sábado, 31 de diciembre de 2016

La raíz de los males de toda relación radica en la mala salud emocional de las personas

Muchas veces, demasiadas, me sorprendo de la facilidad que tenemos las personas por complicarnos la vida, generando situaciones de tensiones e incluso violencia que rompen la armonía en las relaciones entre padres e hijos, entre parejas, entre familiares varios, entre amigos, entre compañeros de trabajo o entre personas aparentemente desconocidas entre sí, incluyendo las relaciones entre países. Y en todos lo casos, sin excepción, podemos encontrar un patrón de conducta común: la falta del buen juicio.

El buen juicio, contrariamente, hace referencia a aquellos actos que las personas llevamos a cabo de manera lógica, razonable, sensata y con cordura, y que caracterizan nuestra toma de decisiones diarias por no ser impulsivas, apresuradas, disparatadas o alocadas, lo cual requiere de una buena salud emocional. Es decir, que el mal juicio, que nos lleva a tomar malas decisiones que siempre acarrean algún tipo de sufrimiento en diferente grado entre las partes implicadas, es un efecto directo de la mala salud emocional de las personas (patologías psiquiátricas, a parte).

Sí, lo cierto es que vivimos en una sociedad donde la inmensa mayoría de las personas sufren algún tipo de desequilibrio emocional (solo tenemos que mirar a nuestro alrededor más inmediato). Pero la parte positiva es que la buena salud emocional no es un rasgo genético, sino un hábito de conducta que se adquiere mediante el aprendizaje de la gestión de las emociones, que sin duda debe ir acompañado en la formación y refuerzo de unos valores sociales positivos (Una potestad hoy en día cedida a la televisión, aunque este es tema de otra reflexión).

¡Cuántos dolores de cabeza y sufrimientos innecesarios nos evitaríamos si aprendiéramos a gestionar nuestras emociones! Seguro que el mundo sería un lugar mucho más armonioso. Para ello, en una sociedad compleja y en continuo cambio y transformación como la actual, resulta imperante la necesidad de incluir la materia de la gestión emocional en nuestro sistema educativo desde las primeras edades de escolarización, pues resulta tan trascendente para la calidad de vida de cualquier persona como la habilidad de saber leer y escribir.

Gestionar adecuadamente las emociones no es más que gestionar nuestro mundo emocional con inteligencia, pues de ello depende cómo nos comportamos con nosotros mismos y frente a la realidad más inmediata que nos relacionamos (los otros), cuyo efecto directo determina nuestra vida (relación de causa-efecto). Un asunto que, a todas luces, no es baladí. Y que el conocimiento de la Inteligencia Emocional y el Desarrollo Competencial ya desarrollan formalmente -en nuestra cultura de tradición cartesiana- desde la segunda mitad del siglo pasado, por lo que no se trata ni de diseñar una materia desde cero (para descanso del colectivo docente), ni de adaptar conocimientos milenarios orientales de control de la mente (para tranquilidad de los antiespiritualistas), aunque en este punto ya existen cátedras de mindfulness que beben de la filosofía budista.

La Inteligencia Emocional, en definitiva, no es más (ni menos) que la capacidad que tiene una persona de manejar, entender, seleccionar y controlar sus emociones (he aquí el verdadero libre albedrío) y la de los demás con eficiencia, generando así resultados positivos para su propia vida y la de su entorno. Una habilidad que se puede aprender e integrar como una capacidad más en nuestra vida diaria, facilitando que la persona viva en un estado de buena salud emocional, lo que le asegura la toma de decisiones en la cotidianidad de su vida a la luz del buen juicio. Algo que todos, sin excepción, agradeceremos.

Frente a los estallidos irracionales de sentimientos desbocados -todos ellos derivados de las emociones primaras de la tristeza, la rabia y el miedo-, solo cabe la reeducación emocional. Si ante la mala salud física ponemos remedios para sanarnos, ¿cómo no vamos a hacer lo mismo ante la mala salud emocional? Y más cuando nuestros sentimientos y emociones determinan el 99´9% de las decisiones que tomamos en nuestro día a día.

En un mundo donde se exalta el culto a la mente (inteligencia) y al cuerpo (salud física), es hora que socialicemos el culto a las emociones (salud emocional). Pues si bien es cierto el refrán romano que reza mens sana in corpore sano, no hay mente sana sin emociones sanas.

Mientras tanto, frente a contextos emocionalmente insalubres, no hay mejor receta que la higiene ambiental, es decir: cuánto más lejos, mejor.


Enlaces relacionados:


Nota 1: Para aquellos que quieran profundizar en el Desarrollo Competencial, recomiendo acceder a la web de “Las Fórmulas de la Vida”.
El Desarrollo Competencial trabaja aquellas características subyacentes que están relacionadas con una actuación de éxito en el trabajo (y la vida en general), lo que abarca aspectos de gestión claves como es: la gestión del Talento, la Inteligencia Emocional, el Engagement, la Motivación, la Creatividad, la gestión del Fracaso, el Pensamiento Computacional, la Felicidad, el Pensamiento Positivo, la Autoestima, etc. Materias todas ellas que conceptualizo como unidades de conocimiento individual, como si se tratasen de piezas de lego, lo que permite configurar a medida cualquier estructura didáctica en materia de Desarrollo Competencial.


Nota 2: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano



martes, 27 de diciembre de 2016

Queridos Reyes Magos, este año pido un cinturón para el Mercado

Se lo iba a pedir a Papa Noel, pero sé que las cosas importantes hay que pedírselas a los Reyes Magos. En la carta de este año no pido específicamente para mi, sino para todos en general. Y no, no se trata de Paz, Felicidad, Salud y Prosperidad, sino de algo más tangible y resolutivo como es un cinturón democrático para el Capitalismo. Puesto que mi deseo para este 2017 es que los Estados puedan proveer servicios de derechos y prestaciones sociales al conjunto de los ciudadanos, y más particularmente a los más desfavorecidos (en el marco de una clara vocación humanista, por deformación cultural). Ya que soy consciente que para que exista un Estado de Bienestar Social debe haber Capitalismo (además de Democracia), pero igualmente soy consciente que el Capitalismo per se no necesita del Bienestar Social para existir.

Sí, uno de los grandes avances de la humanidad como es el Bienestar Social, de origen británico en plena Segunda Guerra Mundial, está actualmente en entredicho. Para los escépticos, y sin pretensión alguna de parecer alarmista sino tan solo objetivo, solo hay que dirigir la mirada a ese uno de cada tres niños que vive bajo el umbral de la pobreza en España (el 33% de la población infantil) -solo superados en la UE por Rumanía-, una tasa de pobreza infantil que ha aumentado 8 puntos desde 2008. O a esos 3´2 millones de trabajadores precarios que tenemos en nuestro país -mayoritariamente licenciados-, que alternan el paro con trabajos temporales precarios en duración e ingresos. O a esos más de 5 millones de personas que viven en situación de pobreza energética, el 18 por ciento de los hogares de España, causando de manera directa 7.000 muertes al año. Y esto en un país desarrollado como es el nuestro, la decimocuarta economía mundial (si bien en tiempos de bonanza llegamos a ostentar la octava posición en el ránking económico internacional).

Y, ¿por qué es importante ponerle un cinturón democrático al Capitalismo? Pues porque para que el Estado de Bienestar Social exista, los Gobiernos deben recurrir al Mercado para poder asignar los recursos que permitan cubrir los servicios sociales que necesitan sus ciudadanos, y mediante la redistribución de dichos recursos a través de los Presupuestos del Estado retroalimentar los cuatro ejes vertebradores de las actividades desarrolladas por la Seguridad Social. Veánse:

I.-Transferencias en Dinero.
Por ejemplo, para pagar subsidios de desempleo o vejez. (Todos sabemos del elevado número de parados que están malviviendo sin cobertura social de desempleo, así como el peligro que corre la ya casi vacía caja de las pensiones públicas).

II.-Cuidados Sanitarios.
Para pagar el sistema de salud universal y gratuito (Todos conocemos los problemas ocasionados por el cierre de plantas enteras de hospitales, los episodios a la orden del día de centros de urgencias colapsados, las listas de espera eternas y la eliminación de cobertura de ciertos medicamentos imprescindibles para colectivos vulnerables).

III.-Servicios de Educación.
Para garantizar el derecho de acceso a una formación adecuada a los nuevos retos que depara el mundo. (Todos sabemos del elevado volumen de jóvenes que no pueden matricularse en las universidades por el aumento de tasas, así como por la carencia y tardanza de las becas).

y, IV.-Provisión de Vivienda, Alimentación y otros Sistemas Asistenciales.
(Que, como bien es sabido por todos, es hoy por hoy una falacia que convierte a los principios fundamentales de nuestra Constitución en papel mojado). 
(Recomiendo la lectura en este punto del artículo: "Nosotros, los pobres, acusamos al Estado de inconstitucional")

No obstante, existe la idea generalizada de que la causa de la degradación del Estado de Bienestar Social se debe a la crisis económica por falta de financiación para sustentarlo. Pero si observamos como funciona el Mercado (cojamos como ejemplo de muestra la relación entre las ganancias de más de 50.000 millones de euros de las tres empresas eléctricas españolas -con aumentos incluidos de más del 70% de la tarifa de sus servicios a lo largo de la última década, o sea, en plena crisis-, con la tasa de pobreza energética de los hogares españoles), nos percataremos que el verdadero problema radica en el hecho de que se ha roto el principio de “capitalismo democrático” sobre el que el Bienestar Social hace posible su existencia. Lo cual ha dado paso a un capitalismo oligárquico y casi absolutista que se ha situado por encima de la soberanía de los propios Estados, ejerciendo no solo un poder económico sino también legislativo que marca qué tipo de Derecho debe aplicarse a nivel internacional (y local) para el crecimiento económico (sin consideraciones sociales, claro está). Y todo ello al amparo y justificación de la época de crisis.

Una escenario que choca de frente con la propia naturaleza del Estado de Derecho y de Bienestar Social, donde los Gobiernos deben tener la capacidad de poder regular el funcionamiento del propio Mercado, para asegurar de este modo el equilibrio entre la economía libre (propiedad privada) y la economía planificada (propiedad colectiva), haciendo posible un modelo de organización social conocido como “estado de economía mixta”. Un modelo de economía mixta que, sin entrar en las singularidades de los diversos modelos existentes en Europa (modelo liberal anglosajón, modelo conservador europeo continental, modelo socialdemócrata nórdico, y modelo mediterráneo), requiere de un mantenimiento de los gastos sociales que, contrariamente a lo que se cree, no tiene coste sobre el Mercado y su potencial de crecimiento económico -como ya demostró hace más de diez años atrás Lindert, un profesor de economía de la Universidad de California-, siempre que se incluyan estructuras impositivas que no penalicen la inversión ni el trabajo, y que se coordine con políticas económicas adecuadas (En otras palabras: que las políticas fiscales y monetarias resultan vitales para el mantenimiento del Estado de Bienestar).

Así pues, para los defensores del Estado de Bienestar Social como modelo de organización que hace de nuestras sociedades un mundo más humanizado, no podemos permitir que el Capitalismo crezca de manera desbocada y feroz sobre la larga sombra de la crisis económica. Pues, con independencia de su tendencia a dar la espalda a cualquier consideración de carácter social, si en la crisis socio-económica encuentra su medio para poder crecer libremente (solo hay que ver el aumento de beneficio de las rentas de capital, es decir: los ricos se vuelven más ricos), ¿qué motivación va a tener el Capitalismo para volver a un estadio donde los Estados Democráticos regulan y controlan al Mercado?. La respuesta, aunque retórica, requiere manifestarla: Ninguna.

Es por ello que necesitamos de un buen cinturón democrático para volver a traer al redil al Capitalismo -en actual estado de rebeldía- en beneficio del bienestar social colectivo. Como bien decía el sociólogo británico Marshall, el Estado de Bienestar se define como una combinación especial (y equilibrada) entre la Democracia, el Bienestar Social y el Capitalismo. Un modelo de organización de las sociedades desarrolladas que, para bien del conjunto de la humanidad, en una era donde el Mercado es de naturaleza Global dicho modelo de Bienestar Social debería globalizarse mediante una economía de escala (transferencia de recursos) a nivel internacional, aunque para ello se requeriría de un organismo regulador central (Gobierno Mundial). Si bien este es un regalo a día de hoy de ciencia ficción a pedir para otro año. Para este 2017, no obstante, me conformo con que los Reyes Magos nos traigan a los europeos el cinturón democrático que necesitamos para regular el Capitalismo y así sanar nuestro febril Estado del Bienestar Social.

Mientras tanto, y a la espera del día de Reyes, ya tengo preparada la leche y las galletas para que sus majestades mágicos puedan recuperar fuerzas en su ajetreada noche en su paso por mi casa. Aunque no me hago muchas ilusiones, porque al final siempre traen lo que quieren y pueden. Y aun así continuamos siendo los afortunados de este mundo.

Fiat Pax in virtute Tua 


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano 

  

miércoles, 21 de diciembre de 2016

La Navidad, como el hombre, está llena de luces y sombras

A tres días de la Navidad y a doce días de haber cumplido los 45, en un año más y sigue y suma de mi balance vital personal, dejo reflejado en el día de hoy en mi cuaderno de bitácora el hecho que esta mañana me he levantado percatándome, con mayor peso de conciencia si cabe y cierta apatía, la evidencia manifiesta de que hemos aceptado con normalidad como especie el hecho que para poder vivir bien unos pocos, otros deben vivir mal e incluso morir por ello. Una regla no escrita del ser humano que se remonta a los albores de la humanidad y que se repite sistemáticamente a lo largo de nuestra Historia. Para muestra un botón: en antaño encerrábamos a los esclavos en galeras obligándoles a hacer trabajos forzados en la navegación, en la actualidad encerramos a los nuevos esclavos (ciudadanos de tercera) en naves textiles obligándoles a hacer trabajos forzados para que podamos adquirir por 10€ prendas de moda en los principales centros comerciales de nuestra ciudad. Prendas, por otro lado, que vestiremos para celebrar estas fechas navideñas, cuando el genuino mensaje navideño justamente se dirige a los más desprotegidos del planeta: los que fabrican la prenda que lucimos, entre otros desamparados.

Pero si algún contraste de realidades, por antagónicas, me ha llamado la atención especialmente en estas semanas prenavideñas -entre innumerables desigualdades sociales a elegir, dentro y fuera de nuestra sociedad-, ha sido la celebración del descubrimiento del milagro de la (casi) eterna juventud por parte de unos científicos españoles, frente a la pesadumbre y vergüenza ahogada que nos supone la masacre y destrucción de Alepo (una ciudad más grande que Barcelona).

En un punto del planeta, en la zona del llamado primer mundo, fantaseamos ya todos con la posibilidad de ganar la batalla a la muerte, pues el descubrimiento de los investigadores no solo se refiere a borrar arrugas y canas, sino de frenar los verdaderos signos de la vejez y mejorar el funcionamiento de los órganos mediante una técnica de reprogramación celular, lo que permite frenar nuestro reloj biológico además de sumar 25 años más a nuestras vidas. Un descubrimiento revolucionario que junto al diseño de órganos en 3D mediante el cultivo de células humanas artificiales nos empuja a una nueva era de la humanidad solo imaginable en la ciencia ficción, lo que seguro va a tener repercusiones directas a nivel sociológico y económico. A nivel sociológico, en un mundo de larga longevidad, no es de extrañar que en un futuro no muy lejano se limite por ley (prohíba) la natalidad mundial, y que el tener hijos solo sea un privilegio de unos pocos, los más pudientes económicamente, claro. Mientras que a nivel económico, los efectos ya se pueden vislumbrar en el horizonte, puesto que el llamado tsunami digital de la revolución tecnológica prevé que el 47 por ciento del empleo, tal y como lo conocemos hoy en día, desaparecerá en una o como máximo dos décadas, y el 90 por ciento de las profesiones que perduren sufrirán profundas transformaciones -según previsiones de la Universidad de Oxford y otras instituciones-. Una revolución para el mercado laboral que, a ojos de la propia Unión Europea, colocará en la punta de lanza como profesiones más demandadas a los Analistas y Programadores de Internet de las Cosas, los Arquitectos de Nuevas Realidades Virtuales, los Científicos de Datos, los Diseñadores de Órganos Artificiales, los Terapeutas de Empatía Artificial para Robots, los Impresores de 3-D, los Ingenieros de Nanorobots Médicos, o los Abogados especializados en Drones y Ciberseguridad.

Mientras tanto, en otro punto cualquiera de la parte opuesta del planeta, en la zona llamada del segundo mundo, cuna en su tiempo de la civilización occidental, personas a título individual divulgan a través de las redes sociales su último mensaje vital en un clamo desesperado de ayuda. Me refiero a la catástrofe humanitaria de Alepo, de rabiosa actualidad en los medios de comunicación, donde vemos día sí y día también centenares de muertos en las calles, niños incluidos, como resultado de un incesante bombardeo indiscriminado a la población civil por parte de los bandos implicados en la contienda. Y nosotros, como meros espectadores esterilizados emocionalmente tras la pantalla, sin ni siquiera entender quiénes son los buenos o los malos (tampoco nos importa mucho, solo entendemos que es un tema que a lo que a nosotros se refiere afecta al equilibrio geopolítico), aceptamos esta realidad como normal. Con la normalidad de quien en la comodidad del sofá de su casa se distrae ociosamente viendo películas de acción donde la muerte sin sentido (y con ella el ensañamiento del sufrimiento humano) forma parte natural del argumento. Y si no nos gusta lo que vemos, apagamos el televisor. Una normalidad pareja a la que disfrutaban los ciudadanos romanos en los sangrientos espectáculos que se realizaban en los Circos Romanos. Aunque para Circo Romano del siglo XXI en su máxima manifestación, el reality de los Juegos del Hambre que Rusia ha anunciado que emitirá a partir de este 2017 donde estará permitido violar, mutilar y matar, para “disfrute” de los espectadores. (Recomiendo la lectura del artículo: “Nosotros, los ciudadanos del primer mundo, somos el Capitolio de Los Juegos del Hambre”). Un reality que espero que la Comunidad Internacional prohíba su emisión en el resto del mundo, por posible compra de derechos comerciales por parte de cadenas de televisión de terceros países; aunque sé de antemano que ello es tan inviable y moralmente debatible como pedir que se censure la emisión de la masacre -con historias con nombres y apellidos propios de violaciones, mutilaciones y asesinatos incluidos-, que sufren en su realidad cotidiana los ciudadanos de Alepo. Y, además, en un mundo donde los principios y valores morales los determina el Mercado y sus criterios de rentabilidad económica, cuyo credo no es precisamente de corte humanista.

Sí, esta mañana me he levantado con esa claridad de mente que te permite ver que hemos aceptado como normal el hecho que para poder vivir bien unos pocos, otros deben vivir mal e incluso morir por ello. Y que tristemente forma parte de nuestra paradoja humana. Como ya decía Sócrates en la obra la República de Platón (permítaseme la libre expresión de autor, pues reproduzco de memoria):

-Todos los hombres tendrán los mismos derechos y serán iguales en la ciudad ideal

A lo que un personaje le preguntó:

-Y, entonces, ¿quién limpiará las calles y nos servirá?

A lo que Sócrates respondió:

-Para ello tendremos esclavos.

Cuatro siglos más tarde, un hombre llamado Jesús predicaba la igualdad entre los hombres en el desierto,.... hasta la fecha!


Nihil novum sub sole (Nada hay nuevo bajo el sol)
Registro de Bitácora: Tarraco, a 21 de diciembre de 2016




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jueves, 15 de diciembre de 2016

El Mercado, como el Péndulo de Newton, no requiere de personas moralmente buenas


No tengo uno, pero debo admitir que me encanta el Péndulo de Newton, ese artefacto que comercialmente se vende como un entretenimiento de escritorio formado por un bastidor del que están suspendidas cinco bolas alineadas horizontalmente y en contacto con sus adyacentes cuando están en reposo, que cuando les ejerces una pequeña fuerza motriz con la mano colisionan entre sí creando un movimiento pendular de las bolas situadas en los extremos. Lo cierto es que podría perder la noción del tiempo mirándolo :-)

Si ponemos atención a las bolas suspendidas que hacen de péndulos, tenemos claro que entre las características que deben tener para que el juguete de mesa funcione no le vamos a pedir que tengan una conducta moralmente buena entre ellas, pues nos es totalmente indiferente, sino que cumplan con las condiciones necesarias para que el Péndulo de Newton, en su conjunto, funcione correctamente. Es decir, que sean bolas idénticas en peso, masa y volumen, y que estén suspendidas del bastidor por hilos de igual longitud e inclinados con un mismo ángulo en sentidos opuestos todas ellas, para poder restringir el movimiento de las bolas en un mismo plano vertical que permita la finalidad propia del artefacto: demostrar la Ley de conservación de la energía, que nos dice que la energía ni se crea ni se destruye,sólo se transforma. En otras palabras, lo único que nos importa es que las bolas hagan su función como parte del mecanismo, con independencia de su moralidad individual.

Pues lo mismo sucede con el sistema económico de libre mercado que impera a nivel global, el Capitalismo, que podemos asemejarlo al artefacto en si mismo, siendo las empresas las bolas del péndulo que generan el movimiento, y las personas el perfil característico de éstas. Y de igual manera que sucede con las bolas del Péndulo de Newton, el Capitalismo no requiere de las personas que forman una empresa que éstas sean moralmente buenas, sino que cumplan con las condiciones necesarias para que el sistema económico de libre mercado, en su conjunto, funcione correctamente: es decir, que sean personas competitivas en su puesto de trabajo.

Habrá quien pueda pensar que en un mercado laboral donde cada vez se valora más la Inteligencia Emocional como factor clave del mundo empresarial, tal y como lo señala el Foro Económico Mundial en las habilidades esenciales para la cuarta revolución industrial, el ser y tener una conducta catalogada como de buena persona es inherente a la propia Inteligencia Emocional en la construcción de un mundo más humanizado. Nada más lejos de la realidad. No nos confundamos, la Inteligencia Emocional no es un rasgo de carácter, como sí lo es el ser una buena persona, sino una habilidad que se aprende para poder conseguir los objetivos que la persona se propone, por lo que la Inteligencia Emocional representa un instrumento de gestión clave para la competitividad profesional. En otras palabras, una persona puede ser inteligente emocionalmente y, por tanto, ser competitivo laboralmente (que es lo que se busca), pero no ser una buena persona desde un punto de vista ético y moral. (Recomiendo la lectura de “La Fórmula de la Inteligencia Emocional” de la serie de artículos sobre Desarrollo Competencial de Las Fórmulas de la Vida, para mayor profundización).

Por otro lado, por si no nos hemos percatado, el Péndulo de Newton cuenta con un número limitado de bolas, al igual que le sucede a la maquinaria del Capitalismo que para su funcionamiento óptimo -marcado por el ritmo y movimiento fluctuante de la oferta y la demanda- tan solo requiere de un número determinado de empresas y trabajadores. Por lo que, amig@, que no te lleven a engaño: ser solo buena persona no te va ha asegurar un puesto de trabajo (que los dioses están en otras cosas), y menos en tiempos de crisis donde el Péndulo solo requiere de tan solo dos bolas para poder funcionar. O eres competitivo, o no eres, he aquí la cuestión en una sociedad donde la maquinaria del Mercado determina nuestras vidas.

No quisiera acabar la reflexión sin remarcar que este artículo no pretende ser una oda de exaltación a ser malas personas para poder triunfar profesionalmente -como muchos realitys shows ya promueven de manera (a)normalizada-, sino mostrar la evidencia de que no existe correlación directa entre ser buena persona y tener éxito laboral (para desilusión quizás de muchos bajo una determinada idea preconcebida de justicia divina), pues esta premisa no tiene cabida en la lógica de la economía de mercado. Y a los hechos de rabiosa actualidad podemos remitirnos.

De igual manera, el reflejo que nos muestra este artículo nos debe hacer reflexionar sobre el modelo de sociedad que estamos creando, puesto que si bien ya es por todos aceptado que la Economía y sus reglas de funcionamiento definen nuestra sociedad, a nivel social sí que necesitamos poner en valor la buena conducta ética y moral (aunque solo sea por una cuestión pragmática de supervivencia como especie). La pregunta, por tanto, en un mundo regido por el Dios Mercado, es ¿quién se va a ocupar de la ética y la moral?. Y ya podemos olvidarnos de los profesores que, con lo que les pagamos, suficiente problema tienen para poder subsistir. Otro tema digno de urgente reflexión...


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Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano 

martes, 13 de diciembre de 2016

La exaltación del Egoísmo: el éxito del Capitalismo

Muchas son las voces que se alzan en estos tiempos criticando la falta de humanidad de nuestra sociedad occidental, fundamentada en un Estado de Bienestar Social que bebe de los Derechos Humanos -solo hay que leer nuestra Constitución-, el cual a su vez es heredera de la filosofía humanista tanto laica, como religiosa (en nuestro caso de los valores cristianos). Una sociedad contemporánea llena de contradicciones por la tensión existente entre el espíritu humanista y el individualista, sobreexpuestos aún más si cabe por el contraste de realidades existentes en un mundo global y desigual, justo en la mayor época de progreso científico de la historia del ser humano: la era digital. Un progreso, por otra parte, gracias a un sistema de organización humana de economía de Mercado más conocido como Capitalismo.

Así pues, si bien el Capitalismo es el pilar sobre el que se ha producido el salto cualitativo del progreso humano, a su vez es en la actualidad el enemigo principal del Humanismo, puesto que el éxito del Capitalismo se fundamenta en la exaltación del egoísmo humano. Entendiendo egoísmo como aquella tendencia que tiene un organismo hacia su propio bienestar a expensas de otros, y en contraposición directa al altruismo.

Si nos fijamos, podemos observar como la fuerza (depredadora), consistencia (estructural) y sostenibilidad (temporal) del Capitalismo se basa en que se trata de un sistema circular y expansivo que se retroalimenta para su crecimiento sobre la fogacidad de un sentimiento primario humano: el Egoísmo. Veamos su diagrama:

1.-El Capitalismo, mediante la exaltación del consumo, promueve el Egoísmo humano a través de la necesidad adictiva de obtener un placer inmediato y continuo (cultura hedonista).

2.-El sentimiento del Egoísmo, prolongado en el tiempo, genera estados anímicos individualistas que se manifiestan en conductas egocéntricas.

3.-Todo Ego bien alimentado, y por tanto engrandecido, necesita por idiosincrasia parecer mejor que los otros.

4.-La necesidad de una personalidad egocéntrica de mostrarse mejor que los demás se cubre a través de marcar la diferencia frente al resto. (Falsa identidad personal)

5.-La diferencia, en un mercado de consumo, se compra. (En busca de una pseudofelicidad exógena y volátil, aunque este es tema para otra reflexión). No hay mayor diferencia entre iguales que la que marca el precio de los productos y servicios que consumimos. Por lo que, es justamente el dinero lo que marca la diferencia en la vida de las personas.

6.-La compra de la diferencia (del ser diferente), que busca el Ego para realizarse, retroalimenta el Capitalismo (y, por ende, la cultura hedonista), cerrando así el círculo al enlazar con el punto 1 del diagrama, para volver así a comenzar de nuevo generando un movimiento continuo y expansivo.

Y en este círculo vicioso, el Egoísmo se convierte en un gen social con identidad propia: una unidad de cultura (valor y patrón de comportamiento sociológico) que se hospeda cada vez en la mente de más personas, a merced de las poderosas artes enajenadoras del Capitalismo como es el marketing (ahora evolucionado a neuromarketing, para mayor terror).

La implantación y reproducción del gen egoísta en la sociedad (del cual ya hacía mención el profesor de Oxford, Richard Dawkings, a finales del siglo pasado), no solo asegura el éxito del Capitalismo, y por extensión la depreciación de los valores humanistas sobre los que se ha edificado nuestra civilización, sino que está suponiendo a todas luces un cambio radical en el significado actual de conceptos tales como “justicia social” o “éxito social”. Solo tenemos que preguntar a una persona de 60 años y a otra de 15 o 25 años qué concepción tienen al respecto de dichos términos y contrastarlos. La pregunta del millón que debemos hacernos, en consecuencia, es si queremos construir una sociedad sobre un valor humano, primariamente humano, como es el Egoísmo. Teniendo en cuenta que la Razón del Egoísmo siempre se pone al servicio de los impulsos más básicos del ser humano, y que valores morales como ser una buena persona son irrelevantes por ineficientes para la supervivencia del propio Mercado.


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viernes, 2 de diciembre de 2016

Ocupamos las agendas de tareas para llenar el vacío

No hay mejor manera de ocupar el tiempo que coger una agenda de semana vista y comenzar a llenarla de ocupaciones. No importa lo trascendentes o productivas que sean las tareas, lo importante es rellenar los espacios diarios en blanco para estar ocupados. Tampoco es relevante el hecho de tener ocupaciones previamente pensadas, ya que nuestro pavor a no tener nada que hacer genera el milagro de rellenar la agenda de pequeños actos que nos llevarán a disfrutar de una enajenada semana del todo entretenida. La razón no debemos buscarla en la locura humana, sino en el profundo sentido mismo de la vida que no es otro que el de conquistar el espacio vacío.

De hecho la Vida, que se viste de materia, solo representa menos de un insignificante 0,1% del Universo. En otras palabras, el Universo está vacío en un 99,9%, según cree la comunidad científica. Tanto es así que si pudiéramos extraer el vacío existente en la materia de nuestros cuerpos, la totalidad de la humanidad tendría el tamaño material de un terrón de azúcar. Para hacernos una idea, si fuéramos capaces de ampliar un átomo a escala humana para colocarlo en un campo de fútbol de primera división, el núcleo del átomo se hallaría en el centro del estadio y tendría el tamaño de un guisante, y sus primeros electrones estarían ubicados en las últimas gradas con un tamaño semejante al de una cabeza de alfiler. Y entre medio, el vacío.

Sí, el sentido de la Vida es llenar el vacío, que es diferente al sentido que nosotros como seres cognitivos buscamos darle a nuestras vidas personales. Por lo que con independencia de si las tareas que llenan nuestra agenda dan sentido a nuestra vida individual, cubriendo o no las necesidades de autorealización existencial, ya están cumpliendo el sentido de la Vida misma: conquistar el vacío. ¡Cuánto nos horroriza no tener nada que hacer!. De ahí la necesidad de la naturaleza humana de estar ocupados continuamente, pues es la naturaleza de la materia misma. Aunque otra cosa bien diferente es la patología de vivir con una mente proyectada las 24 horas del día en el futuro inminente de nuestra realidad más inmediata, propio de una sociedad poco saludable (aunque este es tema para otra reflexión). Así como es interesante observar que el acto compulsivo e irrefrenable de “hacer” genera, por un lado, un flujo de creación, reinvención e innovación en continuo cambio y transformación; y por otra parte tiene un efecto de expansión de la Vida respecto al espacio vacío. Aunque esta parece ser una batalla perdida, pues aunque la Vida se esfuerce en ser creativa con el propósito de expandirse con un claro espíritu de conquista, el vacío del Universo continua agrandándose con la expansión continua del Universo mismo.

Así pues, la transcendencia del ser humano no radica en llenar el vacío, sino de tener un objetivo definido para llenar ese vacío, que es lo que define nuestro propósito de Vida. ¡Cuántas veces rellenamos la agenda de ocupaciones a una semana o mes vista sin un objetivo concreto, o sin que dicho objetivo nos aporte ningún saldo positivo al balance de nuestras vidas, más que el de tener entretenida nuestra existencia a merced del paso del tiempo que no perdona!.

Pero lo relevante de la situación es que, si nos paramos un momento a observar y reflexionar sobre la naturaleza del acto de llenar el vacío, nos percataremos que cada vez que llenamos dicho vacío en nuestras vidas estamos creando una realidad nueva, y que la calidad de dicha nueva realidad viene determinada por el enfoque y la intencionalidad de nuestra conciencia. No en balde los físicos afirman que la energía del Universo sigue a nuestra conciencia, y no al revés (máxima respaldada, a su vez, por neurólogos y genetistas); pues nosotros, al ser una manifestación de la Vida cocreamos la realidad existente. Otro tema es que, a nivel individual, cedamos la potestad de crear nuestras realidades cotidianas a terceras personas externas a nosotros mismos, dejándoles que determinen la configuración de nuestra propia realidad.

Sin ánimo de alargar más esta pequeña reflexión, solo cabe decir con voz alta y clara que sí, que continuemos llenando de ocupaciones las agendas personales, pues es nuestra naturaleza llenar el vacío, pero que seamos inteligentes (pues la Vida es inteligente) y hagámoslo con la intencionalidad consciente de un propósito vital beneficioso para nosotros mismos y los que nos rodean.


Artículos relacionados:
-Solo desde el vacío generamos nuevos mundos
-La vida no tiene sentido si no se la das tú
-La historia de nuestra vida viene determinada por la velocidad

..Y para quienes deseen seguir recreándose en la lectura reflexiva, les aconsejo el apartado de la letra "V" del glosario del Vademécum del ser humano




martes, 29 de noviembre de 2016

¿Hemos desaprendido a pensar?

La búsqueda de resultados inmediatos es uno de los rasgos distintivos de la sociedad contemporánea, lo cual nos aboca a centrarnos en el fin devaluando el propio proceso lógico-natural que requiere para alcanzarlo. La máxima maquiavélica de que el fin justifica los medios, está más en boga que nunca. Y el mundo educativo no está exento de ello. Así lo constato tristemente cuando doy clase a jóvenes titulados universitarios, los cuales han aprendido a aprobar exámenes en un sistema educativo donde la memorización aun continúa premiándose en pleno siglo XXI, pero que a todas luces evidencian una clara carencia en la capacidad de pensar. En otras palabras, una parte importante de nuestros jóvenes han dejado de pensar para pasar a enjuiciar directamente sin una reflexión previa. Claro está que para reflexionar se requiere de tiempo (además de una mente abierta), y justamente de tiempo es lo que le falta a nuestra acelerada vida.

El proceso cognitivo de pensar requiere de tres fases bien definidas: la fase de recopilación de información mediante las acciones de la observación, la descripción y la comparación; la fase de reflexión mediante la acción del análisis; y la fase de la conclusión mediante una acción de síntesis de la información objeto de nuestro acto de pensar. No obstante, está a la orden del día emitir juicios de valor sin siquiera dedicarse el tiempo necesario para reunir la información suficiente que nos permita tener una idea clara de lo que tratamos, y mucho menos dedicamos el tiempo que requiere el acto de reflexionar sobre ello antes de tomar una opinión firme al respecto. Un escenario que si bien puede entenderse en el contexto de un diálogo discernido y superficial de barra de bar, no puede admitirse en el ámbito académico, pues la falta de la capacidad de pensar lleva al empobrecimiento mental personal y a la intransigencia social.

Una de las manifestaciones externas evidentes que se constatan hoy en día con la falta de reflexión en el proceso cognitivo del acto de pensar, es la falta del hábito de la escucha activa. En otras palabras, la escucha de un argumento -que por otro lado forma parte de la educación y el respeto básico en la relación entre personas- no se realiza comúnmente para recopilar información, sino para enjuiciar directamente (generalmente de manera peyorativa) sin un análisis previo: No se escucha, se juzga mientras se oye. Un acto reflejo impulsivo que quizás encuentre su razón de ser en la sobresaturación y celeridad de información que gestionan como pueden las nuevas generaciones a lo largo de las 24 horas del día mediante las tecnologías de la comunicación que transfieren información a nivel global y en tiempo real. Un mal hábito agravado, si cabe, por la característica de exaltación social del individualismo, propio de un mercado hedonista y de libre competencia, que desemboca en un exceso de protagonismo personal en que la norma general es sentirse protagonista (aunque sea de manera forzada) de cualquier tipo de reflexión. Sin descontar la cultura imperante de la inmediatez, que rige el principio de la sopa instantánea: todo lo queremos en minuto y medio.

Sí, una parte importante de nuestros jóvenes sobradamente preparados no saben pensar, tristemente para el conjunto de la sociedad. Pero la responsabilidad no debe recaer sobre ellos, sino en el sistema educativo que nos les ha enseñado a pensar. Seguramente como causa de un celo excesivo por desbancar aquellas materias de conocimiento que nos invitan a reflexionar sobre quiénes somos y hacia dónde vamos, y cuyo papel lo hemos externalizado a las directrices de un Mercado de oferta y demanda altamente volátil y cuya máxima es obtener beneficios económicos a corto plazo: dime qué tipo de economía aplicas, y te diré qué tipo de sociedad estás construyendo.

Mientras tanto, en el horizonte se abre una brecha de luz gracias al Pensamiento Computacional para devolver la reflexión, aunque sea de corte práctica y empírica, a nuestro sistema educativo. Si bien aún nos quedan bastantes lunas por disfrutar antes de que esta nueva versión del Pensamiento Crítico del siglo XXI se implante de manera normalizada. Por lo que, hasta que llegue la hora, la prudencia aconseja pensar en voz baja si nos hayamos fuera de espacios especialmente habitados para ello.


Artículo de referencia:


viernes, 18 de noviembre de 2016

Decálogo del nuevo paradigma del Mercado Laboral

Tras una década de crisis económica en España, que al final se ha visto que es sistémica y que ha desembocado en una crisis de naturaleza social con la extinción de la clase media como máximo exponente, me sorprende a estas alturas que aún nos basemos en una imagen estática del trabajo y del mercado laboral que ya no existe. Y así lo constaté ayer en unas jornadas sobre ocupación y emprendedoría de la que participé como ponente en una ciudad media española, de perfil productivo industrial y turístico, y en cuyo aforo habían tanto jóvenes como adultos a partes iguales. Una radiografía sociológica fiel de la resistencia al cambio, negando así el primer factor clave para la gestión de cualquier experiencia del fracaso: la aceptación.

Si continuamos apegados a un escenario de trabajo que ya no existe, intentado encontrarlo en el presente volátil y en continuo cambio y transformación laboral, estamos abocados como sociedad a una frustración colectiva que es fácil que se transforme en rabia. Por lo que es imperante que tanto los centros educativos, como las plataformas de desarrollo de promoción económica y de ocupación públicas, asienten socialmente los parámetros del nuevo paradigma del mercado laboral para que no persistamos colectivamente en perseguir espejismos.

Así pues, definamos -por simple metodología de observación y práctica empírica-, las características del nuevo paradigma del mercado laboral español:

1.-El papá Estado no tiene capacidad para asegurarte tu seguridad laboral.

2.-Los trabajos fijos de por vida ya no existen. Se impone la incerteza de los Mercados que buscan resultados inmediatos.

3.-El fracaso ya no es una posibilidad, sino una realidad de vida que enriquece tu experiencia profesional.

4.-Encontrar trabajo como asalariado requiere del diseño de un “Mapa del Tesoro” personal, pues las puertas de entrada tradicionales al mundo laboral te sumergen en una sala de espera eterna.

5.-Crearte un trabajo como emprendedor requiere de Esfuerzo, Persistencia, Flexibilidad y Resistencia. Es una carrera de fondo, que no te digan lo contrario.

6.-Emprender conlleva levantarse tantas veces como caemos, para proseguir el viaje. No es emprendedor aquel que, habiendo caído una vez, desiste de volverse a levantar.

7.-La Movilidad geográfica se impone a la marca de “Trabajador made in su ciudad”, en un nuevo mundo con posibilidades globales. Deja de aferrarte a la “comodidad” de la pobreza de un dique seco.

8.-En un mercado sobresaturado laboralmente por recesión económica, diferénciate como factor clave para ser competitivo. Descubre quién eres y qué sabes hacer realmente, y sé tú mismo. Que no te pase como a ese pez que se creía un inútil por ser juzgado toda su vida por su habilidad de escalar un árbol.

9.-En plena Era del Conocimiento que se transmite a nivel global y en tiempo real en un mundo en continua evolución, la formación ya no se limita a tus años de clase estudiantil, por lo que debes continuar formándote el resto de tu vida activa. Sin formación continua no hay Reinvención continua, y sin ésta puedes acabar fuera del mercado laboral.

10.-En un mundo contemporáneo donde el 80% del activo de las empresas es intangible, el 95% del éxito de un trabajador reside en su Inteligencia Emocional. Si preparas exclusivamente tu mente para el mercado laboral, sin formar tu corazón (Desarrollo Competencial), no te estás preparando.

Y sin más intención que este decálogo sirva de humilde foco tanto para aquellos que se adentran por primera vez en el mercado laboral, como para aquellos que trabajan por encontrar un nuevo trabajo -en un escenario hostil legislativa, fiscal y financieramente-, dejo aquí la presente reflexión para proseguir mi viaje de reinvención y actualización personal en unos tiempos exigentes para aquellos que vivimos de las rentas del trabajo fuera del establishment. Fiat Lux!



jueves, 10 de noviembre de 2016

Trump o el cumplimiento del movimiento pendular de la Historia

Ayer, tras el revuelo mediático, financiero y político de carácter mundial que produjo la victoria democrática de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos (predicciones proféticas de los Simpsons incluidas), no pude más que dejarme arrastrar por la curiosidad frente a los hipnóticos acontecimientos como un humilde espectador más -palomitas en mano-, de una entretenida película hiperealista.

Pero lo que me interesó de la película, una más de las que se estrenan diariamente en la cartelera de la humanidad (ésta, eso sí, con mayor presupuesto que otras), no fue el guión argumental en sí mismo propio de una mala telenovela (con afines y detractores según la experiencia de vida de cada cual), sino el patrón sociológico que muestra la propia película. Claro está que para poder observar un patrón se requieren de otros puntos de referencia, que en este caso es el resto de las películas de la humanidad ya estrenadas, lo que permite pronosticar cómo será la segunda parte de esta película (que al final del artículo me atreveré a exponer, por predecible).

La singularidad del estreno de la película de la llegada de Trump a la Casa Blanca, centro de operaciones de influencia mundial, dibuja de manera clara y definida el patrón que sigue la humanidad a lo largo de la historia en su evolución: el movimiento pendular. Un patrón que nos indica que la evolución de la sociedad humana está sometida a períodos de contraste cíclicos de expansión y contracción, cuya oscilación es de igual intensidad tanto en su avance como en su retroceso, y que por tanto es un proceso (físico) natural en el universo conocido que permite la fuerza cinética suficiente para generar cualquier tipo de movimiento existente.

Este movimiento pendular no solo lo podemos observar en la alternancia de gobiernos republicanos y demócratas en USA, sino también en los cambios de política socialdemócratas y conservadores-liberales en la propia Unión Europea, o los ciclos económicos de bonanza y crisis a nivel global (que actualmente en la zona euro han llevado recientemente de una política económica de expansión a otra de austeridad en busca de una nueva tendencia de crecimiento, sin mencionar el giro unionista de los países miembros a un estadio de desmembramiento actual), sino que también lo podemos observar en la alternanza de estilos de expresión a lo largo de la historia del arte, en el cambio de ciclos de las estaciones, en la rueda de continua sucesión entre el día y la noche, o incluso -con mayor fuerza gráfica, si cabe- en la contracción y expansión del lánguido cuerpo de un gusano en su caminar (o, mejor dicho, arrastrar).

Un principio pendular de evolución que genera un movimiento, sabedores que todo movimiento conlleva una dirección y una velocidad, la cual no es más que la variación de un cambio de posición por otro en el transcurso de un tiempo determinado (v=e/t). Lo que significa por un lado que toda evolución puede ser calificada de positiva o negativa según los parámetros de referencia de cada observador (he aquí la gracia de la política), y que la unidad de tiempo (t) que requiere un movimiento (v) para cambiar de posición (e) puede superar la propia unidad de tiempo de vida de un ser humano (he aquí la gracia de los cambios sociales, que suelen ser generacionales).

En un mundo impermanente, donde todo está en continuo cambio y transformación y nada es nunca igual (recordemos a Heráclito que demostró que nunca introducimos la mano en la misma agua de un río, a lo que los epigenetistas contemporáneos añadirían que tampoco la mano es la misma a cada nueva inmersión), la pregunta correcta no es sobre el movimiento pendular per se en nuestra evolución, sino si en dicho proceso de evolución perduran como inmutables algunos de los hitos del bien colectivo conseguidos por la humanidad con independencia de las alternanzas de polaridad social, tales como los Derechos Humanos, la Democracia o el Estado del Bienestar Social a nivel general, o los Derechos del Trabajo, la universalidad de la Educación y la Sanidad, o el respeto por el Medio Ambiente de carácter más particular, por poner algunos ejemplos. A lo que cabe responder, con práctica seguridad empírica, que si bien es constatable que en las nuevas sociedades occidentales siempre queda un base residual sobre la que se reedifica un nuevo movimiento social pendular, no podemos afirmar la inmutabilidad de dichos hitos de beneficio colectivo en el paso de un extremo del péndulo a su opuesto. Y a los hechos de rabiosa actualidad más o menos camuflada debemos remitirnos. Por lo que no se puede esperar que el nuevo presidente norteamericano -máximo exponente del cambio en el movimiento pendular contemporáneo- mantenga los hitos sociales del Bien Común tal y como los ha heredado, sino más bien actuará a imagen y semejanza de los antiguos imperios que, para construir el propio, desmontaban los templos, castillos y palacios del imperio conquistado para uso y beneficio particular en la construcción de un nuevo modelo de orden social.

Y sin intención de alargarme más en esta breve reflexión, tal y como me comprometí al inicio del artículo, desvelaré mi pronóstico (bueno, imputándomelo como propio resulta muy pretencioso, ya que es el pronóstico extrapolable del patrón de evolución de la misma historia de la humanidad) sobre el argumento de la segunda parte de la película que nos ocupa:

Título: Norteamérica para los norteamericanos II
Director: Donald Trump
Intérpretes: Norteamericanos & CiA, Organismos Internacionales, ciudadanos de fuera del gran país norteamericano, subciudadanos de segunda y tercera, y otros extras.
Datos: Género humano profundamente humano, USA , 2016-20120/24 (muchos minutos)
Argumento: Habiendo cumplido algunos de sus objetivos presidenciales de hacer de Estados Unidos un gran país, con talante de presidente ejecutivo de una millonaria multinacional, las políticas controvertidas de la Administración Trump caracterizadas por su pragmatismo y eficiencia de corte empresarial se enfrentan, por contraste con una clara carencia de sensibilidad social y de menosprecio a los intereses de ámbito global, a un juicio de valor moral de una gran parte de una población emergente norteamericano que acabará con el mandato republicano para devolvérselo a los demócratas, cumpliendo así el principio del movimiento pendular hasta una nueva y futura oscilación política en sentido opuesto. Nihil novum sub sole.


En un lugar a resguardo del frío de España (de Europa), a 10 de noviembre de 2016


martes, 8 de noviembre de 2016

La Filosofía, aunque se vista de Pensamiento Computacional, Filosofía se queda

La filosofía, considerada a lo largo de la historia como la ciencia más general o la ciencia de las ciencias, no es más que la capacidad del hombre de buscar una explicación racional a todas las cosas mediante la crítica y sistematización u organización del conjunto del saber, ya sea éste procedente de las ciencias empíricas, la erudición, la experiencia común o cualquier otra fuente. O dicho en otras palabras, para que haya filosofía debe de existir un razonamiento lógico-crítico, más conocido como Pensamiento Crítico, derivado de una actitud reflexiva hacia el mundo que nos rodea. Una capacidad humana, profundamente humana, que en las últimas décadas ha sido desvalorada hasta el punto de suprimir la milenaria asignatura de filosofía de los centros educativos e incluso de purgar la existencia de las propias facultades de filosofía de las universidades, en gran medida a causa de la cultura tecnológica. Pero, ¿qué sociedad vamos a construir si amputamos de las mentes pensantes la capacidad de reflexionar sobre el por qué de las cosas, con qué lógica debemos resolver los problemas que se nos platean y en qué dirección debemos ir?.

Una incógnita -derivada de una necesidad social real-, a la que la misma cultura tecnológica con que se envuelve el siglo XXI ha dado respuesta: el Pensamiento Computacional. Una tipología de razonamiento creado explícitamente para la resolución de problemas cuya metodología se resume en tres fases de desarrollo bien definidas: la definición del problema (de manera clara y completa), el análisis del problema (definiendo sus recursos y procesos), y la evaluación de las diversas alternativas seleccionando la de mayor costo-efectividad que permite plasmar la solución mediante el pseudolenguaje de los algoritmos (forma ordenada y sistemática de descomposición y solución de un problema). Todo un proceso cognitivo basado en el Pensamiento Crítico, es decir, filosofía en estado puro. Aunque, al igual que existen las diversas clasificaciones de filosofía del cambio, del esfuerzo, de la mente, de la religión, o la psicológica, en este caso concreto podríamos denominarla filosofía computacional o práctica, fundamentada en las lógicas formal y simbólica (o matemática) que tan bien conoce la filosofía mediante el desarrollo de sus múltiples teorías existentes.

La buena noticia es que, excluyendo la historia de la filosofía (que es la historia de la evolución del razonamiento lógico-critico de la humanidad), la filosofía regresa con fuerza en la era tecnológica aunque bajo otra etiqueta y un nuevo lenguaje (el Pensamiento Computacional), imponiéndose en el sistema educativo de manera transversal -como hacía siglos que no sucedía- para la sostenibilidad, retroalimentación y evolución de la misma sociedad moderna. Quién sabe si el nuevo conocimiento del Pensamiento Computacional adopte como propio, previa actualización algorítmica, el símbolo de la filosofía antigua como enseña de identidad; y en las facultades virtuales se imponga el lema redefinido de Ortega y Gasset a modo de: “Yo soy yo, y la resolución de mis problemas”, o el mismo de Sócrates rezando tal que: “Resuelve los problemas y conócete a ti mismo”. El tiempo lo dirá.

Mientras tanto, a nadie se le escapa que la universalización del Pensamiento Crítico (como esencia de la naturaleza del Pensamiento Computacional) es una muy buena noticia para el conjunto de la nueva humanidad que evolucionamos ya no bajo determinismos biológicos sino de conocimiento. Sabedores que el Pensamiento Crítico es, a su vez, fuente vital de la curiosidad humana y, por tanto, de la creatividad y la innovación, enjuiciando los parámetros de la realidad existente en busca de una nueva, mejorada y actualizada versión de la misma para beneficio de la sociedad. Otra cosa son los valores y principios imperantes de la sociedad que permita equilibrar el juego de engranajes de contrapeso existentes entre el Bien Privado y el Bien Colectivo, generadores de la fuerza motriz de toda evolución, aunque este es tema para otra reflexión.

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lunes, 7 de noviembre de 2016

Conoce la fórmula del Pensamiento Computacional: PC=[PCr.(D+RP+A)]Algt

Desde que la profesora Jeannette M. Wing de la Universidad de Carnegie Mellon (USA) utilizara el término de Pensamiento Computacional en el año 2006, este tipo de proceso mental se ha convertido en todo un nuevo paradigma para el mundo educativo vanguardista del siglo XXI. No obstante, el Pensamiento Computacional no es más que un proceso en el cual se lleva a cabo la resolución de un problema, y que por tanto sirve de base de aprendizaje para cualquier tipo de materia formativa, pero que utiliza de manera relevante las herramientas de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC's) como elementos pedagógicos. En palabras de la propia Wing “el Pensamiento Computacional implica resolver problemas, diseñar sistemas y comprender el comportamiento humano, haciendo uso de los conceptos fundamentales de la informática”. Es decir, que la esencia del Pensamiento Computacional es pensar como lo haría un científico informático cuando nos enfrentamos a un problema, un proceso cognitivo que parece representar el nuevo enfoque de la humanidad por entender el mundo. No obstante, ¿conocemos realmente cómo se desarrolla el proceso del Pensamiento Computacional?

Pero previo a diseccionar los componentes de la nomenclatura del Pensamiento Computacional, cabe apuntar -para mayor entendimiento de la materia-, que esta tipología de Pensamiento vanguardista es un proceso metodológico de resolución de problemas cuya característica viene definida por seis grandes habilidades intelectuales:

1.-Formular problemas de forma que se permita el uso de un ordenador y otras herramientas para ayudar a resolverlos,
2.-Organizar y analizar lógicamente la información,
3.-Representar la información a través de abstracciones como los modelos y las simulaciones,
4.-Automatizar soluciones haciendo uso del pensamiento algorítmico (estableciendo una serie de pasos ordenados para llegar a la solución),
5.-Identificar, analizar e implementar posibles soluciones con el objetivo de lograr la combinación más efectiva y eficiente de pasos y recursos.
y, 6.-Generalizar y transferir este proceso de resolución de problemas para ser capaz de resolver una gran variedad de familias de problemas.

Resumiendo, el Pensamiento Computacional es el proceso que permite formular problemas de forma que sus soluciones pueden ser representadas como secuencias de instrucciones y algoritmos, pudiendo aplicar -como norma general en la Era de las TIC's- herramientas y técnicas de la informática para comprender y razonar sobre los sistemas y procesos tanto naturales como artificiales que afectan a la vida del ser humano.

Tras esta breve presentación de la materia, veamos a continuación los factores claves, de manea sencilla y sintética, que conforman la fórmula del Pensamiento Computacional:

PC=[PCr.(D+RP+A)]Algt

El Pensamiento Computacional (PC) es igual al producto del Pensamiento Crítico (PCr) por la suma de factores de la Descomposición (D), el Reconocimiento de Patrones (RP) y la Abstracción (A), multiplicado por el factor del Agoritmo (Algt).

1.-Pensamiento Crítico (Pcr):

El Pensamiento Crítico es el alma del Pensamiento Computacional, pues es aquella habilidad cognitiva del ser humano que nos permite tener un razonamiento lógico-crítico, cuyo proceso nos permite analizar, evaluar o entender la manera en la que se organizan los conocimientos que pretenden interpretar y representar el mundo.

El Pensamiento Crítico comporta siete grandes estándares intelectuales universales:

    I.-Claridad: Modo en que se expresa la propuesta.
    II.-Exactitud: Grado en que la estructura empleada tiene coherencia con el material a emprender.
    III.-Precisión: La construcción o propuesta debe ser ajustada a los conocimientos.
    IV.-Pertenencia o relevancia: Entorno en el que se trata el tema.
    V.-Profundidad: Cuando el nivel de análisis, investigación y explicación se encuentra lo suficientemente cuidado.
    VI.-Amplitud: Extensión del planteamiento.
    VII.-Lógica: Argumentación acorde a las normas.

Estos estándares universales del Pensamiento Crítico hacen de éste, en esencia, los cimientos cognitivos sobre el que se construye el resto de estructura del Pensamiento Computacional.

2.-Descomposición (D), Reconocimiento de Patrones (RP) y Abstracción (A):

El factor de la Descomposición es la primera fase, sobre la base de un Pensamiento Crítico, en la que se dividen las cuatro grandes etapas del proceso de resolución de un problema. Consiste en el procedimiento por el cual un problema de mayor complejidad se desarticula en pequeñas series más manejables.

El factor del Reconocimiento de Patrones (RP) es la segunda fase, sobre la base de un Pensamiento Crítico, en la que se dividen las cuatro grandes etapas del proceso de resolución de un problema. Consiste, tras la desarticulación del problema complejo, en enfrentar las pequeñas series de manera individual para que puedan ser resueltas de forma similar a problemas frecuentados anteriormente.

Y el factor de la Abastracción (A), por su parte, es la tercera fase, sobre la base de un Pensamiento Crítico, en la que se dividen las cuatro grandes etapas del proceso de resolución de un problema. Y consiste en la omisión de la información irrelevante al problema propuesto.

3.-Algoritmo (Algt):

Pero lo que hace al Pensamiento Computacional diferente a otros modelos de procesos cognitivos de resolución de problemas, es justamente su presentación algorítmica en un mundo globalmente informatizado (por no decir computacionado). No obstante, más allá del uso del lenguaje informático, cabe subrayar que un Algoritmo es una forma ordenada y sistemática para descomponer y resolver un problema (en nuestra vida diaria lo hacemos continuamente), erigiéndose por naturaleza de manera lógica en la cuarta y última fase de la que se componen las cuatro grandes etapas del proceso de resolución de un problema sobre base de Pensamiento Crítico.

Las características de los Algoritmos son seis:
1.-Finito: Tiene un inicio y un fin,
2.-Concreto: En todos y cada uno de sus pasos ordenados y sistematizados,
3.-Legible: Está bien estructurado, con un lenguaje (no tiene por que ser informático) claro y bien organizado,
4.-Eficiente: Siempre busca la mayor rentabilidad economizando el proceso,
5.-Ambiguo: Debe estar libre de errores,
y, 6.-Definido: Siempre ofrece la misma solución a un problema concreto de un contexto predeterminado.

Personalmente, si algo me satisface del Pensamiento Computacional por encima de cualquier otra consideración sobre el mismo, es que a través de esta nueva herramienta pedagógica del Siglo XXI útil para la docencia de cualquier disciplina (ya sean de ciencias o de humanidades), vamos a poder universalizar el Pensamiento Crítico en las nuevas sociedades. Sabedores que el Pensamiento Crítico es una habilidad que no solo permite al ser humano resolver problemas de una manera más eficiente, sino que nos hace más analíticos y curiosos frente a nuevos temas de interés, potenciando de esta manera capacidades como la creatividad, la intuición, la razón y la lógica, entre otras virtudes propias de personas que -herederas de un legado de desarrollo social- se deben a la evolución de sus tiempos. Fiat lux!



N.A.: Este artículo forma parte de la serie de “Las Fórmulas de la Vida” que tienen como objetivo conceptualizar las unidades nucleares de conocimiento independientes sobre las que se construye la materia del Desarrollo Competencial, para de este modo -como si se tratasen de piezas de lego- poder configurar a medida la estructura didáctica para cualquier caso teórico o práctico del Management.