miércoles, 24 de septiembre de 2014

El hombre moderno no sabe vivir en sociedad

El hombre moderno no sabe vivir en sociedad, porque vive desde el Ego y el Ego es la supremacía de la individualidad.

Y todo el mundo sabe que la individualidad no busca alcanzar ningún pacto social en beneficio de la comunidad, fórmula rousseauniana que define la sociedad, sino que busca alcanzar su propio y exclusivo beneficio por encima y a costa del conjunto de los demás.

Toda sociedad que se configura des de la suma de sus individualidades, sin mayor ideal de transcendencia personal por parte de sus conciudadanos que la exaltación de su Ego, no puede más que desarrollarse de manera amorfa y desigual, engendrando insolidaridades humanas e injusticias sociales.

Y en dichas sociedades amorfas y desiguales, el medio natural del Ego para poder realizarse en su máximo esplendor no es otro que el Poder (cada cual a su escala). Un espacio donde el Ego se retroalimenta y a la vez, en un íntimo proceso simbiótico, retroalimenta al mismo Poder para hacerlo cada vez más grande y más fuerte en beneficio y supervivencia propio.   

El hombre moderno no sabe vivir en sociedad, porque vive desde el Poder del Ego y el Poder del Ego es la supremacía de la injusticia social. Un desequilibrio social que ha convertido la sociedad en un mercado, donde los ratios de competitividad y rentabilidad económica marcan los índices de éxito del Ego en la exaltación de su individualidad.

El hombre moderno, sin darse cuenta, dejó de vivir en una sociedad para coexistir en un mercado (con falso y barato envoltorio social, como marcan los cánones del marketing de ventas).

Pero aún hay tiempo.
Porque siempre hay tiempo de reiniciar las historias de nuevo.
Si se quiere y hay consenso, claro! …Y valentía para reinventarse de nuevo.

Aún hay tiempo para que el hombre moderno reaprenda a vivir en sociedad.

Aún hay tiempo para que el hombre moderno sea capaz de desarrollar su individualidad desde un ideal personal de transcendencia colectivo, donde el fin es el bienestar social de todos, que no es más que velar los unos por los otros.

Aún hay tiempo para redimirse y cuidar de nuevo por la pareja de ancianos que se acaba de desahuciar, dejándolos en la calle y sin casa.

Aún hay tiempo para redimirse y cuidar de nuevo por la familia que no tiene ni para dar de comer a sus hijos.

Aún hay tiempo para redimirse y cuidar de nuevo del enfermo en estado crítico al que se le ha retirado la medicación por criterios económicos.

Aún hay tiempo para redimirse y cuidar de nuevo del jovensénior parado que marchita su esperanza al pasar los días y no encontrar trabajo.

Aún hay tiempo para redimirse y cuidar de nuevo de tantas y tantas injusticias sociales, que todas, absolutamente todas, son historias reales de familias con nombres y apellidos que acaban convirtiéndose en espectáculo y entretenimiento televisivo.

Aún hay tiempo para redimirse y cuidar de nuevo. Porque eso es lo que debe ser y se debe hacer en una sociedad común: cuidarse los unos de los otros.

Porque si no, ¿qué sentido tiene formar parte de una comunidad en la que no velan por ti?

El hombre moderno sabrá vivir en sociedad, cuando viva por y para el bienestar social de todos y cada una de las personas que forman su comunidad.

El hombre moderno sabrá vivir en sociedad, cuando sepa transcenderse a sí mism@.


...(Y no hay trascendencia de sí mism@ sin una dimensión espiritual de la existencia)

jueves, 18 de septiembre de 2014

La Vida, para ser vida, debe ser frágil y efímera

La vida es frágil porque debe reinventarse cada día, sino no sería vida, sino sería la nada.

La vida es continuo movimiento en constante evolución, pero para que haya evolución debe haber nacimiento y muerte, pues sino no sería vida continua, sino vida punto y aparte donde se abocaría a la nada.

La fragilidad de la vida es la esencia de su propia fortaleza, de la fuerza continua de la vida por actualizarse constantemente en una mejor y renovada versión de sí misma.

La fragilidad de la vida hace posible la continuidad de la vida, ya que se perpetúa en el espacio-tiempo a través del ciclo continuo de muerte y renacimiento.

La fragilidad de la vida nos convierte a todos y todo en prescindibles, pues nuestra prescindibilidad retroalimenta la continuidad de la propia vida en su regeneración eterna.

La fragilidad de la vida se mueve sobre las coordenadas existenciales de la dualidad, cuyas fuerzas de polaridad opuesta permiten la acción de movimiento de la propia vida en el continuo espacio-tiempo.

Nuestro mundo dual, -donde la noche no puede ser sin el día, ni el invierno sin el verano, ni la inspiración sin la expiración, ni la tristeza sin la alegría, ni la luz sin la oscuridad-, es la estructura cosmogenética de la fragilidad de la vida que en su continua rotación pendular en su dualidad permite la acción de movimiento necesaria para su existencia.

La vida es movimiento, pero para que haya movimiento debe haber contrastes de causa-efecto, de acción-reacción, en un sistema existencial de referencias dual y polarizado, donde la concatenación e interrelación múltiple de diversos planos dimensionales de vidas frágiles –y, por tanto efímeras-, generan el engranaje de movimiento de la propia Vida.

La muerte en la fragilidad no es más que el revulsivo en que se reafirma la vida para continuar existiendo en su efimirez.

Cada aliento de vida desencadena la existencia a otra vida…

Por ello, sé que soy frágil en mi esencia. Porque formo parte del movimiento de la vida que se impulsa a través de mi efímera existencia.

Y en la aceptación de esta realidad me siento liberado de las cargas circunstanciales de mi humilde historia. Pues es en el desapego donde radica mi fuerza, ya que permite armonizarme con el flujo natural, frágil y efímero de la propia Vida.


Inspiro y expiro en mi efímera fragilidad.

viernes, 12 de septiembre de 2014

No hay ninguna realidad igual a otra. Revindica la diferencialidad de la tuya propia!

Cada planeta es una realidad. Cada continente de ese planeta es una realidad. Cada país de esos continentes es una realidad. Cada ciudad de esos países es una realidad. Cada familia de personas de esas ciudades es una realidad. Cada persona de esas familias es una realidad. Tú eres una realidad. Una realidad que cambia, se modifica y transforma cada vez que inspiras y expiras. Al igual que el resto de realidades.

Todos somos realidades diferentes e individuales que convergemos y divergemos con ópticas cóncavas y convexas, según nuestra posición con respecto al resto de realidades referentes de nuestro entorno más inmediato, en un mismo espacio real poliédrico cuya naturaleza se pierde en su estructura holográfica a lo largo, ancho y alto del universo infinito, y cuya textura diferencial nos viene dada por el determinismo biológico, cultural, social, psicológico y de evolución espiritual personal.

No hay realidad igual a otra. Como no hay dos copos de nieve idénticos. Pensar lo contrario es del loco que aún cree que la Tierra es plana, el tiempo absoluto y que el hombre viene del mono. No hay realidad igual a otra. Pero sí diferentes realidades en un mismo espacio que luchan por fogacitarse las unas a las otras, intentando cada cuál imponer la catedral de su verdad “real”, como bacterias en guerra convulsiva por expandirse sobre un mismo cuerpo cuya relevancia vital es equiparable a la conquista sobre una molécula de agua de una de las millones de gotas que dibujan el horizonte del océano.

Somos múltiples realidades oliendo de mil maneras diferentes una misma flor, viendo de mil maneras diferentes un mismo cielo, y experimentando de mil maneras diferentes un mismo amanecer. Múltiples diferentes realidades que cambiamos constantemente en el pequeño intervalo de tiempo para la eternidad que va desde ese mismo amanecer a su propio ocaso. Múltiples diferentes realidades impermanentes intentando vivir en una realidad común.

Somos realidades diferentes, que aun viviendo una misma experiencia, la respiramos, sentimos, integramos y transmitimos de manera diferente.

Así pues, amig@, nuestro es el derecho por ley natural de identificarnos y posicionarnos en la diferencialidad de nuestra realidad, aunque sea la que más difiera de su entorno, pues es nuestra y de nadie más. Y justamente en esa identificación radica la esencia de reconectarnos con nuestra naturaleza verdadera, que no puede ser de otra manera que diferente a todas las demás.


Y por otra parte, no te preocupes por nada más, pues tu realidad será enterrada en el olvido de los tiempos tras tu muerte. Así pues, vive con valentía tu diferencialidad!, sabiendo que solo debes preocuparte cuando dejes de ser diferente, pues es el claro síntoma de que has dejado de ser Tú mism@.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Somos engranajes biológicos

Nuestro cerebro está siendo desmontado y vuelto a montar todos los días (…) En una semana a partir de hoy , nuestro cerebro estará compuesto de proteínas totalmente diferentes de lo que es hoy, nos dicen los biólogos moleculares de nuestro siglo.  Y lo mismo pasa con nuestro Universo, que se desmonta y vuelve a montar todos los días, como sabemos con lo poco que conocemos de su funcionamiento.

Ahora, además, nuevas investigaciones nos revelan que las galaxias que forman el Universo conocido están unidas entre sí por un filamento de gas, creando una imagen macrocósmica similar a la conexión de neuronas que tenemos en nuestro cerebro. Como si las galaxias fueran las neuronas de un cerebro superior, y nuestros planetas y estrellas, asimismo, los elementos protéicos de esas neuronas cósmicas.

Si esto fuera así, ¿dónde quedan nuestros pensamientos? ¿Y nuestros sueños? Y, por si fuera poco, uno no puede dejarse de preguntar ¿en qué estadio de la existencia se haya el ser humano? Lo que parece evidente, es que la respuesta apunta hacia a una escala muy pequeña. Aunque comparados con la escala de existencia de un microscópico ácaro (una subclase de arácnido), cuya alguna clase de ellos viven incluso en nuestro cuero cabelludo, debemos parecerles dioses. Al igual que sucede con una hormiga, que seguramente puede llegar a presentirnos sin poder concebirnos en nuestra totalidad por la diferencia de escalas de tamaños. ¿Quién no se ha parado a ver una hilera de hormigas, incluso de interceder en su recorrido, sin que puedan saber de nuestra presencia?

Quizás la naturaleza de nuestra existencia como seres humanos (una más en el vasto universo desconocido), con todas nuestras luchas de luces y sombras, no esté más que predeterminada por nuestra aportación en la función protéica de las neuronas del cerebro cósmico. Cuya escala no podemos más que intuir, al igual que le pasa a la hormiga con nosotros. Y de cuya finitud no podemos llegar ni a imaginar en un Universo que parece ser infinito en el espacio cuatridimensional (anchura, longitud, profundidad y tiempo).

Sea como fuera, lo que queda subyacente es que todo lo que existe en el Universo tiene una funcionalidad, como engranajes perfectos de un gran reloj biológico, en que cada pieza tiene su lugar, posición y función. En este sentido, a escala humana, profundamente humana, tan sólo cabe entender cuál es la función exacta de nuestra existencia en la vida a título personal. O, dicho en otras palabras, ¿qué hemos venido a hacer en este mundo? Parece pues que alcanzar dicha búsqueda nos hará sentir realizados en nuestra humilde existencia.


Así pues, solo cabe desear una feliz Bitácora personal, viajeros buscadores.   

Recolectando flores en el desierto

UNO:
Recolectando flores en el desierto

(y) UNO:
Recolectando flores en el desierto es como se siente el parado,
cuando cada día se levanta buscando hallar la esperanza
en un cuarto cerrado de su casa sin puertas ni ventanas. 

DOS:
Recolectando flores en el desierto es como se siente el estudiante,
cuando estudia y estudia para rasgar un poco de suerte
de vivir soñando mientras sirve copas en un bar de temporada.

TRES:
Recolectando flores en el desierto es como se sienten los padres,
cuando el lloro hambriento de los hijos hace eco en su nevera desahuciada
mientras los restaurantes de lujo extasían en sus reservas a un año vista.

CINCO:
Recolectando flores en el desierto es como se siente el ciudadano de tercera,
cuando lucha desde el último bastión de la resistencia de la dignidad humana
convencido en su agonía que la democracia nos hace a todos por iguales.    

OCHO:
Recolectando flores en el desierto es como se siente el nuevo pobre,
cuando en su riqueza de espíritu no queda magia para crear nuevas realidades
pues las cárceles de los endeudados se entierran bajo tierra por generaciones.   

TRECE:
Recolectando flores en el desierto es como se siente el desamparado,
cuando se dirige con porte humilde y humillado a la puerta dorada de la solidaridad
y se percata que a cada paso que da se empequeñece y desvanece el portal.

VEINTIUNO:
Recolectando flores en el desierto es como se siente el que se sabe no jubilado,
cuando ya conoce de antemano que no suma y sigue los selectos años cotizados
reconociéndose en vida un proscrito de nichos, cementerios y lugares santos de descanso.

TREINTA Y CUATRO:
Recolectando flores en el desierto es como se siente el inmigrante,
cuando su condición de humano viene determinado por la (des)gracia de un papel
que le condena a la maldición de la invisibilidad mientras se suicidevora la mente.

CINCUENTA Y CINCO:
Recolectando flores en el desierto  es como se siente un hombre cuerdo,
cuando se halla asediado por una multitud de desequilibrados emocionales
que gritan desgarradamente una realidad falsa para intentar hacerla más real.

OCHENTA Y NUEVE:
Recolectando flores en el desierto es como se sienten los hombres justos,
cuando los desalmados se enseñan con alevosía y malas artes en su mediocridad
comprando y retorciendo la justicia hasta convertirla en injusta.

CIENTO CUARENTA Y CUATRO:
Recolectando flores en el desierto es como se siente el sabio,
cuando habla, visiona y explica y nadie lo entiende
porque en el mundo de los monos un diamante tan solo es una piedra.  

DOSCIENTOS TREINTA Y TRES:
Recolectando flores en el desierto es como se siente una madre,
cuando desesperada llora de rodillas en la cama de su casa malhayada
en medio de una encrucijada de bombas de banderas que sangran las sábanas.   

TRESCIENTOS SETENTA Y SIETE:
Recolectando flores en el desierto es como se siente un Guerrero de Luz,
cuando el ejército de la oscuridad avanza sin agotamiento en la ancestral batalla
devorando todo Bien e imponiendo el Mal en un momento decisivo de la Humanidad.

…377, 233, 144, 89, 55, 34, 21, 13, 8, 5, 3, 2, 1

                                [silencio, se respira]
UNO:
Recolectando  flores en el desierto

(y) UNO:
Recolectando flores en el desierto es como me siento,
cuando de las cenizas hago abono para fertilizar la tierra
y de la arena yerma, con paciencia, tesón, defensa y decisión,
creo nuevamente vida eterna con el aroma que embaraza el aire de una sola primera flor.

DOS:
Recolectando flores es como me siento,
cuando replico TRES,
CINCO,
OCHO,
TRECE,
VEINTIUNO,
TREINTA Y CUATRO,
CINCUENTA Y CINCO,
OCHENTA Y NUEVE,
CIENTO CUARENTA Y CUATRO,
DOSCIENTOS TREINTA Y TRES,
TRESCIENTOS SETENTA Y SIETE,
y N secuencias sucesivas creando nuevamente Luz en un Universo duplicado y expansivo!