad Moral (AM) por la Inteligencia Emocional (IE) multiplicado por el Pensamiento Positivo (P+) y la Motivación (M), dividido por el factor de la Estrategia (E) y elevado todos ellos al valor del Bien Común (BC), creo interesante hacer una mención especial al principio de Justicia Distributiva del que se hace eco el modelo de liderazgo benedictino -que no deja de ser una herramienta de gestión del Bien Común-, y que tanta necesidad del mismo tiene nuestro maltrecho Estado de Bienestar Social.

El principio de Justicia Distributiva benedicino viene, ni más ni menos, de la Regla monacal que San Benito, patrón de Europa, escribió para los monjes de su Órden. Regla que los monjes-guerreros Templarios hicieron suya, adoptando asimismo el hábito de los cistercenses pero con la inclusión de la cruz roja de ocho puntas -que representan ocho beatitudes, entre ellas la de amar la Justicia (quinta beatitud)-, aunque este es otro tema. Un concepto y una práctica de Justicia que, a la luz de una lectura actualizada de la Regla Benedictina por parte del Dr. Torralba, representa “una de las virtudes claves a la hora de liderar una comunidad”, pues “el abad no puede hacer excepciones, pero, a la vez, no puede tratar homogeneamente lo que es diverso” “(..) La virtud de la justicia (distributiva) juega un papel decisivo en el desarrollo del liderazgo ético”.

Así pues, hecha la breve referencia contextual socio-histórica como apoyo pedagógico, entendemos que la Justicia Distributiva no es repartir todo entre todos en partes iguales (como clama el Comunismo), pero tampoco significa repartir o concentrar todo o la mayoría de ese todo entre solo unos pocos (como sufrimos hoy en día con el Capitalismo), sino encontrar el punto medio en relación a las necesidades y las virtudes existentes entre las personas que conformamos la diversidad. In medio virtus

¿Y cómo conseguimos ese punto medio que busca la Justicia Distributiva? Sin ética ni ejemplaridad, imposible. Pues la ética comporta “hacer” siempre velando por el bienestar (psicológico y físico) de la comunidad (que está formada por personas a título individual, cosa que a veces se nos olvida), pero no hay ética sin una ejemplaridad previa de quien o quienes la imparten (lo que hoy entendemos como autoridad moral). Es por ello que no existe Liderazgo Ético o Humanista sin la combinación indisociabe de las tres cualidades claves: ética, ejemplaridad y justicia distributiva. Y aunque no voy a entrar en el tema, porque debe explicarse bien en forma y contenido, la Regla monacal ofrece la clave para encontrar el justo equilibrio en la práctica de la Justicia Distributiva por parte de quien ostenta el liderazgo del bien común: la caridad (que podemos traducir laicamente como empatía, sentimiento que impulsa a las personas a solidarizarse con sus semejantes).

En este sentido, podemos entender que cualquier planteamiento de un Estado de Bienestar Social -que no es más que la redistribución equitativa de los recursos públicos-, será una quimera si no se imponen los valores del liderazgo ético, lo que implica una actitud ejemplar entre los legisladores (lo que antaño se denominaba “Visión de Estado”). Y no hay mejor manera de revalorizar en positivo el modelo social de liderazgo público, que revalorizando en positivo el modelo social de liderazgo privado -pues es el Mercado quien marca el paso de nuestros tiempos- a través de Facultades, Escuelas de Negocios y Centros Formativos de management varios. Es decir, el Bienestar Social pasa irremediablemente porque al Mercado le instauremos un alma humanista.

Si queremos un mundo cada vez mejor, debemos comenzar a redefinir el modelo de líder y éxito social. Junto a las aptitudes necesarias para alcanzar objetivos empresariales para ser competitivos, debemos introducir en el rol del management habilidades irrenunciables de responsabilidad social como es la práctica de la Justicia Distributiva, lo que nos permitirá trascender el impulso humano de la ambición del ámbito exclusivamente personal al ámbito colectivo. Fiat Lux!


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Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano




lunes, 9 de enero de 2017

Educar hoy en valores sin injerencias mediáticas es como poner puertas al campo


La top model Karlie Kloss en el spot "Bad Girl" de la fragancia de CH
Hace un par de semanas, en ocasión de un artículo que escribí sobre educación en gestión emocional como receta para los males en las relaciones interpersonales, ya apunté la importancia de unos valores positivos como refuerzo para el desarrollo de una sociedad sana. Pues toda conducta caracterizada por el buen juicio es de naturaleza doble: su estructura se fundamenta tanto en la inteligencia emocional como en los valores sociales positivos. Una reflexión que despertó una pequeña tertulia doméstica con mi pareja Teresa sobre quién tiene la responsabilidad de educar dichos valores a los más pequeños, llegando a la conclusión que en un mundo tan complejo como el actual padres y escuela tenemos un alcance limitado. Días más tarde, y al hilo de la tertulia ociosa de media tarde con la que nos habíamos entretenido, Teresa me reenvió un mensaje anónimo en formato imagen que corre por las redes sociales, que reza: “No puedes educar a tus hijos como lo hicieron tus padres contigo, pues tus padres te educaron para un mundo que ya no existe”.

Sí, lo cierto es que el mundo evoluciona a una velocidad de vértigo, creando nuevas referencias sociales que dejan obsoletas a sus predecesoras, lo cual es causa de los cotidianos desencuentros entre generaciones de una misma familia (Incluso las palabras cambian de significado en cada nuevo salto generacional). Pero con independencia del continuo cambio y transformación del mundo, que es ley de vida (aunque el ritmo es cosa de los hombres), la pregunta de rigor es ¿quién tiene potestad en nuestra sociedad de crear y promover los valores?. Esos valores que determinan cómo debemos de entender, enjuiciar y actuar frente a la realidad más inmediata que nos rodea.

Los que somos padres lo tenemos claro: los valores sociales vienen determinados por los medios mediáticos, cuya fuerza tiene la potencialidad de arrollar cualquier esfuerzo en sentido contrario que se haga desde el seno familiar o desde la comunidad educativa. Una fuerza mediática que se caracteriza por cuatro factores claves:

I.-Es Multiformato (plurilenguaje): Ya que se comunica vía películas, series y programas televisivos, anuncios publicitarios, letras de canciones, vídeos musicales, vídeos ociosos de internet, mensajes en caracteres, imágenes de marcada intencionalidad, etc.

II.-Es Multicanal: Ya que se transmite en cualquier dispositivo basado en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), como pueda ser el cine, la televisión, la radio o cualquier soporte conectado a internet: ordenadores, teléfonos móviles, tablets, relojes y cámaras de última generación, etc.

III.-Es Omnipresente: Ya que los TIC's son la base de nuestra sociedad actual de la era tecnológica y la gestión del conocimiento, cuya información se transmite a tiempo real y de manera global.

Y, IV.-Es Emocioadictivo: Ya que su mensaje se fundamenta en la exaltación sensitiva del placer (hedonismo), mediante experiencias cortas e intensas (uso del lenguaje visual y musical, mayoritariamente), con una clara vocación de generar un hábito de consumo continuo de nuevos mensajes (directamente relacionado con los hábitos de conducta de consumo de productos y servicios en la vida real).

Bien, una vez que somos conscientes de quién tiene a día de hoy la potestad de imponer los valores sociales, la consiguiente pregunta que nos debemos hacer es si estos valores que generan, promocionan e instauran los medios mediáticos -con casi plena impunidad y descontrol-, son los más adecuados para crear una sociedad basada en los valores positivos de corte humanista que posibilitan la convivencia armoniosa de cualquier comunidad. A todas luces, y remitiéndonos a las tendencias de comportamiento sociológico (que constatamos en nuestras propias ciudades), podemos decir que no. Lo cierto es que la fuerza mediática no es más que un instrumento de gestión del Mercado, y los valores de éste se centran en la obtención de resultados económicos, excluyendo cualquier interés de beneficio social, cuyo objetivo contrariamente persigue el humanismo.

Así pues, ardua se presenta la tarea de los padres y los centros educativos responsables en educar a las nuevas generaciones en valores sociales contrarios a los que dicta el Mercado, pues es como poner puertas al campo, colocar señales de tráfico a los pájaros en cielo abierto, o intentar controlar el aire que respiran nuestros hijos. Es por ello que cuánto más difícil resulta la tarea, mayor esfuerzo, responsabilidad y diligencia se requiere de nuestra parte como tutores, pues no hay padres (equilibrados emocionalmente) que no quieran ver crecer a sus hijos con unos sólidos valores sociales positivos.

No obstante, si bien hacemos en trabajar el control sobre la educación de valores sociales positivos en el seno de nuestro hogar y escuela, bien haríamos, a la vez, en trabajar el control sobre los valores sociales que promueve la nueva religión conocida como economía de libre mercado. Todo es cuestión de desdramatizar y de legislar poniendo énfasis en el equilibrio entre beneficio social y beneficio económico (donde no todo vale ni se puede permitir). En caso contrario, padres y escuelas responsables nos vamos a convertir en la Resistencia del humanismo, y ya sabemos que las Resistencias -que siempre son minoría- solo ganan las batallas en las películas. Además, y por otro lado, deberíamos reflexionar seriamente sobre la siguiente pregunta: ¿vale la pena el coste social de un Mercado sin humanismo?.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano

lunes, 2 de enero de 2017

El Viaje del Héroe moderno: el Desempleado

Cuando hacemos referencia a los héroes nos retrotraemos a la época de los mitos clásicos, y más específicamente a los tiempos de los héroes griegos en el contexto de nuestra tradición cultural. Unos héroes exuberantes en aventuras apasionantes, todas de ellas catársicas con mensaje moral incluido, que tanta tinta han hecho correr en epopeyas varias a lo largo de la historia, alimentando el imaginario artístico de pinturas y estatuas, y que en la actualidad son fuente de inspiración para argumentarios de éxito como pueda ser la propia saga de Star Wars.

Sí, toda sociedad necesita de héroes como espejos icónicos sobre los que reflejarnos para poder reunir el valor suficiente que se requiere para afrontar las dificultades y los retos que nos vamos encontrando a lo largo de nuestro viaje existencial como mortales. Y sí, hoy en día también contamos con héroes. Pero en vez de tener que lidiar con los caprichos de los dioses del Olimpo, nuestros héroes se enfrentan a los dioses -igualmente inaccesibles y omnipresentes- que viven en el Mercado. Y en vez de tener que combatir feroces monstruos, su lucha encarnizada se centra en el cuerpo a cuerpo con la Economía, la hidra de mil cabezas cuya fuerza es invisible, pero no por ello menos mortífera. Héroes de la actualidad que conocemos bajo el nombre de Desempleados.

El héroe Desempleado es aquel que, aun queriendo trabajar, está fuera del mercado laboral, pero que lucha con todas sus fuerzas por conseguir su propósito de volver a conquistar un puesto de trabajo que lo dignifique como ser humano. Un mortal que, en su periplo de héroe, inicia la aventura de conseguir trabajo recorriendo el mismo viaje que, en antaño, recorrieron los héroes clásicos: iniciar la aventura, superar retos y tentaciones, caer en el abismo social para posteriormente alcanzar la revelación, transformarse como persona, sanar y purgar los asuntos vitales no resueltos, y regresar a su hogar ya como vencedor (en este caso con la victoria de un trabajo digno y dignificante, en contraposición a la estafa de los trabajos precarios). Todo un proceso de iniciación y transformación personal que, a diferencia de los héroes mitológicos, los héroes de la actualidad no cuentan con ningún mentor o ayudante (en la gran mayoría de los casos), y mucho menos con ninguna ayuda de naturaleza sobrenatural, por lo que muchos son los héroes que perecen durante el viaje quedando atrapados en el abismo de la marginalidad social.

Si tuviéramos que definir las cualidades del héroe Desempleado que finaliza con éxito su aventura casi titánica, está claro que más allá de la preparación profesional (pues no caben más títulos ni currículums experimentados en las paredes de los pasillos y salas de espera de las oficinas del paro), destacaríamos su habilidad por superar los diferentes obstáculos con esfuerzo, persistencia y capacidad de reinvención. Pero además, como buen héroe, hay que sumar a su aventura episodios de suerte, oportunidad, ayuda de terceros e incluso de la injerencia del destino. Pues no hay héroe que no necesite, a lo largo de su experiencia iniciática, de una ayuda in extremis para continuar su viaje. Por lo que, tristemente, muchos son los Desempleados llamados a ser héroes, pero pocos los héroes Desempleados tocados por la gracia de la Fortuna.

A todos los héroes Desempleados de buena fe, personas sin nombres y apellidos a los ojos de la Historia (pero con historias familiares reales), mi mayor respeto y mis mayores deseos para que en este año nuevo se les conceda el éxito del trabajo digno conquistado.

Fortuna iuvat audaces


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Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano