sábado, 21 de junio de 2014

Aceptación no es sumisión, es afianzarte en tu Autoridad Interna

Nos toca vivir tiempos convulsos socialmente, inmersos dentro de un intenso período de tránsito energético del propio planeta, donde la actitud de la Aceptación está a la orden del día como refugio en busca de cordura y paz interior de última instancia. No obstante, la Aceptación no es más que un concepto cuya manifestación en nuestras vidas diarias difiere mucho según con qué carga emocional la acompañemos: victimismo o responsabilidad ante la vida.

Así pues, he aquí un par de apuntes para resituar la Aceptación en su justa medida:

1.-Si la Aceptación representa ceder nuestro poder personal ante terceros, es sumisión, y por tanto va asociado con el universo de emociones vinculadas al victimismo: Yo no puedo, Yo no valgo, Yo no me lo merezco.    

2.-Si la Aceptación representa fluir constantemente desde el aquí y el ahora sin un objetivo marcado que de sentido a nuestra propia existencia en el mundo, como marinero en mar sin rumbo determinado y a la merced del vaivén de las olas, es sumisión, ya que igualmente estamos cediendo nuestro poder personal a cada instante ante terceros, ya sean personas o circunstancias.

3.-En cambio, si la Aceptación representa la Templanza que requiere una circunstancia para proseguir el camino que nos conduce a nuestro objetivo, esto es Autoridad Interna, ya que sabemos Ser y Estar en ese justo tránsito sin ceder nuestro poder personal.

Aceptación como sumisión es resignación, y por tanto cedemos nuestra Autoridad Interna al mundo.

Aceptación como Templanza es Presencia, y por tanto no cedemos nuestra Autoridad Interna al mundo. Ya que para que haya Autoridad Interna debe haber Templanza; para que haya Templanza debe de haber Presencia; y para que haya Presencia debe de haber Aceptación del momento presente. Una Aceptación del que se sabe Responsable de su propia Vida, y no una víctima de la misma.


Si un@ no se responsabiliza de su propia vida, si un@ no coge las riendas de su Autoridad Interna, nunca podrá alcanzar sus sueños, sino que participará ya sea de manera activa o pasiva en la consecución de los sueños de otros. Pero aún más grave, sin Autoridad Interna se le pasará el tiempo de su existencia viviendo la vida de terceros sin llegar a descubrir, y por tanto sin poder realizarse, en lo que un@ Es y para lo que hemos venido a Hacer. Nuestra es la decisión. Nuestra es nuestra vida, que nadie va a vivir por nosotros. Feliz existencia!