jueves, 28 de diciembre de 2017

Antología de antónimos de la Crisis (y prescripción terapeuta-filosófica)

El presente artículo no es tanto el desarrollo filosófico de un tema concreto, siguiendo mi línea habitual, como la reflexión conceptual de aquellos términos que llevan definiendo la última década de crisis social y económica del país. Una agrupación de términos -de los que seguro me olvido algunos-, ordenados alfabéticamente, a los que les he buscado una definición humanista, así como su antónimo en términos sociales, bajo mi prisma personal, como no puede ser de otra manera, pues no hay pensador que pueda substraerse de su yo pensante. La (brevísima) Antología de antónimos de la Crisis finaliza con una nota de autor a modo de prescripción terapeuta-filosófica.

Ahorrar: Gestionar la bombona de oxígeno.
Antónimo: Gastar en aires exentos de supervivencialidad.

Ajuste: Ceñir el cinturón.
Antónimo: Despilfarrar en tallas.

Angustia: El corazón en un puño.
Antónimo: #libertadcorazón

Austeridad: Aguantarse las ganas.
Antónimo: Consumir con ganas.

Cambio: Traslación obligada de un estadio o ubicación.
Antónimo: Movimiento voluntario.

Carencia: La huella del vacío.
Antónimo: Relleno de la huella.

Catástrofe: La pérdida de identidad.
Antónimo: Autorealización en el espacio del confort.

Cierre: El punto y aparte de una etapa.
Antónimo: Punto y seguido de una etapa.

Colapso: La centripitación de un microuniverso.
Antónimo: Centrifugación de un microuniverso.

Crisis: La falta de oportunidades.
Antónimo: Oportunidad en el cambio.

Déficit: La supremacía de las facturas sobre los ingresos.
Antónimo: Superávit del esfuerzo personal.

Deflación: La obesidad de la oferta en un mercado de anoréxicos forzosos.
Antónimo: Salubridad de la dieta consumista.

Depresión: Ausencia de autoestima.
Antónimo: Ánimo en la confianza de alcanzar metas personales.

Desesperación: El agujero negro donde el alma no encuentra eco.
Antónimo: Crisálida donde la esperanza genera la metamorfosis de los sueños.

Desigualdad: La trastienda tras el escaparate de las estadística de las rentas.
Antónimo: Equidad de oportunidades.

Devaluación: Proceso de pérdida de activos personales de un trabajador sin trabajo.
Antónimo: Reconocimiento del valor social de un trabajador.

Deuda: La vergüenza escondida del pobre.
Antónimo: Satisfacción de una cartera solvente.

Eliminación: Castigo de los nuevos sin nombre.
Antónimo: Reconocimiento de la existencia social del individuos.

Fracaso: Estigmatización social.
Antónimo: Aprendizaje de la experiencia de un error, oportunidad mediante.

Fractura: División dolorosa de una unidad.
Antónimo: Fortaleza de la unión.

Incertidumbre: El mercado laboral.
Antónimo: Solidez del Estado de Bienestar Social.

Inestabilidad: El coste de la impermanencia.
Antónimo: Haber de los gerentes públicos diligentes.

Miedo: La pérdida de referentes conocidos de seguridad.
Antónimo: Templanza en la incertidumbre.

Parado: Una hormiga sin antenas.
Antónimo: Satisfacción de saberse útil socialmente.

Paro: El banquillo impuesto del trabajador.
Antónimo: Creación de identidad y autorealización social de la persona.

Pobreza: La cara oculta de la productividad.
Antónimo: Dignificación del ser humano.

Recesión: Desandar lo andado.
Antónimo: Proseguir el camino.

Recortes: Tijeretazo a los más débiles.
Antónimo: Protección de los desequilibrios sociales.

Reducción: Quitar lastres.
Antónimo: Aumentar la potencia.

Reinventarse: Cambio de piel por caducidad.
Antónimo: Lifting personal por placer.

Restricción: Aplicar el colador chino.
Antónimo: Capacidad de entrada en su grado máximo de obertura.

Riesgo: Línea roja trazada por los intereses del Mercado.
Antónimo: Línea verde trazada por los intereses del Mercado.

Tristeza: Impotencia que incuba una posible rabia potencial.
Antónimo: Alegría de la capacidad personal.

Vergüenza: La barrera de reinserción social de los pobres.
Antónimo: Confianza de sentirse capacitado sin barreras limitantes.

Tras estos 24 términos que configuran la presente Antología de antónimos de la Crisis, me veo obligado moralmente a finalizar con una breve nota terapeuta-filosófica, con el objetivo de hacer un poco de higiene mental de tanta terminología negativa, principalmente para todos aquellos conciudadanos que están sufriendo en la intimidad de sus hogares las consecuencias de una cruda crisis que dura ya una década interminable. Para todos ellos, tres reflexiones filosóficas:

1.-Nada nunca es siempre igual. Todo está en continuo cambio y transformación. Es el Principio de Impermanencia de la Vida. Por lo que hoy es de una manera, mañana puede cambiar. Ya lo decía Heráclito.

2.-En momentos de dificultades, nada mejor que aplicar la Cláusula de Reserva de los Estoicos. La cual nos dice que como todo está sometido al Principio de Impermanencia, debemos aceptar que hay aspectos de la vida que se escapan a nuestro control y voluntad, lo cual nos libera de cargas de culpabilidad que atacan nuestra autoestima. La aceptación no es sumisión, sino desapego de aquello que ya no tenemos, y solo desde la aceptación de donde nos encontramos podemos proseguir el camino bajo la máxima de “A Dios/Suerte rogando, y con el mazo dando”. Ya lo decía Epicteto.

y, 3.-No hay mejor manera de llevar el Principio de Impermanencia y la Cláusula de Reserva a nivel personal, en cualquier travesía de desierto de la vida, que obligándonos a trabajar la Sonrisa a cada nuevo día. Pues la Sonrisa, como poderoso instrumento de higiene mental y emocional, retroalimenta la Autoestima, el Pensamiento Positivo, la Motivación, y la Actitud. Y éstas son habilidades personales básicas para superar cualquier revés en la vida. Ya lo decía el Filósofo Efímero, como tantos otros pensadores antes, que solo Viven aquellos que luchan por las ganas de Vivir.

Nihil novum sub sole.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano  


miércoles, 27 de diciembre de 2017

Desfreir el huevo, ¿el salto evolutivo de la conciencia humana?

La idea de desfreir un huevo parece un absurdo más propio de un diálogo de los hermanos Marx o de la Antología del Disparate, obra que acabo de descubrir gracias a la familia Garriga. Un reductio ad absurdum frente a nuestro concepto del tiempo como el acontecer del flujo de la vida que transcurre de un presente a un futuro, lo que los físicos denominan la flecha del tiempo. Pero no, parece que es posible, al menos a nivel subatómico, según un trabajo reciente de un equipo internacional de hombres de la ciencia que han logrado, por primera vez, que el tiempo fluya hacia atrás. Y que apuntan que, con una masa crítica de moléculas microscópicas en cuyo interior el tiempo corriera al revés, se puede trasladar el efecto retrotemporal al mundo macroscópico, es decir, a escala humana. Así que, ya vemos, en un futuro no muy lejano seguramente será posible desfreir un huevo.

Esta nueva concepción del cosmos replantea todas las controversias filosóficas, unas más categóricas que otras, que sobre el tiempo han protagonizado los grandes pensadores de la historia de la humanidad. Desde Parménides y Heráclito en la Antigua Grecia, que percibían el tiempo como una ilusión irracional y una impermanencia absoluta, respectivamente, y más tarde Platón para quien el tiempo era una imagen móvil de la eternidad. Pasando por Newton y Leibniz, quienes confrontaban la idea de si el tiempo era o no independiente a los acontecimientos, o Kant que lo consideraba una experiencia cognitiva cuya idea ha calado en la psicología contemporánea como una dimensión más de la conciencia. Hasta llegar a los filósofos del tiempo y del espacio por excelencia (pues, ¿qué es la física teórica sino la filosofía de la física?), como Einstein que lo percibía como relativo, y Hawking quien postula en la actualidad la existencia de un tiempo imaginario para dar solución teórica a la curvatura del universo.

Lo que resulta evidente, más allá de si el tiempo existe fuera del espacio (pues nos es imposible de saber), es que el tiempo va íntimamente unido al espacio formando las cuatro dimensiones de nuestra realidad humana (las tres propias del espacio y la cuarta del tiempo), dando lugar al concepto moderno que tenemos del espacio-tiempo, de naturaleza tetradimensional indivisible por esencia. Por lo que si en un sistema de relaciones con una flecha del tiempo con dirección hacia delante el espacio-tiempo se dirige al futuro, en un sistema de relaciones con una flecha del tiempo con dirección hacia atrás el espacio-tiempo se dirigirá al pasado. Es decir, tras freír un huevo, podremos volver a desfreirlo.

Personalmente, con independencia de la espectacular y emocionante hipótesis del reflujo hacia el pasado del tiempo, lo que me interesaría saber es si el huevo desfrito mantiene su conciencia de haber sido un huevo frito. Es decir, en términos humanos la pregunta del millón radica en saber si podríamos mantener la conciencia de un futuro vivido tras regresar a un pasado inicial de origen en un punto determinado de nuestra vida singular. Si fuera así, no solo ganaríamos en sabiduría al retroceder a un pasado con el conocimiento de futuros absolutos vividos, pudiendo reiniciar una nueva senda de historias de futuros posibles desde nuestro presente readquirido, sino que ampliaríamos nuestra conciencia lineal a una gama de diversos y nuevos tipos de conciencia. Véase, si en la actualidad contamos con la siguiente relación de conciencias:

1.-Conciencia Presente: Conocimiento que la persona tiene de su propia existencia, de sus estados y de sus actos en el momento presente en un espacio-temporal con una flecha de tiempo en una dirección (hacia futuro).

2.-Conciencia Pasada: Conocimiento que la persona tiene de su propia existencia, de sus estados y de sus actos sobre su pasado en un espacio-temporal con una flecha de tiempo en una dirección (hacia futuro).

3.-Conciencia de Futuro Posible: Conocimiento que la persona pevé tener de su propia existencia, de sus estados y de sus actos sobre un futuro posible en un espacio-temporal con una flecha de tiempo en una dirección (hacia futuro).

En un mundo con la capacidad de retroceder en el tiempo, manteniendo nuestra conciencia intacta, tendríamos además de los tipos de Conciencias anteriores con una flecha de tiempo en dos direcciones (pasado y futuro), una cuarta categoría de conciencia:

4.-Conciencia de Futuro Absoluto: Conocimiento que la persona tiene de su propia existencia, de sus estados y de sus actos sobre un futuro absoluto experimentado en un espacio-temporal con una flecha de tiempo en dos direcciones (pasado y futuro).

Las implicaciones de la suma y combinación de estas cuatro tipologías de conciencias abriría todo un mundo exponencial para el desarrollo del ser humano como especie en el universo, así como para la multidiversidad dimensional de las realidades creadas por la humanidad. Pues, si bien el hombre ha dado un salto cualitativo al romper la barrera evolutiva biológica con el desarrollo del conocimiento tecnológico, daríamos un salto de nivel cuántico ante la posibilidad de romper la estructura del tiempo. Pues el tiempo, al igual que el espacio, y por extensión la Realidad, sería de naturaleza plástica a voluntad de la conciencia humana. Un hito que, en el caso de ser factible, representaría la puerta de paso evolutivo del hombre como especie terráquea al hombre como especie del Universo.

Ciencia ficción mediante, las posibilidades que plantea la manipulación direccional del tiempo tendrían implicaciones relevantes para el conjunto de la sociedad, abriendo nuevos retos reflexivos a la filosofía, así como para el ser humano como individuo. Pero, ¿a quién no le gustaría volver a un punto determinado de su pasado con el conocimiento de causa de la experiencia de un futuro absoluto vivido con el objetivo de redibujar un sendero alternativo para su nueva vida futura posible?. Tentador.

Mientras tanto, y en un mundo temporal unidireccional, solo nos cabe ser lo más certeros posibles en nuestra toma de decisiones continuas ante la suma de historias de futuros posibles que la vida nos presenta. Tempus fugit, ¿redit tempus?.


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domingo, 24 de diciembre de 2017

La Cataluña independentista es Rural. Causas y reflexiones

Tras el plebiscito en Cataluña entre ciudadanos independentistas y constitucionalistas-europeos, más allá de las connotaciones políticas, me parece interesante poner el foco de reflexión sobre el mapa sociológico resultante. Y uno de los rasgos que destacan por su contundencia es justamente la división demográfica en Cataluña por bloques. Es decir, los ciudadanos independentistas ganan en todo el área denominada como Cataluña de interior o Cataluña rural, mientras que los ciudadanos constitucionalistas-europeos ganan en la Cataluña de costa o Cataluña urbana, imponiendo su hegemonía en las 10 ciudades catalanas más grandes en número de habitantes y más productivas en términos de PIB catalán, representando menos del 5 por ciento del territorio de Cataluña. Así pues, queda evidenciada una visión política-económica diferente del ciudadano catalán dependiendo si procede del mundo rural o del ámbito urbano, salvando las excepciones en cada caso. Pero, ¿cuáles son las causas posibles de la voluntad independentista del mundo rural catalán?.

Antes de proseguir, no obstante, permítaseme un inciso. Hace unos días me encontré a un viejo profesor al que hace años no veía y, como no podía ser de otra manera estuvimos conversando sobre el monotema catalán por su importancia en la vida diaria de todos los pobres mortales que vivimos en Cataluña. El viejo profesor, docto en letras, me hizo ver -una vez más- de la importancia de las palabras, señalándome que el proceso independentista no era tal, pues solo se independizan las colonias (acorde al Derecho Internacional), sino que se trata de un movimiento separatista, pues su voluntad es la de separarse del resto de su territorio natural. Hecha la aclaración conceptual, que cada cual utilice la terminología que más le guste de acuerdo a su visión particular de la Historia y su percepción personal de la Realidad.

Prosigamos. ¿Cuales son las causas de la voluntad separatista del mundo rural catalán? Para responder, debemos echar mano de factores claramente sociológicos a los que me atrevo a responder por mi experiencia y conocimiento de la bella vida rural catalana:

1.-El primer factor es de perfil demográfico, pues el 95 por ciento del territorio de Cataluña, denominado como Cataluña rural o de interior, está formado por una estructura poblacional muy atomizada. Es decir, pequeños núcleos poblacionales mayoritariamente de 100 a 3.000 habitantes, donde prima la actividad económica agraria como eje vertebrador, y en los que la percepción emocional de distancia con el mundo urbano es abismal.

2.-El segundo factor, derivado del primero, es la clara dependencia de una autoridad paternal que les permita sentirse protegidos en su necesidad de subsistencia diaria. Un papel que durante años ha ejercido la Administración pública de la Generalitat de Cataluña, siendo la mano visible -aunque sea intermediaria de recursos estatales y de la UE- de ayudas económicas y facilitadora de estructuras públicas para la creación de un ecosistema de bienestar social propio de una sociedad moderna (subsidios a la explotación agraria, carreteras, escuelas, centros de atención sanitaria, centros cívicos, etc).

3.-El tercer factor, derivado de los dos anteriores, es la ideologeización que dicha autoridad paternal -casi religiosa- ha ido permeabilizando en los pueblos a lo largo de las últimas décadas, gracias a la estructura de organización jerárquico social del mundo rural, donde prima la lógica de los latifundios. El sabor dulce del poder.

4.-Y el cuarto factor, como consecuencia de los tres primeros, es la fuerza identitaria cultural que ha impuesto dicha autoridad paternal en el atomizado mundo rural, obligando a los ciudadanos de origen no catalán a abrazar y reafirmarse en la identidad cultural hegemónica como respuesta natural a un posible complejo de inferioridad y de necesidad de adaptación al entorno ambiental imperante. Dinámica que ha generado el hecho que los líderes locales del mundo rural no son los que están mejor preparados intelectualmente, sino los más enérgicamente identitarios. Vale más el carnet de partido, como garrote en mano, que cualquier titulo universitario con experiencia profesional demostrable que se precie.

En este contexto sociológico rural, la palabra de la autoridad paternal es ley, elevándose incluso a la categoría de mesiánica en los últimos años del relato épico del nacionalista catalán.

Al final, como observamos, la diferencia entre la intención del voto separatista y del constitucionalista-europeo radica en los referentes culturales y de visión de una sociedad moderna por parte de cada postulado, donde la eterna batalla entre emoción y racionalidad está servida. Y en esta contienda, y a la luz de los recientes resultados electorales registrados entre el mundo rural que representa un modelo social del pasado y el mundo urbano que representa un modelo de sociedad de presente y futuro, la razón nos dicta que es urgente y necesario modificar la ley electoral de D'Hondt. A buen entendedor, pocas palabras.


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sábado, 23 de diciembre de 2017

Diccionario del Alma (Centavo/ciudad) XVª Entrega

Nueva entrega del "Diccionario del Alma" allí donde lo dejé con la misma paciencia y motivación de quien tiene un macro puzzle inacabado, sabedor que lo divertido está en el viaje del proceso (que inicié a finales del 2013, y que no sé cuando lo acabaré). Para quienes lo conocen, saben que éste no es un diccionario al uso, sino que describe el eco que cada palabra resuena en mi alma (en un momento concreto y determinado de mi vida, lo que son susceptibles de continua revisión, pues yo -como todos-, no soy nunca siempre igual), por lo que no están todas las palabras sino tan solo aquellas que siguen este criterio.

Centavo, -va: El sonido de la pobreza.
Centella: La chispa de la inesperada sincronicidad.
Centena: Techo de la mortalidad.
Centenar: (pl.) Demasiado.
Centenario, -ria: Tiempo extra, quizás excesivo.
Centeno: Junto a la cebada, otro maná de los dioses como regalo a sus criaturas mortales.
Centesimal: 1. Todo depende de la parte originaria de la que haya sido dividido. 2. La relatividad de los referentes.
Centésimo, -ma: La incerteza de una posición concreta.
Centígrado, -da: Estructura nuclear de los grados.
Centigramo: En el umbral de la hambruna, la diferencia con la vida.
Centilitro: Un litro en potencia.
Centímetro: Medida de varonía.
Céntimo: La diferencia entre un producto con o sin oferta.
Centinela: Sensor de movimiento humano.
Centollo: El status social emplatado.
Centón: Obra producida por mediocres.
Central: Susceptible de traslación.
Centralismo: La organización del control.
Centralizar: La avaricia del poder.
Centrar: Rerganización de un sistema.
Céntrico, -ca: Volátil a las tendencias.
Centrífugo, -ga: Característica propia de la expansión de la vida.
Centrípeto, -ta: Obsesión por retener que suele derivar en colapso.
Centro: Invención humana.
Centuplicar: El cuento de la lechera.
Centuria: Departamento de exportación romano.
Ceñidor: Instrumento represivo de la moda.
Ceñir: Habilidad de adaptarse a las circunstancias.
Ceñudo, -da: Enfado enquistado.
Cepa: La hubre del vino.
Cepillar: El instinto por la belleza.
Cepillo: Microdedos al uso.
Cepo: Dimensión donde el tiempo se para.
Cequia: Vena del campo.
Cera: La impermanencia de lo visible.
Cerámico, -ca: La vertiente artística del fuego.
Ceramista: Maestro de la tierra y el fuego.
Cerbatana: El silvido de la muerte.
Cerca: Tan relativo como lejos.
Cercado: Ilusión de los límites de un espacio.
Cercanía: Todo aquello que se siente como próximo.
Cercano, -na: Una percepción emocional.
Cercar: Voluntad de constreñir el aire.
Cercenar: Devaluar a consciencia.
Cerciorar: 1. El impulso hereditario de Santo Tomás en la especie humana. 2. Manifestación de la incredulidad.
Cerdaña: Una anécdota en la historia de Cataluña.
Cerdeña: El Mediterráneo en su esencia.
Cerdo, -da: Los andares de un animal elevados al placer gastronómico.
Cereal: Fundamento del adn humano.
Cerebelo: La voluntad del cuerpo por encima de la voluntad de la persona.
Cerebral: El cartesianismo como máxima.
Cerebro: Un despropósito divino en la cabeza de demasiados hombres.
Ceremonia: Canon de significado social.
Ceremonioso, -sa: Un barroco de las relaciones.
Cerezo: Un árbol par.
Cereza: La dureza vestida de delicadez.
Cerilla: El fuego en futuro de subjuntivo.
Cernir: La depuración de lo superfluo.
Cero: 1. El punto de partida de toda historia. 2. La lógica previa a la suma de una unidad.
Cerrado, -da: La seguridad temporal.
Cerrador: El señor de la puerta.
Cerradura: La ventana de la esperanza.
Cerrajería: El universo de las llaves.
Cerrajero: Un liberador y protector en partes iguales.
Cerrar: Acción de retener.
Cerrazón: Carente de conocimientos y su posible interrelación.
Cerro: La ambigüedad de edad de una colina.
Cerrojo: Celo a la intimidad.
Certamen: Convocatoria selectiva donde triunfa el ego.
Certero, -ra: 1. La muerte. 2. Juicio de valor de los sin juicio.
Certeza: Criterio subjetivo.
Certificación: Revaloración para uso social.
Certificado, -da: Un papel más con un sello más de valor especulativo.
Certificar: Valorar con rago de ley.
Cervato: Un ángel del bosque.
Cervecería: Enjambre de cebada en fermentación.
Cervecero, -ra: Monje del lúpulo.
Cerveza: Néctar popularizado de los faraones.
Cervical: La cariátide de los pensamientos.
Cesación: El fin impuesto por terceros.
Cesante: El verdugo de la cesación.
Cesar: Un punto y a parte de un relato vital.
Cesión: La ley de vida del relevo.
Césped: Hierba culturalizada.
Cesta: Los mimbres hechos espacio.
Cestería: Crisálide de los sauces.
Cestero, -ra: El hacedor de vacíos portables.
Cetáceo: Bailarín de la ópera marina.
Cetona: Manifestación del lado indpendiente de la voluntad del cuerpo.
Cetrino,-na: La alegría del sol y la vitalidad de la naturaleza.
Cetro: El poder en la Tierra.
C.I.A.: La mano alargada que mece la cuna.
Cianuro: La amargura de la almendra mortal.
Cicatero, -ra: Buceador de lo superfluo.
Cicatriz: 1. Certificado de asistencia. 2. Recuerdo de un aprendizaje.
Cicatrización: Tiempo de integración de un conocimmiento.
Cíclico, -ca: La historia del hombre.
Ciclismo: El anhelo de la libertad.
Ciclista: Fonambulista sobre cuerda rodante.
Ciclo: Periodo de madurez personal.
Ciclón: El número aúreo celeste.
Cíclope: Herrero del Olimpo.
Cicuta: El rresucitador de las ideas de Sócrates.
Cidronela: El aroma de la primavera.
Ciegamente: Cracaterística con la que se afronta un nuevoo día.
Ciego, -ga: El que no sabe.
Cielo: 1. El mar de arriba. 2. El paso de frontera en el que el ser humano pierde su subervia.
Ciempiés: La naturaleza previsora, vale por cien.
Ciénaga: La vida en la muerte.
Ciencia: 1. La filosofía contemporánea. 2. La luz de la vela en medio de la oscuridad.
Científico, -ca: Sacerdote de la nueva religión.
Cierre: Intento de retener.
Ciertamente: Una suposición como cualquier otra.
Cierto, -ta: Lo que se demuestra.
Ciervo: Un espíritu del bosque.
Cifra: La magia de la simbología.
Cifrar: Tendencia general de las emociones humanas.
Cigala: El mar en boca.
Cigarra: El músico bohemio de los insectos.
Cigarral: Nueva era sindical.
Cigarrillo: El chupete de los adultos.
Cigarro: El humo del confort.
Cigoñal: La inteligencia del contrapeso.
Cigüeña: Icono de la bienaventuranza.
Cilicio: Derivado de inestabilidad mental.
Cilindro: Círculo tridimensional.
Cima: Techo móvil y trascendible.
Címbalo: Campana superficial.
Cimborrio: La puerta de Dios.
Cimbra: El alma de la forma.
Cimentar: La solidez de la durabilidad.
Cimera: El espíritu del caballero.
Cimiento: La importancia de lo que no se ve.
Cinabrio: La piedra alquímica del mercurio.
Cinc: El hexágono de los ángeles.
Cincel: El pincel del escultor.
Cincelado: La magia del vaciado.
Cincelador: Maestro del volumen.
Cinco: Un número de película.
Cincuenta: El punto de inflexión en la vida de una persona.
Cincuentón, -na: Un estereotipo de doble cara.
Cine: La máquina de viajar en el tiempo y el espacio.
Cinemática: La estela del movimiento
Cinematografía: La ilusión del fluir.
Cinerario, -ia: Recipiente para el poso de la vida.
Cinético, -ca: La esencia de la energía.
Cíngaro, -ra: 1. Una socieda encerrada en si misma dentro de otra sociedad. 2. Indomabilidad.
Cínico, -ca: Persona con habilidades sociales pero falto de empatía.
Cinismo: Rasgo camuflado del mal.
Cinta: La relevancia del detalle.
Cintura: 1. Una parte del cuerpo sobrevalorada. 2. Instrumento de trabajo de la política.
Cinturón: Un reajustador del sistema métrico de medidas de las prendas de vestir.
Ciprés: El guardián del descanso etreno de los muertos.
Circo: Espacio al vacío de la física.
Circuito: Un futuro predecible.
Circulación: El movimiento ordenado de un flujo.
Circular: El respeto normativo en un proceso de desplazamiento.
Círculo: La carencia de singularidad.
Circuncisión: El coste del dolor del placer.
Circundante: El pensamiento culturalizado.
Circundar: La voluntad de alargar una linea recta.
Circunferencia: La opresión del centro.
Circunflejo: La indecisión del acento.
Circunloquio: 1. Oratoria del politico. 2. Recurso del novelista para sumar páginas.
Circunscribir: El ojetivo en estado puro.
Circunspección: Protección frente al mundo.
Circunstancia: El contexto en que se desarrolla cada uno de los instantes de nuestra vida.
Circunstancial: El ser humano.
Circunstante: La inconsciencia colectiva.
Cirial: La luz de superstición.
Cirineo: 1. La piedad activa. 2. Homo raro en peligro de extinción.
Cirio: La sombra alargada de lo pequeño.
Cirro: Las barbas de los dioses.
Cirrosis: 1. El uso indebido y reiterado de un tipo de alteración de la conciencia. 2. El precio de la evasión.
Ciruela: La carne que no se hizo animal.
Cirugía: El instinto divino del hombre.
Cirujano: Un ingeniero orgánico.
Cisma: La divisón y multiplicación celuar de un organismo social.
Cismático, -ca: La fuerza que emerge desde el interior de un organismo por salir.
Cisne: La elegancia de la naturaleza.
Cisterciense: La belleza de la palabra justa.
Cisterna: La caja fuerte del agua.
Cita: Encuentro consentido.
Citación: Reclamo obligado que obvia la voluntad del reclamado.
Cítara: La cuerda sonora de los ancestros.
Cítrico, -ca: El carácter agrio de la naturaleza.

Ciudad: 1. Los nuevos Estados. 2. La placenta evolutiva del hombre fuera de la biología.

Última entrada relacionada: Cataplasma/centauro XIVª Entrega

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Diccionario del Alma (Cataplasma/centauro) XIVª Entrega

Tras casi dos años de parada, pues la última entrega fue en enero de 2016, retomo el "Diccionario del Alma" allí donde lo dejé con la misma paciencia y motivación con quien tiene un macro puzzle inacabado, sabedor que lo divertido está en el viaje del proceso (que inicié a finales del 2013, y que no sé cuando lo acabaré). Para quienes lo conocen, saben que éste no es un diccionario al uso, sino que describe el eco que cada palabra resuena en mi alma (en un momento concreto y determinado de mi vida, lo que son susceptibles de continua revisión, pues yo -como todos-, no soy nunca siempre igual), por lo que no están todas las palabras sino tan solo aquellas que siguen este criterio.


Cataplasma: Ungüento de vida.
Catapulta: 1. El brazo largo del poder de la fuerza. 2. Instrumento de negociación imperativa. 3. Versión 1.0 del sueño de volar.
Catar: Método empírico de reconocer la naturaleza de algo o alguien.
Catarata: 1. El atardecer de la visión. 2. La gravedad hecha agua. 3. Cortinas acuosas de la montaña.
Catarro: Pérdida de empoderamiento personal.
Catastro: Contador de dinero fraguado.
Catástrofe: Implosión de una singulraridad.
Catecismo: Software mental católico.
Catecúmeno, -na: Adoctrinamiento iniciático.
Cátedra: La ilusión del Saber.
Catedral: La trascendencia de lo mundano.
Catedrático, -ca: Alguien quien piensa que no debe aprender nada más.
Categoría: El sustrato elevado a substantivo.
Categórico, -ca: Porra del radical.
Catequesis: Escuela de un mito autocreído.
Catequista: Chamán de la catequesis.
Catequizar: Programar.
Cateto, -ta: 1. La rectitud de lo angular. 2. Etnocentrismo urbano del homo ruralis.
Cátodo: 1. La polaridad de una dualidad. 2. El lado negativo que necesita la vida positiva para existir.
Catolicismo: La imperfecta manifestación humana, profundamente humana, de la idea cristiana.
Católico,-ca: Título colgado en la buhardilla de la casa.
Catorce: 1. Dos ciclos de siete. 2. La superación de la muerte.
Catre: Un acoge sueños de auxilio.
Cauce: El preludio de un devenir imposponible.
Caucho: La naturaleza onírica del vino.
Caudal: El movimiento en estado fluido.
Caudaloso, -sa: La abundancia del fluir.
Caudillaje: La acción asfixiante del Estado.
Caudillo: Patología paternalista que ahoga.
Causa: El germen de todo efecto.
Causal: La razón hecho principio.
Casualidad: Patrón invisible de la causalidad.
Causante: La mano que mece el efecto.
Causar: Intecionalidad manifiesta.
Cáustico, -ca: Persona que corroe la armonía social.
Cautela: La precaución de la intuición.
Cauteloso, -sa: La personalidad del miedo.
Cauterizar: Un punto y seguido en la vida.
Cautivador, -ra: El flautista de Hamelin.
Cautivar: El grial del Mercado.
Cautiverio: La cueva de Platón.
Cautividad: Falta de libre albedrío.
Cautivo, -va: Persona inconsciente.
Cauto, -ta: La mente en modo relativista.
Cava: Complejo de inferioridad del champagne.
Cavador: La versión humana de la avestruz.
Cavar: Rascar la superficie.
Caverna: Eco del hábitat ancestral del ser humano.
Cavernoso, -sa: Especie competitiva con corbata.
Caviar: El lujo del principio de la vida.
Cavidad: Hueco allí donde tendría que haber el cerebro o el corazón.
Cavilación: Voluntad de desbloquear una angustia.
Cavilar: Buscar destino en el interior de la rueda del ratón,
Caza: Una necesidad evolucionada en ocio.
Cazador,-ra: Homo moderno con cerebro reptiliano primitivo.
Cazar: La canalización del instinto civilizado de matar.
Cazo: Herramienta de gestión del vacío.
Cazolada: Recurso de protesta reinvindicativa de los sin voz.
Cazuela: El cáliz de buen vivir.
Cazurro, -rra: El hombre hecho piedra.
Cebada: Regalo de los dioses para sus creaciones.
Cebar: Tendencia natural de las abuelas.
Cebo: La publicidad.
Cebolla: La cultura.
Cebra: La naturaleza en un día de inspiración artística.
Ceceo: 1. Destierro fonético de silvido sutil. 2. Donde Dios creó al primer día la r y en el sefundo día la t.
Cedazo: El portal de la pureza.
Ceder: 1. La gran asignatura pendiente de la vida. 2. La actitud de un ego relajado.
Cedro: 1. El acero de las montañas. 2. La implacabilidad de la vida orgánica.
Cefalópodos: El balet de Neptuno.
Cegar: Uso indiscriminado de los telediarios.
Cegato, -ta: Persona que solo se mira el hombrigo.
Ceguera: Estado producido por la carencia de placas humanistas en los vasos sanguineos que riegan los globos oculares.
Ceja: El carácter del ojo.
Cejijunto, -ta: Las alas del alma.
Cejudo, -da: La vitalidad de la abundancia.
Celador, -ra: El precedente humano de la navaja suiza.
Celda: Archivo de personas del Derecho penal.
Celebración: Alegría compartida.
Celebrar: Ritual de transición a una nueva etapa.
Célebre: Perteneciente a la mentalidad colectiva.
Celebridad: Una estrella fugaz en la historia de la humanidad.
Celeridad: El estrés del movimiento.
Celeste: El anhelo de trascendencia del ser humano.
Celestial: Categorización religiosa sin base empírica.
Celibato: Invención cultural de intentar redefinir el flujo vital de la energía.
Célibe: Vela cerrada al vacío.
Celo: Clamor de supervivencia de la especie.
Celos: Patología mental de la propiedad.
Celoso, -sa: Inseguridad proyectada.
Celta: Pueblo en simbiosis con la naturaleza.
Celtíbero- ,ra: Una raza sin memoria histórica.
Célula: Mi yo primordial y prestado.
Celular: La sinapsis del cerebro digital global.
Celuloide: La magia de la inmortalidad.
Celulosa: El camisón natural de la Tierra.
Cementerio: Donde los que no se quieren olvidar se olvidan.
Cemento: 1. El calcio de las estructuras urbanas. 2. El puso del hombre contra el Tiempo.
Cena: El desayuno del sueño.
Cenáculo: Misa gastronómica de ideas.
Cenagoso, -sa: La antesala del polvo.
Cenar: Acto preparatorio para el trance nocturno.
Cencerro: La campana de los montes.
Cenefa: Estética en continuo lineal.
Cenicero: Recogedor de pensamientos quemados.
Cenicienta: La esperanza del milagro de la pobreza.
Cenit: La zanahoria frente al burro.
Cenital: Ciudad de los dioses.
Ceniza: El omega de la mortalidad.
Cenizo, -za: El/la desahuciado/a de la suerte.
Cenobio: El orden del silencio exiliado.
Cenobita: Morador del silencio.
Censo: 1. Certificado de derecho de ciudadanía. 2. Notario de la existencia social.
Censor: Fundamentalista de su tiempo.
Censura: El poder cedido.
Censurar: La manipuación de la Moral.
Centaura: La flor del estómago.
Centauro: Proyección de la sombra natural del hombre.


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El Filósofo, un homo innovador que se trasciende para Saber

“El filósofo, aunque percibe algo más que humano, que es divino, sigue siendo un hombre, de modo que el conflicto entre la filosofía y los asuntos de los hombres es en último término un conflicto dentro del propio filósofo”, extracto de la obra “La promesa de la política”, de la teórica política alemana de origen judio Hannah Arendt (1906-1975). No podía expresarse mejor, aunque personalmente creo que lo que percibimos los filósofos, más que divino, es una porción del Saber. Un Saber tan vasto que, aun juntando las innumerables porciones de pensamientos de todos los filósofos habidos y existentes a lo largo de la historia de la humanidad, no abarcamos más que una pequeña sección de la totalidad. Si no fuera así, sin duda seríamos dioses.

(Entiéndase filósofo como homo pensante, no al filósofo como docto en la historia bibliográfica de la filosofía).

Sí, en definitiva el pensamiento de un filósofo no es más que el intento de dar respuesta existencial a los temas que le generan conflicto en su particular vida humana, por lo que al final el filosofar no es más que una autoterapia que a veces, solo a veces, produce respuestas útiles para el resto de las personas (si no se circunscribe a la gestión de un objetivo práctico concreto). Y como el filósofo, como persona que es, nunca es siempre el mismo en su desarrollo evolutivo como persona, pues todo en la vida está en continuo cambio y evolución (principio de impermanencia), sus temas de reflexión y enfoques filosóficos también cambian y evolucionan. De lo contrario tendríamos pensamientos reflexivos estáticos y replicativos. De ahí que un filósofo puede transcurrir por diversas etapas de pensamiento, al igual que un pintor pasa por diversas etapas pictóricas. Pues las personas, como parte intrínseca de la Vida, estamos sujetas a la acción imperativa del movimiento continuo.

Si la filosofía, por tanto, es el resultado del conflicto interno del filósofo como humano (mundo interior) con los asuntos humanos (mundo exterior), parece evidente que los límites de la filosofía es la propia orbe humana. No obstante, e incumpliendo la ecuación, la filosofía ha conseguido traspasar la atmósfera gravitacional humana gracias a dos cualidades naturales del filósofo: el pensamiento crítico (de carácter lógico/racional), y la intuición (de carácter no-logico/no-racional). Ambas cualidades, el pensamiento crítico y la intuición, ya sean por separado o en combinación, son capaces de conjugar nuevas relaciones aparentemente inconexas de ideas y conceptos allí donde antes no existían generando el proceso que denominamos como creatividad, el cual puede derivar en un estadio de innovación de pensamiento, si así se intenciona, sobre una materia concreta de estudio. (Por cierto, ¡cuánto se echa de menos el pensamiento crítico y la intuición en los equipos de trabajo que desarrollan -como si siguieran un manual de instrucciones en modo autómata- los procesos metodológicos de creación de innovación en el ámbito del management, y aun más en el sector público!, aunque este es otro tema).

Así pues, si bien el filósofo busca dar respuesta a los conflictos que como persona tiene en el interior del espacio de su caja humana de cristal donde habita como ser pensante, es capaz de trascenderse a si mismo por encima de su propia caja mediante las palancas liberadoras del pensamiento crítico y la intuición, en su propósito por percibir una porción del Saber. Un propósito de acariciar el Saber que, más que un reto, es una necesidad vital para la naturaleza esencial del filósofo como el aire que respira. Es por ello que en su necesidad de Saber, el filósofo tanto puede reflexionar sobre los grandes aspectos de la Vida, como sobre temas más o menos relevantes socio-económicos y políticos de su contexto espacio-temporal, así como sobre aquellos aspectos menos trascendentes pero más prácticos y de utilidad diaria para el desarrollo personal, social y profesional del ser humano. Pues, ¿qué es el Saber?, sino un todo objeto del conocimiento compuesto por múltiples partes unitarias de éste. Estando el interés individual del filósofo en saber condicionado a las diversas y cambiantes necesidades vitales que como persona humana, profundamente humana, va sintiendo en el fuero interno a lo largo de su vida mortal. Por lo que el filósofo no se hace, sino Es. Y frente a esa singular naturaleza de Ser, es la sociedad la que decide en cada momento de la historia de la humanidad si lo capitaliza como un activo de valor clave de productividad social y empresarial o, por el contrario, lo devalúa hasta el punto de exterminarlo de los planes educativos de una sociedad. Dime cuánto de pensamiento crítico e intuitivo tienes en tu masa productiva, y te diré qué tipo de sociedad crítica e “innovadora” estás creando y, lo más relevante, hacia dónde se dirige.

Sólo me cabe finalizar la presente breve reflexión rememorando a Descartes, consciente que mi pensamiento, y por tanto mi propia existencia, es indudable, algo absolutamente cierto y a partir de lo cual puedo establecer nuevas certezas (y nuevos vuelos), por lo que tengo la certeza como persona que pienso, luego existo (cogito ergo sum). Pero, como bien decretó el maestro Sócrates en pluma del gran Platón, en ese existir pensando solo sé que no sé nada (scio me nihil).


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Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano