sábado, 31 de diciembre de 2016

La raíz de los males de toda relación radica en la mala salud emocional de las personas

Muchas veces, demasiadas, me sorprendo de la facilidad que tenemos las personas por complicarnos la vida, generando situaciones de tensiones e incluso violencia que rompen la armonía en las relaciones entre padres e hijos, entre parejas, entre familiares varios, entre amigos, entre compañeros de trabajo o entre personas aparentemente desconocidas entre sí, incluyendo las relaciones entre países. Y en todos lo casos, sin excepción, podemos encontrar un patrón de conducta común: la falta del buen juicio.

El buen juicio, contrariamente, hace referencia a aquellos actos que las personas llevamos a cabo de manera lógica, razonable, sensata y con cordura, y que caracterizan nuestra toma de decisiones diarias por no ser impulsivas, apresuradas, disparatadas o alocadas, lo cual requiere de una buena salud emocional. Es decir, que el mal juicio, que nos lleva a tomar malas decisiones que siempre acarrean algún tipo de sufrimiento en diferente grado entre las partes implicadas, es un efecto directo de la mala salud emocional de las personas (patologías psiquiátricas, a parte).

Sí, lo cierto es que vivimos en una sociedad donde la inmensa mayoría de las personas sufren algún tipo de desequilibrio emocional (solo tenemos que mirar a nuestro alrededor más inmediato). Pero la parte positiva es que la buena salud emocional no es un rasgo genético, sino un hábito de conducta que se adquiere mediante el aprendizaje de la gestión de las emociones, que sin duda debe ir acompañado en la formación y refuerzo de unos valores sociales positivos (Una potestad hoy en día cedida a la televisión, aunque este es tema de otra reflexión).

¡Cuántos dolores de cabeza y sufrimientos innecesarios nos evitaríamos si aprendiéramos a gestionar nuestras emociones! Seguro que el mundo sería un lugar mucho más armonioso. Para ello, en una sociedad compleja y en continuo cambio y transformación como la actual, resulta imperante la necesidad de incluir la materia de la gestión emocional en nuestro sistema educativo desde las primeras edades de escolarización, pues resulta tan trascendente para la calidad de vida de cualquier persona como la habilidad de saber leer y escribir.

Gestionar adecuadamente las emociones no es más que gestionar nuestro mundo emocional con inteligencia, pues de ello depende cómo nos comportamos con nosotros mismos y frente a la realidad más inmediata que nos relacionamos (los otros), cuyo efecto directo determina nuestra vida (relación de causa-efecto). Un asunto que, a todas luces, no es baladí. Y que el conocimiento de la Inteligencia Emocional y el Desarrollo Competencial ya desarrollan formalmente -en nuestra cultura de tradición cartesiana- desde la segunda mitad del siglo pasado, por lo que no se trata ni de diseñar una materia desde cero (para descanso del colectivo docente), ni de adaptar conocimientos milenarios orientales de control de la mente (para tranquilidad de los antiespiritualistas), aunque en este punto ya existen cátedras de mindfulness que beben de la filosofía budista.

La Inteligencia Emocional, en definitiva, no es más (ni menos) que la capacidad que tiene una persona de manejar, entender, seleccionar y controlar sus emociones (he aquí el verdadero libre albedrío) y la de los demás con eficiencia, generando así resultados positivos para su propia vida y la de su entorno. Una habilidad que se puede aprender e integrar como una capacidad más en nuestra vida diaria, facilitando que la persona viva en un estado de buena salud emocional, lo que le asegura la toma de decisiones en la cotidianidad de su vida a la luz del buen juicio. Algo que todos, sin excepción, agradeceremos.

Frente a los estallidos irracionales de sentimientos desbocados -todos ellos derivados de las emociones primaras de la tristeza, la rabia y el miedo-, solo cabe la reeducación emocional. Si ante la mala salud física ponemos remedios para sanarnos, ¿cómo no vamos a hacer lo mismo ante la mala salud emocional? Y más cuando nuestros sentimientos y emociones determinan el 99´9% de las decisiones que tomamos en nuestro día a día.

En un mundo donde se exalta el culto a la mente (inteligencia) y al cuerpo (salud física), es hora que socialicemos el culto a las emociones (salud emocional). Pues si bien es cierto el refrán romano que reza mens sana in corpore sano, no hay mente sana sin emociones sanas.

Mientras tanto, frente a contextos emocionalmente insalubres, no hay mejor receta que la higiene ambiental, es decir: cuánto más lejos, mejor.


Enlaces relacionados:


Nota 1: Para aquellos que quieran profundizar en el Desarrollo Competencial, recomiendo acceder a la web de “Las Fórmulas de la Vida”.
El Desarrollo Competencial trabaja aquellas características subyacentes que están relacionadas con una actuación de éxito en el trabajo (y la vida en general), lo que abarca aspectos de gestión claves como es: la gestión del Talento, la Inteligencia Emocional, el Engagement, la Motivación, la Creatividad, la gestión del Fracaso, el Pensamiento Computacional, la Felicidad, el Pensamiento Positivo, la Autoestima, etc. Materias todas ellas que conceptualizo como unidades de conocimiento individual, como si se tratasen de piezas de lego, lo que permite configurar a medida cualquier estructura didáctica en materia de Desarrollo Competencial.


Nota 2: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano



martes, 27 de diciembre de 2016

Queridos Reyes Magos, este año pido un cinturón para el Mercado

Se lo iba a pedir a Papa Noel, pero sé que las cosas importantes hay que pedírselas a los Reyes Magos. En la carta de este año no pido específicamente para mi, sino para todos en general. Y no, no se trata de Paz, Felicidad, Salud y Prosperidad, sino de algo más tangible y resolutivo como es un cinturón democrático para el Capitalismo. Puesto que mi deseo para este 2017 es que los Estados puedan proveer servicios de derechos y prestaciones sociales al conjunto de los ciudadanos, y más particularmente a los más desfavorecidos (en el marco de una clara vocación humanista, por deformación cultural). Ya que soy consciente que para que exista un Estado de Bienestar Social debe haber Capitalismo (además de Democracia), pero igualmente soy consciente que el Capitalismo per se no necesita del Bienestar Social para existir.

Sí, uno de los grandes avances de la humanidad como es el Bienestar Social, de origen británico en plena Segunda Guerra Mundial, está actualmente en entredicho. Para los escépticos, y sin pretensión alguna de parecer alarmista sino tan solo objetivo, solo hay que dirigir la mirada a ese uno de cada tres niños que vive bajo el umbral de la pobreza en España (el 33% de la población infantil) -solo superados en la UE por Rumanía-, una tasa de pobreza infantil que ha aumentado 8 puntos desde 2008. O a esos 3´2 millones de trabajadores precarios que tenemos en nuestro país -mayoritariamente licenciados-, que alternan el paro con trabajos temporales precarios en duración e ingresos. O a esos más de 5 millones de personas que viven en situación de pobreza energética, el 18 por ciento de los hogares de España, causando de manera directa 7.000 muertes al año. Y esto en un país desarrollado como es el nuestro, la decimocuarta economía mundial (si bien en tiempos de bonanza llegamos a ostentar la octava posición en el ránking económico internacional).

Y, ¿por qué es importante ponerle un cinturón democrático al Capitalismo? Pues porque para que el Estado de Bienestar Social exista, los Gobiernos deben recurrir al Mercado para poder asignar los recursos que permitan cubrir los servicios sociales que necesitan sus ciudadanos, y mediante la redistribución de dichos recursos a través de los Presupuestos del Estado retroalimentar los cuatro ejes vertebradores de las actividades desarrolladas por la Seguridad Social. Veánse:

I.-Transferencias en Dinero.
Por ejemplo, para pagar subsidios de desempleo o vejez. (Todos sabemos del elevado número de parados que están malviviendo sin cobertura social de desempleo, así como el peligro que corre la ya casi vacía caja de las pensiones públicas).

II.-Cuidados Sanitarios.
Para pagar el sistema de salud universal y gratuito (Todos conocemos los problemas ocasionados por el cierre de plantas enteras de hospitales, los episodios a la orden del día de centros de urgencias colapsados, las listas de espera eternas y la eliminación de cobertura de ciertos medicamentos imprescindibles para colectivos vulnerables).

III.-Servicios de Educación.
Para garantizar el derecho de acceso a una formación adecuada a los nuevos retos que depara el mundo. (Todos sabemos del elevado volumen de jóvenes que no pueden matricularse en las universidades por el aumento de tasas, así como por la carencia y tardanza de las becas).

y, IV.-Provisión de Vivienda, Alimentación y otros Sistemas Asistenciales.
(Que, como bien es sabido por todos, es hoy por hoy una falacia que convierte a los principios fundamentales de nuestra Constitución en papel mojado). 
(Recomiendo la lectura en este punto del artículo: "Nosotros, los pobres, acusamos al Estado de inconstitucional")

No obstante, existe la idea generalizada de que la causa de la degradación del Estado de Bienestar Social se debe a la crisis económica por falta de financiación para sustentarlo. Pero si observamos como funciona el Mercado (cojamos como ejemplo de muestra la relación entre las ganancias de más de 50.000 millones de euros de las tres empresas eléctricas españolas -con aumentos incluidos de más del 70% de la tarifa de sus servicios a lo largo de la última década, o sea, en plena crisis-, con la tasa de pobreza energética de los hogares españoles), nos percataremos que el verdadero problema radica en el hecho de que se ha roto el principio de “capitalismo democrático” sobre el que el Bienestar Social hace posible su existencia. Lo cual ha dado paso a un capitalismo oligárquico y casi absolutista que se ha situado por encima de la soberanía de los propios Estados, ejerciendo no solo un poder económico sino también legislativo que marca qué tipo de Derecho debe aplicarse a nivel internacional (y local) para el crecimiento económico (sin consideraciones sociales, claro está). Y todo ello al amparo y justificación de la época de crisis.

Una escenario que choca de frente con la propia naturaleza del Estado de Derecho y de Bienestar Social, donde los Gobiernos deben tener la capacidad de poder regular el funcionamiento del propio Mercado, para asegurar de este modo el equilibrio entre la economía libre (propiedad privada) y la economía planificada (propiedad colectiva), haciendo posible un modelo de organización social conocido como “estado de economía mixta”. Un modelo de economía mixta que, sin entrar en las singularidades de los diversos modelos existentes en Europa (modelo liberal anglosajón, modelo conservador europeo continental, modelo socialdemócrata nórdico, y modelo mediterráneo), requiere de un mantenimiento de los gastos sociales que, contrariamente a lo que se cree, no tiene coste sobre el Mercado y su potencial de crecimiento económico -como ya demostró hace más de diez años atrás Lindert, un profesor de economía de la Universidad de California-, siempre que se incluyan estructuras impositivas que no penalicen la inversión ni el trabajo, y que se coordine con políticas económicas adecuadas (En otras palabras: que las políticas fiscales y monetarias resultan vitales para el mantenimiento del Estado de Bienestar).

Así pues, para los defensores del Estado de Bienestar Social como modelo de organización que hace de nuestras sociedades un mundo más humanizado, no podemos permitir que el Capitalismo crezca de manera desbocada y feroz sobre la larga sombra de la crisis económica. Pues, con independencia de su tendencia a dar la espalda a cualquier consideración de carácter social, si en la crisis socio-económica encuentra su medio para poder crecer libremente (solo hay que ver el aumento de beneficio de las rentas de capital, es decir: los ricos se vuelven más ricos), ¿qué motivación va a tener el Capitalismo para volver a un estadio donde los Estados Democráticos regulan y controlan al Mercado?. La respuesta, aunque retórica, requiere manifestarla: Ninguna.

Es por ello que necesitamos de un buen cinturón democrático para volver a traer al redil al Capitalismo -en actual estado de rebeldía- en beneficio del bienestar social colectivo. Como bien decía el sociólogo británico Marshall, el Estado de Bienestar se define como una combinación especial (y equilibrada) entre la Democracia, el Bienestar Social y el Capitalismo. Un modelo de organización de las sociedades desarrolladas que, para bien del conjunto de la humanidad, en una era donde el Mercado es de naturaleza Global dicho modelo de Bienestar Social debería globalizarse mediante una economía de escala (transferencia de recursos) a nivel internacional, aunque para ello se requeriría de un organismo regulador central (Gobierno Mundial). Si bien este es un regalo a día de hoy de ciencia ficción a pedir para otro año. Para este 2017, no obstante, me conformo con que los Reyes Magos nos traigan a los europeos el cinturón democrático que necesitamos para regular el Capitalismo y así sanar nuestro febril Estado del Bienestar Social.

Mientras tanto, y a la espera del día de Reyes, ya tengo preparada la leche y las galletas para que sus majestades mágicos puedan recuperar fuerzas en su ajetreada noche en su paso por mi casa. Aunque no me hago muchas ilusiones, porque al final siempre traen lo que quieren y pueden. Y aun así continuamos siendo los afortunados de este mundo.

Fiat Pax in virtute Tua 


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano 

  

miércoles, 21 de diciembre de 2016

La Navidad, como el hombre, está llena de luces y sombras

A tres días de la Navidad y a doce días de haber cumplido los 45, en un año más y sigue y suma de mi balance vital personal, dejo reflejado en el día de hoy en mi cuaderno de bitácora el hecho que esta mañana me he levantado percatándome, con mayor peso de conciencia si cabe y cierta apatía, la evidencia manifiesta de que hemos aceptado con normalidad como especie el hecho que para poder vivir bien unos pocos, otros deben vivir mal e incluso morir por ello. Una regla no escrita del ser humano que se remonta a los albores de la humanidad y que se repite sistemáticamente a lo largo de nuestra Historia. Para muestra un botón: en antaño encerrábamos a los esclavos en galeras obligándoles a hacer trabajos forzados en la navegación, en la actualidad encerramos a los nuevos esclavos (ciudadanos de tercera) en naves textiles obligándoles a hacer trabajos forzados para que podamos adquirir por 10€ prendas de moda en los principales centros comerciales de nuestra ciudad. Prendas, por otro lado, que vestiremos para celebrar estas fechas navideñas, cuando el genuino mensaje navideño justamente se dirige a los más desprotegidos del planeta: los que fabrican la prenda que lucimos, entre otros desamparados.

Pero si algún contraste de realidades, por antagónicas, me ha llamado la atención especialmente en estas semanas prenavideñas -entre innumerables desigualdades sociales a elegir, dentro y fuera de nuestra sociedad-, ha sido la celebración del descubrimiento del milagro de la (casi) eterna juventud por parte de unos científicos españoles, frente a la pesadumbre y vergüenza ahogada que nos supone la masacre y destrucción de Alepo (una ciudad más grande que Barcelona).

En un punto del planeta, en la zona del llamado primer mundo, fantaseamos ya todos con la posibilidad de ganar la batalla a la muerte, pues el descubrimiento de los investigadores no solo se refiere a borrar arrugas y canas, sino de frenar los verdaderos signos de la vejez y mejorar el funcionamiento de los órganos mediante una técnica de reprogramación celular, lo que permite frenar nuestro reloj biológico además de sumar 25 años más a nuestras vidas. Un descubrimiento revolucionario que junto al diseño de órganos en 3D mediante el cultivo de células humanas artificiales nos empuja a una nueva era de la humanidad solo imaginable en la ciencia ficción, lo que seguro va a tener repercusiones directas a nivel sociológico y económico. A nivel sociológico, en un mundo de larga longevidad, no es de extrañar que en un futuro no muy lejano se limite por ley (prohíba) la natalidad mundial, y que el tener hijos solo sea un privilegio de unos pocos, los más pudientes económicamente, claro. Mientras que a nivel económico, los efectos ya se pueden vislumbrar en el horizonte, puesto que el llamado tsunami digital de la revolución tecnológica prevé que el 47 por ciento del empleo, tal y como lo conocemos hoy en día, desaparecerá en una o como máximo dos décadas, y el 90 por ciento de las profesiones que perduren sufrirán profundas transformaciones -según previsiones de la Universidad de Oxford y otras instituciones-. Una revolución para el mercado laboral que, a ojos de la propia Unión Europea, colocará en la punta de lanza como profesiones más demandadas a los Analistas y Programadores de Internet de las Cosas, los Arquitectos de Nuevas Realidades Virtuales, los Científicos de Datos, los Diseñadores de Órganos Artificiales, los Terapeutas de Empatía Artificial para Robots, los Impresores de 3-D, los Ingenieros de Nanorobots Médicos, o los Abogados especializados en Drones y Ciberseguridad.

Mientras tanto, en otro punto cualquiera de la parte opuesta del planeta, en la zona llamada del segundo mundo, cuna en su tiempo de la civilización occidental, personas a título individual divulgan a través de las redes sociales su último mensaje vital en un clamo desesperado de ayuda. Me refiero a la catástrofe humanitaria de Alepo, de rabiosa actualidad en los medios de comunicación, donde vemos día sí y día también centenares de muertos en las calles, niños incluidos, como resultado de un incesante bombardeo indiscriminado a la población civil por parte de los bandos implicados en la contienda. Y nosotros, como meros espectadores esterilizados emocionalmente tras la pantalla, sin ni siquiera entender quiénes son los buenos o los malos (tampoco nos importa mucho, solo entendemos que es un tema que a lo que a nosotros se refiere afecta al equilibrio geopolítico), aceptamos esta realidad como normal. Con la normalidad de quien en la comodidad del sofá de su casa se distrae ociosamente viendo películas de acción donde la muerte sin sentido (y con ella el ensañamiento del sufrimiento humano) forma parte natural del argumento. Y si no nos gusta lo que vemos, apagamos el televisor. Una normalidad pareja a la que disfrutaban los ciudadanos romanos en los sangrientos espectáculos que se realizaban en los Circos Romanos. Aunque para Circo Romano del siglo XXI en su máxima manifestación, el reality de los Juegos del Hambre que Rusia ha anunciado que emitirá a partir de este 2017 donde estará permitido violar, mutilar y matar, para “disfrute” de los espectadores. (Recomiendo la lectura del artículo: “Nosotros, los ciudadanos del primer mundo, somos el Capitolio de Los Juegos del Hambre”). Un reality que espero que la Comunidad Internacional prohíba su emisión en el resto del mundo, por posible compra de derechos comerciales por parte de cadenas de televisión de terceros países; aunque sé de antemano que ello es tan inviable y moralmente debatible como pedir que se censure la emisión de la masacre -con historias con nombres y apellidos propios de violaciones, mutilaciones y asesinatos incluidos-, que sufren en su realidad cotidiana los ciudadanos de Alepo. Y, además, en un mundo donde los principios y valores morales los determina el Mercado y sus criterios de rentabilidad económica, cuyo credo no es precisamente de corte humanista.

Sí, esta mañana me he levantado con esa claridad de mente que te permite ver que hemos aceptado como normal el hecho que para poder vivir bien unos pocos, otros deben vivir mal e incluso morir por ello. Y que tristemente forma parte de nuestra paradoja humana. Como ya decía Sócrates en la obra la República de Platón (permítaseme la libre expresión de autor, pues reproduzco de memoria):

-Todos los hombres tendrán los mismos derechos y serán iguales en la ciudad ideal

A lo que un personaje le preguntó:

-Y, entonces, ¿quién limpiará las calles y nos servirá?

A lo que Sócrates respondió:

-Para ello tendremos esclavos.

Cuatro siglos más tarde, un hombre llamado Jesús predicaba la igualdad entre los hombres en el desierto,.... hasta la fecha!


Nihil novum sub sole (Nada hay nuevo bajo el sol)
Registro de Bitácora: Tarraco, a 21 de diciembre de 2016




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jueves, 15 de diciembre de 2016

El Mercado, como el Péndulo de Newton, no requiere de personas moralmente buenas


No tengo uno, pero debo admitir que me encanta el Péndulo de Newton, ese artefacto que comercialmente se vende como un entretenimiento de escritorio formado por un bastidor del que están suspendidas cinco bolas alineadas horizontalmente y en contacto con sus adyacentes cuando están en reposo, que cuando les ejerces una pequeña fuerza motriz con la mano colisionan entre sí creando un movimiento pendular de las bolas situadas en los extremos. Lo cierto es que podría perder la noción del tiempo mirándolo :-)

Si ponemos atención a las bolas suspendidas que hacen de péndulos, tenemos claro que entre las características que deben tener para que el juguete de mesa funcione no le vamos a pedir que tengan una conducta moralmente buena entre ellas, pues nos es totalmente indiferente, sino que cumplan con las condiciones necesarias para que el Péndulo de Newton, en su conjunto, funcione correctamente. Es decir, que sean bolas idénticas en peso, masa y volumen, y que estén suspendidas del bastidor por hilos de igual longitud e inclinados con un mismo ángulo en sentidos opuestos todas ellas, para poder restringir el movimiento de las bolas en un mismo plano vertical que permita la finalidad propia del artefacto: demostrar la Ley de conservación de la energía, que nos dice que la energía ni se crea ni se destruye,sólo se transforma. En otras palabras, lo único que nos importa es que las bolas hagan su función como parte del mecanismo, con independencia de su moralidad individual.

Pues lo mismo sucede con el sistema económico de libre mercado que impera a nivel global, el Capitalismo, que podemos asemejarlo al artefacto en si mismo, siendo las empresas las bolas del péndulo que generan el movimiento, y las personas el perfil característico de éstas. Y de igual manera que sucede con las bolas del Péndulo de Newton, el Capitalismo no requiere de las personas que forman una empresa que éstas sean moralmente buenas, sino que cumplan con las condiciones necesarias para que el sistema económico de libre mercado, en su conjunto, funcione correctamente: es decir, que sean personas competitivas en su puesto de trabajo.

Habrá quien pueda pensar que en un mercado laboral donde cada vez se valora más la Inteligencia Emocional como factor clave del mundo empresarial, tal y como lo señala el Foro Económico Mundial en las habilidades esenciales para la cuarta revolución industrial, el ser y tener una conducta catalogada como de buena persona es inherente a la propia Inteligencia Emocional en la construcción de un mundo más humanizado. Nada más lejos de la realidad. No nos confundamos, la Inteligencia Emocional no es un rasgo de carácter, como sí lo es el ser una buena persona, sino una habilidad que se aprende para poder conseguir los objetivos que la persona se propone, por lo que la Inteligencia Emocional representa un instrumento de gestión clave para la competitividad profesional. En otras palabras, una persona puede ser inteligente emocionalmente y, por tanto, ser competitivo laboralmente (que es lo que se busca), pero no ser una buena persona desde un punto de vista ético y moral. (Recomiendo la lectura de “La Fórmula de la Inteligencia Emocional” de la serie de artículos sobre Desarrollo Competencial de Las Fórmulas de la Vida, para mayor profundización).

Por otro lado, por si no nos hemos percatado, el Péndulo de Newton cuenta con un número limitado de bolas, al igual que le sucede a la maquinaria del Capitalismo que para su funcionamiento óptimo -marcado por el ritmo y movimiento fluctuante de la oferta y la demanda- tan solo requiere de un número determinado de empresas y trabajadores. Por lo que, amig@, que no te lleven a engaño: ser solo buena persona no te va ha asegurar un puesto de trabajo (que los dioses están en otras cosas), y menos en tiempos de crisis donde el Péndulo solo requiere de tan solo dos bolas para poder funcionar. O eres competitivo, o no eres, he aquí la cuestión en una sociedad donde la maquinaria del Mercado determina nuestras vidas.

No quisiera acabar la reflexión sin remarcar que este artículo no pretende ser una oda de exaltación a ser malas personas para poder triunfar profesionalmente -como muchos realitys shows ya promueven de manera (a)normalizada-, sino mostrar la evidencia de que no existe correlación directa entre ser buena persona y tener éxito laboral (para desilusión quizás de muchos bajo una determinada idea preconcebida de justicia divina), pues esta premisa no tiene cabida en la lógica de la economía de mercado. Y a los hechos de rabiosa actualidad podemos remitirnos.

De igual manera, el reflejo que nos muestra este artículo nos debe hacer reflexionar sobre el modelo de sociedad que estamos creando, puesto que si bien ya es por todos aceptado que la Economía y sus reglas de funcionamiento definen nuestra sociedad, a nivel social sí que necesitamos poner en valor la buena conducta ética y moral (aunque solo sea por una cuestión pragmática de supervivencia como especie). La pregunta, por tanto, en un mundo regido por el Dios Mercado, es ¿quién se va a ocupar de la ética y la moral?. Y ya podemos olvidarnos de los profesores que, con lo que les pagamos, suficiente problema tienen para poder subsistir. Otro tema digno de urgente reflexión...


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martes, 13 de diciembre de 2016

La exaltación del Egoísmo: el éxito del Capitalismo

Muchas son las voces que se alzan en estos tiempos criticando la falta de humanidad de nuestra sociedad occidental, fundamentada en un Estado de Bienestar Social que bebe de los Derechos Humanos -solo hay que leer nuestra Constitución-, el cual a su vez es heredera de la filosofía humanista tanto laica, como religiosa (en nuestro caso de los valores cristianos). Una sociedad contemporánea llena de contradicciones por la tensión existente entre el espíritu humanista y el individualista, sobreexpuestos aún más si cabe por el contraste de realidades existentes en un mundo global y desigual, justo en la mayor época de progreso científico de la historia del ser humano: la era digital. Un progreso, por otra parte, gracias a un sistema de organización humana de economía de Mercado más conocido como Capitalismo.

Así pues, si bien el Capitalismo es el pilar sobre el que se ha producido el salto cualitativo del progreso humano, a su vez es en la actualidad el enemigo principal del Humanismo, puesto que el éxito del Capitalismo se fundamenta en la exaltación del egoísmo humano. Entendiendo egoísmo como aquella tendencia que tiene un organismo hacia su propio bienestar a expensas de otros, y en contraposición directa al altruismo.

Si nos fijamos, podemos observar como la fuerza (depredadora), consistencia (estructural) y sostenibilidad (temporal) del Capitalismo se basa en que se trata de un sistema circular y expansivo que se retroalimenta para su crecimiento sobre la fogacidad de un sentimiento primario humano: el Egoísmo. Veamos su diagrama:

1.-El Capitalismo, mediante la exaltación del consumo, promueve el Egoísmo humano a través de la necesidad adictiva de obtener un placer inmediato y continuo (cultura hedonista).

2.-El sentimiento del Egoísmo, prolongado en el tiempo, genera estados anímicos individualistas que se manifiestan en conductas egocéntricas.

3.-Todo Ego bien alimentado, y por tanto engrandecido, necesita por idiosincrasia parecer mejor que los otros.

4.-La necesidad de una personalidad egocéntrica de mostrarse mejor que los demás se cubre a través de marcar la diferencia frente al resto. (Falsa identidad personal)

5.-La diferencia, en un mercado de consumo, se compra. (En busca de una pseudofelicidad exógena y volátil, aunque este es tema para otra reflexión). No hay mayor diferencia entre iguales que la que marca el precio de los productos y servicios que consumimos. Por lo que, es justamente el dinero lo que marca la diferencia en la vida de las personas.

6.-La compra de la diferencia (del ser diferente), que busca el Ego para realizarse, retroalimenta el Capitalismo (y, por ende, la cultura hedonista), cerrando así el círculo al enlazar con el punto 1 del diagrama, para volver así a comenzar de nuevo generando un movimiento continuo y expansivo.

Y en este círculo vicioso, el Egoísmo se convierte en un gen social con identidad propia: una unidad de cultura (valor y patrón de comportamiento sociológico) que se hospeda cada vez en la mente de más personas, a merced de las poderosas artes enajenadoras del Capitalismo como es el marketing (ahora evolucionado a neuromarketing, para mayor terror).

La implantación y reproducción del gen egoísta en la sociedad (del cual ya hacía mención el profesor de Oxford, Richard Dawkings, a finales del siglo pasado), no solo asegura el éxito del Capitalismo, y por extensión la depreciación de los valores humanistas sobre los que se ha edificado nuestra civilización, sino que está suponiendo a todas luces un cambio radical en el significado actual de conceptos tales como “justicia social” o “éxito social”. Solo tenemos que preguntar a una persona de 60 años y a otra de 15 o 25 años qué concepción tienen al respecto de dichos términos y contrastarlos. La pregunta del millón que debemos hacernos, en consecuencia, es si queremos construir una sociedad sobre un valor humano, primariamente humano, como es el Egoísmo. Teniendo en cuenta que la Razón del Egoísmo siempre se pone al servicio de los impulsos más básicos del ser humano, y que valores morales como ser una buena persona son irrelevantes por ineficientes para la supervivencia del propio Mercado.


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viernes, 2 de diciembre de 2016

Ocupamos las agendas de tareas para llenar el vacío

No hay mejor manera de ocupar el tiempo que coger una agenda de semana vista y comenzar a llenarla de ocupaciones. No importa lo trascendentes o productivas que sean las tareas, lo importante es rellenar los espacios diarios en blanco para estar ocupados. Tampoco es relevante el hecho de tener ocupaciones previamente pensadas, ya que nuestro pavor a no tener nada que hacer genera el milagro de rellenar la agenda de pequeños actos que nos llevarán a disfrutar de una enajenada semana del todo entretenida. La razón no debemos buscarla en la locura humana, sino en el profundo sentido mismo de la vida que no es otro que el de conquistar el espacio vacío.

De hecho la Vida, que se viste de materia, solo representa menos de un insignificante 0,1% del Universo. En otras palabras, el Universo está vacío en un 99,9%, según cree la comunidad científica. Tanto es así que si pudiéramos extraer el vacío existente en la materia de nuestros cuerpos, la totalidad de la humanidad tendría el tamaño material de un terrón de azúcar. Para hacernos una idea, si fuéramos capaces de ampliar un átomo a escala humana para colocarlo en un campo de fútbol de primera división, el núcleo del átomo se hallaría en el centro del estadio y tendría el tamaño de un guisante, y sus primeros electrones estarían ubicados en las últimas gradas con un tamaño semejante al de una cabeza de alfiler. Y entre medio, el vacío.

Sí, el sentido de la Vida es llenar el vacío, que es diferente al sentido que nosotros como seres cognitivos buscamos darle a nuestras vidas personales. Por lo que con independencia de si las tareas que llenan nuestra agenda dan sentido a nuestra vida individual, cubriendo o no las necesidades de autorealización existencial, ya están cumpliendo el sentido de la Vida misma: conquistar el vacío. ¡Cuánto nos horroriza no tener nada que hacer!. De ahí la necesidad de la naturaleza humana de estar ocupados continuamente, pues es la naturaleza de la materia misma. Aunque otra cosa bien diferente es la patología de vivir con una mente proyectada las 24 horas del día en el futuro inminente de nuestra realidad más inmediata, propio de una sociedad poco saludable (aunque este es tema para otra reflexión). Así como es interesante observar que el acto compulsivo e irrefrenable de “hacer” genera, por un lado, un flujo de creación, reinvención e innovación en continuo cambio y transformación; y por otra parte tiene un efecto de expansión de la Vida respecto al espacio vacío. Aunque esta parece ser una batalla perdida, pues aunque la Vida se esfuerce en ser creativa con el propósito de expandirse con un claro espíritu de conquista, el vacío del Universo continua agrandándose con la expansión continua del Universo mismo.

Así pues, la transcendencia del ser humano no radica en llenar el vacío, sino de tener un objetivo definido para llenar ese vacío, que es lo que define nuestro propósito de Vida. ¡Cuántas veces rellenamos la agenda de ocupaciones a una semana o mes vista sin un objetivo concreto, o sin que dicho objetivo nos aporte ningún saldo positivo al balance de nuestras vidas, más que el de tener entretenida nuestra existencia a merced del paso del tiempo que no perdona!.

Pero lo relevante de la situación es que, si nos paramos un momento a observar y reflexionar sobre la naturaleza del acto de llenar el vacío, nos percataremos que cada vez que llenamos dicho vacío en nuestras vidas estamos creando una realidad nueva, y que la calidad de dicha nueva realidad viene determinada por el enfoque y la intencionalidad de nuestra conciencia. No en balde los físicos afirman que la energía del Universo sigue a nuestra conciencia, y no al revés (máxima respaldada, a su vez, por neurólogos y genetistas); pues nosotros, al ser una manifestación de la Vida cocreamos la realidad existente. Otro tema es que, a nivel individual, cedamos la potestad de crear nuestras realidades cotidianas a terceras personas externas a nosotros mismos, dejándoles que determinen la configuración de nuestra propia realidad.

Sin ánimo de alargar más esta pequeña reflexión, solo cabe decir con voz alta y clara que sí, que continuemos llenando de ocupaciones las agendas personales, pues es nuestra naturaleza llenar el vacío, pero que seamos inteligentes (pues la Vida es inteligente) y hagámoslo con la intencionalidad consciente de un propósito vital beneficioso para nosotros mismos y los que nos rodean.


Artículos relacionados:
-Solo desde el vacío generamos nuevos mundos
-La vida no tiene sentido si no se la das tú
-La historia de nuestra vida viene determinada por la velocidad

..Y para quienes deseen seguir recreándose en la lectura reflexiva, les aconsejo el apartado de la letra "V" del glosario del Vademécum del ser humano