viernes, 15 de julio de 2016

Conoce la fórmula de la Vocación: V=DAx(H/A)xC

Uno de los factores del fracaso profesional, y por extensión personal, es justamente que no perseguimos éxitos propios, sino modelos de éxitos ajenos. Y la razón del porqué no luchamos por nuestros propios modelos de éxito no es otra que el hecho que desconocemos cuál es nuestra vocación, qué nos gusta realmente hacer hasta el punto de desear emprender una acción que nos lleve a desarrollar una actividad concreta. Un conocimiento que va íntimamente ligado con conocernos a nosotros mismos para saber quiénes somos realmente, más allá de condicionantes sociales, y qué nos gusta hacer para sentirnos autorrealizados.
Si bien la gestión de la vocación no es objeto de este artículo, el cual solo se centra en su formulación, lo que sí podemos avanzar para aquellas personas que desconocen cuál es su vocación es que el primer paso para poder encontrarla -y, por tanto, reconocerse a si mismos-, es desfocalizarse de la realidad más inmediata en la que uno está imbuido. En este punto, aconsejo la lectura del artículo “Si quieres ver, desfocalízate de tu realidad” publicado en mi blog personal “Bitácora de un Buscador” y recopilado en la sección “v” del glosario de términos de mi obra abierta “Vademécum del Ser Humano”.
Pero con independencia de si hemos encontrado o no nuestra vocación personal a estas alturas de la vida, veamos a continuación de manera sencilla y práctica, los componentes claves de su formulación:
V=DAx(H/A)xC
La Vocación es igual al Deseo de Acción (DA) por el producto de las Habilidades (H) dividido por las Aptitudes (A) y multiplicado por el Compromiso (C ).
1.-Deseo de Acción (DA)
Ciertamente, la Vocación es un “Deseo” de emprender una “Acción”, pero no un deseo exógeno, sino endógeno e íntimo. No es casualidad, por tanto, que etimológicamente Vocación provenga del vocablo latín vocare, que significa llamar. Así pues, la Vocación es una llamada que sentimos en nuestro interior, y por tanto conlleva una carga emocional muy importante. Es por ello que uno de los factores claves de la manifestación del Deseo de Acción es:
I.-que nos “Guste” lo que hacemos; una experiencia propia de nuestro mundo emocional.
Teniendo en cuenta que esta actitud de gustarnos lo que hacemos va íntimamente ligada con el segundo factor clave de la manifestación del Deseo de Acción:
II.-que tengamos “Interés” en lo que hacemos, que es una experiencia más propia de nuestro mundo intelectual.
En otras palabras, una de las características esenciales del Deseo de Acción en la Vocación es la alineación ente gustos e intereses, o dicho de manera diferente: entre corazón y mente. No existe Vocación cuando lo que sentimos y pensamos van en sentido contrario el uno del otro. Y en este punto cabe remarcar que la alineación viene promovida por nuestro mundo emocional, por aquello que sentimos y desde donde se produce la “llamada interior”: el corazón. Pues la mente no puede forzar al corazón a sentir algo que no siente (al menos de manera perdurable en el tiempo), mientras que el corazón sí que puede reestructurar los pensamientos de la mente para hacerlos coherentes con lo que siente (debido a la naturaleza volátil de las estructuras de pensamiento).
Una alineación entre cor y psique que genera, de manera idiosincrática, un efecto motriz que retroalimenta el Deseo de Acción:
I.-La Motivación, en este caso por autorrealizarse, mediante el desarrollo de las necesidades internas (gustos e interés) en la búsqueda de una visión trascendente de la vida (por muy pragmática que sea la Vocación).
2.-Habilidades (H)
El segundo componente de la fórmula, directamente relacionado con el Deseo de Acción, que define y caracteriza la Vocación son las Habilidades individuales que se manifiestan en la persona que siente la llamada vocacional. Las Habilidades personales, en este sentido, son el instrumento que permite materializar la acción deseada. Estas Habilidades se definen por 3 factores clave:
I.-Son de carácter innato.
Es decir, forman parte de la personalidad -o estructura psico-física-espiritual- del individuo desde su nacimiento, por lo que son habilidades personales e íntimas (con independencia que las haya reconocido o no a lo largo de su vida). Podríamos definirlas como los dones personales con los que nace cada persona: el don de la creatividad, el don de la organización, el don de conectar ideas y personas, etc. Teniendo en cuenta que cada Habilidad personal está formada por un conjunto de vectores innatos interrelacionados entre sí, que le confieren su singularidad. Por ejemplo, el don de la creatividad gastronómica puede estar configurada en una persona por una suma de habilidades que forman su todo: habilidad creativa, de la memoria de sabores, de la agudeza olfativa, de la combinación y síntesis de elementos contrapuestos, de la perfecta ejecución motriz en plato, del sentido estético a la vista, del saber deleitar a terceros, etc.
II.-Se desarrollan con facilidad y gracia.
Es decir, las Habilidades personales se distinguen del resto de habilidades aprehendidas porque la persona las manifiesta de manera natural, desarrollándolas con cierta facilidad en su ejecución, en contraposición al nivel de dificultad que las mismas representan para la mayoría del resto de las personas.
y, III.-Tienen su medio propio.
Es decir, toda habilidad necesita de un medio óptimo para desarrollarse, dependiendo de la singularidad de cada persona. Por ejemplo, la habilidad de la creatividad puede encontrar su medio natural de desarrollo o bien en la pintura, o en la escritura, o en la música, o en la gastronomía, o en el mundo de los negocios, etc. Es por ello que algunas personas intuyen o conocen su Habilidad personal pero, al no haber encontrado su medio correspondiente -como si de un hábitat natural se tratase-, no lo desarrollan. Pues al final, habilidad y medio son dos caras de una misma moneda, lo que permite una ejecución de las habilidades innatas de manera fácil y graciosa. Resumiendo en palabras de Einstein, “Todos somos unos genios, pero si juzgas un pez por su habilidad de escalar un árbol vivirá su vida creyendo que es estúpido”.
3.-Aptitudes(A)
Por otro lado, el movimiento intrínseco que conlleva el Deseo de Acción manifestado en las Habilidades viene determinado por las Aptitudes de la persona, tercer factor clave en la fórmula de la Vocación. Pues la Aptitud está estrechamente relacionada, no solo con la inteligencia natural de cada persona, sino principalmente con sus Habilidades tanto innatas como adquiridas fruto de un proceso de aprendizaje. Así pues, podemos afirmar que si bien toda persona nace con unas Habilidades personales innatas, estas se desplegarán en el marco de una Vocación propia gracias a la Aptitud por querer desarrollar las Habilidades primogénitas. Es decir, poco recorrido tendrá una persona con la habilidad creativa de la pintura si no aprende, entre otros factores determinantes para el buen desarrollo de su Vocación, la técnica del dibujo o de los colores (por no mencionar otros factores complementarios y necesarios en un mundo complejo como el actual, como puedan ser por ejemplo las técnicas de marketing comercial).
Es por ello que las Aptitudes cuentan con tres elementos claves:
I.-Aprendizaje, que permite desarrollar, mejorar y evolucionar las Habilidades innatas a lo largo de la vida vocacional en la búsqueda de la autorrealización personal.
II.-Voluntad, que es la actitud activa de la intencionalidad personal por aprender.
y, III.-Curiosidad, que es la fuerza motriz de la voluntad por aprender, en la búsqueda personal por alcanzar nuevos horizontes existenciales en el desarrollo de las Habilidades innatas a lo largo del transcurso de la vida.
4.-Compromiso (C )
Pero junto a los otros componentes claves de la formulación, el cuarto factor esencial que caracteriza la Vocación es, justamente, el Compromiso. Un factor que distingue a la Vocación de otras dimensiones humanas más propias de los deseos caducos y de los caprichos pasajeros, motivados éstos por influencias socio-culturales estereotipadas externas a la propia persona. Así pues, el Compromiso vocacional (que no olvidemos es una “llamada interior”) se manifiesta en un doble sentido:
I.-De manera Interna: Sostenibilidad de la acción vocacional en el tiempo, derivado de una entrega comprometida e implicada con uno mismo en el Deseo de Acción personal del desarrollo de las Habilidades innatas. (Si la Vocación no es sostenible temporalmente a lo largo de los años, no es Vocación).
y, II.-De manera Externa: Compromiso social, ya que la Vocación siempre conlleva un sentimiento personal inherente de aportar algo socialmente a los demás (ya sea de manera discreta o notoria, a corto, medio o largo plazo). Pues al final la Vocación no es más que un proceso vital por trascenderse a uno mismo. No en vano Aristóteles definía la Vocación como “allí donde se cruzan tus talentos y las necesidades del mundo”.
Y una vez vista de manera sintetizada la nomenclatura que nos ocupa en este artículo, invito a todas aquellas personas que se encuentran dentro o fuera del camino por reconocer su Vocación, a que tomen como suya esta fórmula para descubrir en sus vidas estos factores claves expuestos en un apasionante viaje hacia el conocimiento de nosotros mismos. No solo porque en la Vocación personal reside nuestra fuerza y potencial como seres humanos individuales, sino porque en ella nos aguarda la llave tanto para la felicidad personal como para la construcción de un mundo socialmente cada día mejor. Fiat Lux!

Nota de Autor: Recomiendo las lecturas de las fórmulas de la Motivación, de la Creatividad, de la Gestión del Conocimiento y del Engagement de mi obra especializada en Desarrollo Competencial: “Las Fórmulas de la Vida