lunes, 6 de octubre de 2014

A los supervivientes de la clase media

Quizás la clase media no sea más que un eufemismo de la clase obrera de toda la vida.

Quizás la clase media no llegó a existir nunca,
mas solo fuera una etiqueta arrogante de los pobres,
que los ricos consintieron alimentar,
para que con nuestra hambre de consumo alimentásemos sus carteras. 

Quizás la clase media no sea más que un eufemismo del pobre con estudios.

Quizás la clase media dejó de interesar
(y aún más, comenzamos a molestar),
cuando crecimos y nos reproducimos en demasía,
y enarbolando la bandera de los derechos fundamentales del ser humano,
y embriagados por la cómoda vida de los estados del bienestar social,
e hipnotizados por el credo de que todos somos iguales en democracia,
nos atrevimos a exigir a los ricos la redistribución equitativa de sus rentas .

Quizás la clase media no sea más que un eufemismo de un índice de productividad del Mercado.

Quizás la clase media sólo se podía quedar a medias,
para regresar por inercia gravitatoria,
tras el espejismo de una o dos generaciones,
al origen de su bajo estrato social,
arrastrado de nuevo a la pobreza por el peso de por vida de la deuda familiar,
(la gran estafa del prestamista que ahora te da un poco para después quitártelo todo)
donde los ricos se hacen más ricos comprando hambrunas a precio de saldo.

Quizás la clase media no sea más que un eufemismo de los ciudadanos de tercera.

Quizás la clase media no es más que un desahucio social anunciado,
por exceso de productividad de una economía global,
donde se devalúan a las personas para proteger al Capital,
rescindiendo trabajo, subsidios, prestaciones, e incluso derechos fundamentales a corto plazo como la vivienda, la salud, la educación o la alimentación, e incluso derechos a futuro como puedan ser el reposo final de ese lujo de antaño al que llamaban jubilación.

Quizás la clase media sea un eufemismo en el diccionario del poderoso caballero Don Dinero.

Quizás sea un eufemismo,
pero  los supervivientes de la clase media no lo somos,
y en nuestra real existencia nos volvemos a levantar
para hacer magia de la miseria,
hallar belleza en las imperfecciones de la carencia,
y construir un nuevo mundo donde la abundancia se reparte entre todos.

Quizás sea un eufemismo la clase media,
hasta que los supervivientes reclamemos nuestra propia identidad,
y ya no haya eufemismos, ni medias clases,

sino hombres y mujeres en pleno uso de derecho por nacimiento de nuestra Libertad.