lunes, 22 de agosto de 2016

Teorema del Trabajador y la Habitación de los Espejos


"Salas de los Espejos del Infinito" de Yayoi Kusama
La crisis económica, la cual ya lleva instaurada en España casi una década, no solo nos ha arrastrado a una importante crisis social que ha fulminado el logro por excelencia del moderno Estado del Bienestar Social: la clase media (la cual ha sucumbido por asfixia en una carrera de resistencia financiera de fondo), sino que, más peligroso aún por sus efectos nocivos futuros, ha instaurado un nuevo paradigma en el mercado laboral: el sistema cerrado. Entendiendo un sistema cerrado como un sistema que no se oxigena, ni retroalimenta, ni interactúa con agentes externos a él, por lo que se convierte en endogámico y, por derivación, en un sistema enfermo. En otras palabras, podemos asemejar el mercado laboral a nivel local -del cual malviven millares de autónomos y pymes-, como una ciudad sitiada sin acceso posible a víveres y a relaciones comerciales externas, quedando a expensas de su propia capacidad de resistencia.

Un sistema cerrado laboral del que podemos extraer un Teorema de naturaleza pedagógica: la del Trabajador y la Habitación de los Espejos. Veamos la hipótesis del Teorema:

Imaginemos un sistema laboral cerrado como una habitación de espejos -con puerta camuflada incluida-, el reflejo de los cuales pueden dar la falsa impresión de encontrarnos en una habitación infinita, y por tanto en un sistema abierto, pero que impiden al trabajador salir de dicha habitación por las barreras físicas de la misma.

Frente a este axioma, podemos deducir las tesis del Teorema:

1.-La capacidad del trabajador de salir de la habitación de los espejos, y por tanto de acceder a un sistema laboral abierto que le permita autorealizarse personal y profesionalmente, es directamente proporcional a su capacidad de movilidad geográfica.

En contra de lo que se pueda pensar, el adn del trabajador español medio actual le imposibilita psicológicamente salir de su habitación de espejos, prefiriendo la comodidad de la prisión conocida que el espacio de confort futuro por conocer. Uno de los factores claves de este comportamiento es el miedo a lo desconocido, pues muchas personas no pueden concebir un futuro más allá de los límites que pueden ver. Como dice el profesor Jorge Estera, en su obra “Paradoja de la Creatividad”, es como si el trabajador español llevase de serie, desde el momento de su nacimiento, una marca de origen que le inhibe traspasar los límites de su ciudad.

2.-La capacidad del trabajador de salir de la habitación de los espejos, y por tanto de acceder a un sistema laboral abierto que le permita autorealizarse personal y profesionalmente, es igual a su capacidad de persistencia por encontrar la puerta de salida elevado al cubo.

Al contrario de lo que sucedía con anterioridad a la crisis económica, en que cualquier propuesta profesional encontraba con cierta facilidad y celeridad una respuesta satisfactoria en el mercado laboral, el estado de situación actual que nos toca vivir se caracteriza por su falta de respuesta ante una acentuada brecha entre oferta y demanda laboral (en cuyo espacio vacío intermedio se genera incluso el efecto del eco). Por lo que obliga al trabajador a multiplicar estadísticamente sus esfuerzos comerciales por lograr un éxito. En este punto, recomiendo la lectura de “La Fórmula de la Gestión del No Recibido: GNR=(P.GE.DPO/T)M”, -que es igual a la suma de los productos de la Persistencia (P), por la Gestión Emocional (GE) y por la Dirección Por Objetivos (DPO), dividido por el factor Tiempo (T), y elevado a la potencia de la Motivación (M)-, de la serie de nomenclaturas sobre Desarrollo Competencial de mi obra “Las Fórmulas de la Vida”.

y, 3.-La capacidad del trabajador de salir de la habitación de los espejos, y por tanto de acceder a un sistema laboral abierto que le permita autorealizarse personal y profesionalmente, es igual a la suma de las capacidades de la movilidad y la persistencia multiplicado por la capacidad creativa.

Pues toda movilidad tiene una dirección, y no hay dirección sin una intuición previa hacia dónde enfocar nuestras acciones, siendo la intuición parte nuclear de la creatividad. Así como no existen resultados nuevos en nuestra acción reiterada y persistente sin la creatividad necesaria para modificar, redefinir o adaptar dichas acciones para alcanzar nuevos y mejores resultados en nuestra tarea por encontrar la puerta de salida de la habitación de los espejos. (Si hacemos lo que siempre hemos hecho, obtendremos los mismos resultados hasta la fecha, sumergiéndonos en el bucle paradójico del ratón que no deja de correr en su rueda sin moverse del sitio). En este punto, recomiendo la lectura de “La Fórmula de la Creatividad: C=(I2.T)S”, -que es igual a la Inspiración y la Interrelación (I2) por el producto de la Transpiración (T) elevado al factor de Soñar (S)-, de la serie de nomenclaturas sobre Desarrollo Competencial de mi obra “Las Fórmulas de la Vida”.

Así pues, visto el Teorema del Trabajador y la Habitación de los Espejos, es hora -en estos tiempos, de suma y sigue, de sequía de ofertas laborales- que despertemos de nuestro sueño inducido por el reflejo ilusorio de los espejos infinitos de nuestra habitación, y salgamos a la aventura de buscar nuevos horizontes, armados con la fuerza de la persistencia en nuestro trabajo, y empujados por la creatividad que sueña un mañana personal y profesional mucho mejor. O, dicho de otra manera, visto el Teorema: es hora que el trabajador español se convierta en emprendedor, ya que es la única manera posible de volver a un sistema laboral abierto y enriquecedor para el conjunto de la sociedad.



miércoles, 3 de agosto de 2016

Conoce la fórmula de la Inteligencia Emocional: IE=[(ACxAR)(ExHS)/(FxP+xC)]M

En un mundo complejo como el actual, de naturaleza global e interrelacionado a tiempo real, hemos aceptado -casi por resignación empírica en estos últimos tiempos- que más importante que la inteligencia intelectual que es la que determina lo que sabe una persona (basada en la inteligencia lógico-matemática y lingüística), es la Inteligencia Emocional el factor clave que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso social, ya que es ésta la que determina lo que hará esa misma persona en la vida real. Pues la Inteligencia Emocional es la capacidad que tiene una persona de manejar, entender, seleccionar y controlar sus emociones y la de los demás con eficiencia, generando así resultados positivos para su propia vida y la de su entorno.

La Inteligencia Emocional capacita a una persona para motivarse a sí misma, para controlar sus propios impulsos, para perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, para definir las gratificaciones, para regular sus propios estados de ánimo, para evitar que la angustia no interfiera con sus facultades racionales, y para ser empático y confiar en los demás. Capacidades que van mucho más allá de los conocimientos de la denominada inteligencia racional (heredera del pensamiento cartesiano del siglo XVII), y que es la base –la Inteligencia Emocional- de la actual materia académica denominada Desarrollo Competencial, razón de ser de “Las Fórmulas de la Vida”.

Desarrollo de las habilidades, bienestar, motivación, control de los impulsos, comunicación, conocimiento, equilibrio, empatía y comprensión son las características de la Inteligencia Emocional por todos conocidas. Pero, ¿sabemos cuál es la fórmula de la Inteligencia Emocional? Veamos a continuación, de manera sencilla y práctica, los diversos factores claves de su nomenclatura:

IE=[(ACxAR)(ExHS)/(FxP+xC)]M

La Inteligencia Emocional (IE) es igual a la suma de los productos de los factores de la Auto-Conciencia (AC) y la Auto-Regulación (AR) por la Empatía (E ) y las Habilidades Sociales (HS), dividido por la multiplicación de los factores de la Felicidad (F), el Pensamiento Positivo (P+) y la Creatividad (C), elevado a la potencia de la Motivación (M).

1.-Auto-Conciencia (AC)

El primer factor básico de la Inteligencia Emocional es tener Auto-Conciencia de nosotros mismos, ya no como seres pensantes, sino como seres sintientes. Es decir, percibir y comprender nuestros pensamientos, actitudes y creencias acerca de nuestras emociones, así como las sensaciones corporales que acompañan los diferentes estados emocionales.

La Auto-Conciencia es propia de la Inteligencia Intrapersonal, una de las diversas inteligencias múltiples existentes. No obstante, debemos subrayar que la Auto-Conciencia, como la Inteligencia Emocional en su conjunto, es una habilidad y no un rasgo de la personalidad, por lo que al tratarse de una habilidad se puede aprender e integrar como una capacidad más en nuestra vida diaria. No obstante, cabe subrayar en una sociedad exprés y enajenada como la actual, que no hay habilidad ni hábito sin práctica, ni práctica sin disciplina.

En este punto, recomiendo la lectura del artículo “Si quieres ser feliz, redescubre tu sencilla naturaleza”, así como sus artículos relacionados, publicado en mi blog personal y recopilado en el glosario de términos de la sección “s”, apartado “Sencillez”, de mi obra abierta “Vademécum del Ser Humano”.

2.-Auto-Regulación (AR)

Una vez que somos capaces de percibir y comprender nuestro mundo emocional, el segundo factor de la fórmula de la Inteligencia Emocional no es otro que el de manejar y utilizar óptimamente dichas emociones. Pues nuestro mundo emocional es la antesala de cómo nos comportamos y reaccionamos frente a nuestro mundo exterior, ergo nuestro mundo exterior no es más que un reflejo de nuestro mundo interior (Principio de Causalidad).

Una persona con Inteligencia Emocional se caracteriza en su gestión de la capacidad de Auto-Regulación por cuatro características básicas:

I.-Proactividad: Canaliza las emociones de una manera más constructiva,

II.-Higiene Ambiental: Evita personas o situaciones que le generan sentimientos negativos

III.-Positividad: Busca el lado positivo de las situaciones,

y, IV.-AutoControl: Evita actuar impulsivamente.

Exponer y desarrollar los elementos para la Auto-Conciencia y la Auto-Regulación emocional, dos caras de una misma moneda y esencia de la Inteligencia Emocional, requiere de un espacio y de un tiempo propio. Un esfuerzo de síntesis didáctica y de creatividad pedagógica que ya realicé años atrás en mi obra “Manual del Guerrero Blanco” que cualquier persona puede descargarse online y gratuitamente, y que recomiendo enfáticamente no solo para este punto de la exposición de la fórmula que nos ocupa, sino para cualquier momento de nuestra vida. Pues otro mundo futuro mejor y más libre tendríamos si enseñásemos Auto-Conciencia y Auto-Regulación emocional a nuestros pequeños del presente. Libertas Capitur, Sapere Aude (La libertad se conquista, atrévete a saber).

3.-Empatía (E)

Pero como dijo el polímata Rousseau en plena Ilustración: el hombre es un animal social por naturaleza. Por lo que si el hombre, como especie, vive en sociedad, su Inteligencia Emocional no puede limitarse a una dimensión interna de sí mismo (ámbitos propios de la Auto-Conciencia y la Auto-Regulación emocional), sino que debe permitirle además el poder interactuar activa, eficaz e inteligentemente con el resto de personas de su propia comunidad. He aquí el tercer factor de la formulación de la Inteligencia Emocional: la Empatía, que es la capacidad de ver las situaciones o los problemas desde la perspectiva de otra persona, o descrito más poéticamente, el arte de comprender emociones ajenas. Un factor propio de una de las diversas Inteligencias Múltiples que tenemos los seres humanos, la Inteligencia Interpersonal.

La Empatía en sí misma es una de las Habilidades Sociales más exitosas, porque consiguen que las demás personas se sientan comprendidas, escuchadas y apoyadas emocionalmente. Es por ello que destaca con personalidad propia dentro de los factores clave de la formulación de la Inteligencia Emocional. Las características de las personas empáticas son principalmente cuatro:

I.-Sensibilidad Social: les preocupan los problemas y sentimientos de los demás,

II.-Comunicación No Verbal: saben captar e interpretar los estados emocionales y los lenguajes corporales y faciales de terceras personas,

III.-Feedback Social: son capaces de interactuar y demostrar a las otras personas que han captado sus sentimientos,

y, IV.-Respeto: saben aceptar los sentimientos y conductas de los otros con independencia de que no las aprueben,

4.-Habilidades Sociales (HS)

Pero junto a la Empatía, en la dimensión externa de la persona, existen un conjunto de conductas aprendidas de forma natural –y que por tanto pueden ser enseñadas-, que se manifiestan en situaciones interpersonales y que son socialmente aceptadas, por lo que representan el cuarto factor clave en la formulación de la Inteligencia Emocional: las Habilidades Sociales.

Como podemos deducir, las Habilidades Sociales son profundamente culturales, por lo que difieren unas a otras dependiendo de los contextos socio-culturales en las que se desarrollan. Las Habilidades Sociales más universales son las de tipo primarias (escuchar, iniciar y mantener una conversación, formular una pregunta, agradecer, presentarse, presentar a otras personas, hacer un cumplido, etc), pero difieren no solo de su naturaleza natural, sino también de su ámbito de actuación. Por lo que las Habilidades Sociales son diferentes, por ejemplo, si son relativas al mundo empresarial o personal, y dentro de las empresas, si se trata de empresas multinacionales o de empresas de ámbito local y de autoempleo. Es por ello que en un mundo globalizado, las Habilidades Sociales requieren de materias de conocimiento complementarias que aseguren su éxito, como es el caso de la Comunicación Intercultural, que estudia y enseña cómo relacionarse adecuadamente en otros contextos sociales y culturales.

No obstante, cabe subrayar que el éxito de las Habilidades Sociales como factor de la Inteligencia Emocional es directamente proporcional al nivel de salubridad emocional propio de los factores de Auto-Conciencia y Auto-Regulación emocional. Puesto que si la persona es capaz de gestionar adecuadamente sus propias emociones (tales como el miedo, la depresión, el estrés, la tristeza, la alegría, etc), podrá desarrollar con mayores garantías de éxito una calidad de vida sana y satisfactoria en relación a los demás: ámbito social y profesional

5 y 6.-Felicidad (F) / Pensamiento Positivo (P+)

Es cierto, como hemos visto en los diversos componentes de la formulación hasta ahora, que la Inteligencia Emocional es la capacidad de percibir, asimilar, comprender y regular las emociones propias y la de los demás. Pero no es menos cierto que no podemos hablar de Inteligencia Emocional con propiedad sin entenderla como un estado de conciencia que genera un sentimiento personal de alegría (Felicidad), gracias a una actitud positividad propia de un hábito integrado de higiene mental e higiene emocional (Pensamiento Positivo).

Es por ello, que describir la fórmula de la Inteligencia Emocional sin los componentes de la Felicidad y el Pensamiento Positivo es como hacer una receta culinaria insípida e inolora en un laboratorio esterilizado, nada que ver con la naturaleza emocional humana.

De hecho, tanto los factores que componen las fórmulas de la Felicidad como del Pensamiento Positivo son reactivos naturales de la Inteligencia Emocional, al desarrollar, potenciar y retroalimentar tanto la Auto-Conciencia como la Auto-Regulación emocional. 

En este punto del artículo, nos derivaremos a las nomenclaturas correspondientes expuestas de “Conoce la fórmula de la Felicidad: F=[(A.HM)/E]S” y “Conoce la fórmula del Pensamiento Positivo: P+=(P+/S+.CD)LLC” de la serie de contenidos en Desarrollo Competencial de “Las Fórmulas de la Vida”.

7.-Creatividad (C )

Pero si algo caracteriza a la Inteligencia Emocional, a la vez que es el factor más olvidado, es justamente la Creatividad. Pues la Inteligencia Emocional es una acción creativa continua de la persona en la búsqueda de la solución más óptima y económica posible ante una situación o circunstancia concreta, gracias a la buena gestión de los factores anteriormente expuestos de la fórmula. Sin Creatividad ya podemos tener Auto-Conciencia o capacidad empática, así como ser positivos, que no avanzaremos un ápice del punto en el que nos encontremos, por lo que estaremos inmersos en otra actividad diferente, pero no será Inteligencia Emocional.

En este punto, y sin intención de extendernos, nos derivaremos a la nomenclatura relativa a la Creatividad: “Conoce la fórmula de la Creatividad: C=(I2.T)S” de la serie de contenidos en Desarrollo Competencial de “Las Fórmulas de la Vida”.

8.-Motivación (M)

¿Qué haría una persona si no tuviera Motivación? La respuesta válida puede ser doble: o nada, o repetir de manera autómata y prácticamente sin interés un hábito aprehendido. Es por ello que si los elementos esenciales que caracterizan la Inteligencia Emocional son, a título sintetizado, la emoción, la percepción, la atención y el aprendizaje, todos ellos necesitados de una actitud personal activa y comprometida, ¿cómo se desplegará la Inteligencia Emocional en una persona sin Motivación? Resulta imposible.

Así pues, el octavo y último factor de la Inteligencia Emocional, que potencia y da sostenibilidad en el tiempo al resto de elementos de la formulación, no es otro que la Motivación. Esta, como bien se desprende de la famosa Pirámide de Maslow, puede ser generada por necesidades personales de Seguridad, Afiliación, Reconocimiento y/o Autorealización. En este sentido, para no ser repetitivos ni más extensos, nos derivaremos a la nomenclatura que la describe: “Conoce la Fórmula de la Motivación: M = [O (S.A.R.A / C.P+)] F” de la serie de contenidos en Desarrollo Competencial de “Las Fórmulas de la Vida”.

Acabaré la breve exposición de esta formulación señalando que la Inteligencia Emocional no solo es un instrumento de gestión de éxito social, sino sobretodo un camino de autosanación y autorrealización personal y, por extensión, colectivo. Por lo que la inclusión de la Inteligencia Emocional en el ámbito educativo, en formato de materia de Desarrollo Competencial, de manera transversal respecto a los conocimientos clásicos considerados como intelectuales, es imperativo en una sociedad que ha dejado de evolucionar biológicamente (según parámetros darwinianos), para evolucionar en base y a partir de la gestión del conocimiento. Parafraseando a Aristóteles: educar la mente, sin educar el corazón, no es educar en absoluto. Fiat Lux!

lunes, 1 de agosto de 2016

Somos jugo para la savia de la Vida

Foto de Teresa Mas de Roda
En esta calurosa tarde verano, me refugio al fresco que desprenden los gruesos muros centenarios del salón de una casa señorial. Sobre la pétrea chimenea enmarcada en un arco de medio punto, diversos objetos exóticos procedentes de medio mundo contrastan con cuadros de temas neoclásicos en una clara reivindicación de nuestros orígenes culturales. Entre los elementos ornamentales, un violín sin cuerdas a pié de la chimenea me llama la atención. Mientras, en otro punto del universo de la casa, decenas de cangrejos negros son cocinados vivos para extraer de ellos su jugo para deleite de una salsa culinaria. Respecto al violín, su semblante silencioso y discreto hace pensar que hace ya tiempo que le extrajeron su ánima, quedando tan solo el cascarón vacío de madera trabajada como huella de un pasado vital. Al igual que sucede con el resto de objetos de decoración venidos de diversos puntos del planeta, los cuales parecen inmersos en un sueño eterno tras haberles despojado de su chispa existencial. Al final, a todos ellos se les ha extraído sus jugos vitales, a imagen y semejanza del destino de los cangrejos negros de la cocina, para alimentar el espíritu de personas volátiles en su paso por la vida.
No puedo dejar de pensar, al contemplar la vacuidad vital del violín, sobre la razón de ser de nuestra propia existencia como seres humanos. Quizás el sentido de nuestro paso por la vida no sea otro que el de alimentar con nuestros propios jugos vitales la savia de la propia Vida, como nutrientes que la enriquecen, al igual que los cangrejos negros enriquecen -en su final fatal- las salsas que acompañan esos deliciosos platos que nos alimentan. Una cadena alimenticia, que se pierde en el entramado multidimensional y fractal que conformamos los seres vivos, y que insufla aliento vital a la Vida misma para existir; conscientes que la razón de la Vida es ser o no ser en el universo, y que por tanto no tiene sentido intelectual de sí misma porque no debe justificarse ante nada ni nadie, ya que dar sentido a las cosas tan solo es una cualidad humana, y la Vida no es humana sino un suspiro divino. Así pues, la pregunta no es si la Vida tiene o no tiene sentido, sino si nosostros hemos encontrado sentido a nuestra vida, pues más allá de las historias personales de nuestra mundana cotidianidad no somos más que jugos vitales caducos a extraer para alimentar la savia de la Vida que siempre Es. Pues al final de nuestros días, tan cierto como hay día y noche, acabaremos como cuencos vacíos sin alma al igual que los objetos sin vida que decoran la chimenea, olvidados en la sin memoria del oleaje del mar de los tiempos.
Y quien sabe, quizás pasadas unas décadas, sobre la repisa de la chimenea, cerca del violín sin música, alguien encuentre mi pipa -dormida por la dulce asfixia de no poderla respirar más- como otro elemento ornamental. Y ese alguien extraño y futuro a mi la mirará, como quien mira con cierto desdén un objeto sin alma, sin saber que era parte de mi espíritu, y sin ser consciente que su existencia como persona, como lo fue la mía, no es más que jugo vital de penas y glorias humanas a destilar para eternizar la savia de la Vida.
Can Llambi (Llagostera), a 30 de julio de 2016