martes, 25 de junio de 2013

Diccionario del Alma (Cansado/da-Cargar) XIIª Entrega

Cansado, -da: (Anímicamente) Efecto de desgaste vital causado por una ceguera reduccionista de la vida. 
Cansancio: Uso desequilibrado de la energía vital personal cuyo exceso contagia en cadena al cuerpo físico, mental y emocional.   
Cansar: Acción de desgaste.
Cansino,-na: 1. Efecto de un reclamo o atención insistente. 2. Persona que no prosigue su propio camino.
Cantábrico: La faceta brava del mar.
Cántabro, -bra: Un celta moderno.
Cantante: Un terapeuta de la voz.
Cantar: Vibración sonora del cuerpo emocional.
Cantera: La expoliación de la montaña.
Cantero: Cirujano de la cantera.
Cántico: Lenguaje del corazón.
Cantidad: Suma de individualidades.
Cantimplora: La posibilidad del abastecimiento.
Cantina: Escondite de uno mismo y el mundo.
Canto: La palabra devuelta a su cuna musical.
Canturrear: Susurro anímico.
Caña: La maestría de la aceptación.
Cañería: La posibilidad del flujo.
Cañón: La intencionalidad de infringir dolor.
Cañonero, -ra: Siervo de la muerte.
Caoba: La potencialidad del árbol.
Caos: Multiplicidad de sincronicidades.
Caótico: Incomprensión del caos.
Capacidad: Alineación entre mundo interior y exterior.
Capacitar: Redescubrir una habilidad.
Capar: Coartar una capacidad.
Caparazón: Escudo del miedo.
Capataz: Persona capacitada que dirige.
Capaz: Quien busca superarse.
Capcioso,-sa: Falta de transparencia.
Capear: Fluir con los cambios.
Capellán: 1. Persona entregada al desarrollo de su espiritualidad. 2. Hombre dedicado al cuidado del Amor por todas las criaturas.
Capeo: Acción que no integra una situación, sino que la evade mediante artes de despiste.
Caperuza: (Roja, de cuento) La fortaleza de la inocencia.
Capicúa: El Alfa y Omega de una frecuencia.
Capilar: La última capa del cuerpo físico
Capilaridad: La flexibilidad del tacto.
Capilla: Puerta dimensional de nuestra propia trascendencia.
Capital: 1. Algo destacable. 2. (Dinero) Medio de intercambio de habilidades y elemento armonizador de desequilibrios sociales.
Capitalismo: 1. Dogma absolutista del capital. 2. (Mercado) Divinización del capital donde éste se convierte en un fin. 3. El egoísmo hecho religión.  
Capitalista: (Economía) Persona que sobrepone la vida del capital por encima de la vida del ser humano.
Capitalizar: Acaparar
Capitán, –na: 1. Persona a la que se le ha cedido el derecho de decisión personal en busca del bien común. 2. Estadio de responsabilidad moral.
Capitanear: Dirigir con inteligencia colectiva.
Capitel: Aquello que encabeza y a su vez aguanta.
Capítulo: Un punto en el continuo del espacio-tiempo.
Capricornio: Destello de un rasgo de identidad de las estrellas en el ser humano.
Capricho: Necesidad de satisfacción del Yo.
Caprichoso, -sa: Ego malcriado.
Cápsula: Aislante del infinito.
Capsular: Acción de defensa frente al deterioramiento.
Captación: Atraer para sí.
Captar: Integrar.
Capturar: 1. Captar contra voluntad. 2. Falta de respeto por la libertad ajena.
Capuchino, -na: El que busca la espiritualidad desde el retiro y la vida contemplativa
Capullo: La crisálida de la semilla.
Caqui: La energía revelada bajo la forma de una onda vibratoria de luz.
Cara: Accidente biológico del alma eterna.
Carabela: La intrascendencia del cuerpo físico.
Caracol: El aliento divino de una de las geometrías sagradas del Universo.
Caracola: Diversidad de la espiral de la vida.
Carácter: 1. Materia moldeable. 2. El activo que crea las realidades individuales.
Característico, -ca: Elemento diferenciador.
Caradura: Falta de respeto por el prójimo.
Carambola: Sincronicidades visibles.
Caramelo: El adulzurante del gusto.
Carantoñas: Estado infantil de la comunicación previo al lenguaje.
Carbón: El poder regenerador y transmutador del reino vegetal.
Carbonero, -ra: Maestro de la Tierra y el Fuego.
Carbono: Pieza del puzzle vital.
Carburador: Corazón mecánico.
Carburante: El espíritu de la Tierra convertido en savia de vida para los seres mecánicos.
Carcajada: El alma que ríe.
Carcamal: 1. Persona experimentada. 2. Persona anclada en el pasado.
Cárcel: Estigmatización del fracaso.
Carcoma: Anuncio de la transitoriedad de las cosas.
Cardenal: 1. (Físico) Recuerdo de resistencia a la invasión del espacio personal. 2. (Catolicismo) Persona consagrada al servicio de los más necesitados.
Cardíaco: (Ataque, salud) Señal de aviso frente a una vida tensionada. Persona que vive empujando, no fluyendo.
Cardo: La diversidad de la belleza natural.
Carecer: Necesidad del Yo.
Carencia: Estado febril de un ser completo.
Careta: 1. Tantas como falsos Yo tenemos. 2. Pose artificial de las personas que aún no se han reencontrado consigo mism@s.
Carga: Todo aquello que dicta la mente Hacer en contra de lo que el corazón siente Ser.
Cargar: (En contra del Ser) Ceder el poder personal a terceros.


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¿Cómo reinventar mi negocio en clara decadencia?

Esta inquietud manifestada en todas las clases que he dado sobre reinvención e innovación es la pregunta del millón en estos tiempos que corren, a la que los protagonistas suelen responder en sus vidas diarias haciendo lo mismo que hacían con anterioridad sin querer percatarse que las reglas del juego han cambiado. Una actitud a la que podemos llamar apego, en este caso a un pasado empresarial ya prácticamente inexistente, así como falta de aceptación a la realidad presente.

Sí, la vida está en continuo cambio y transformación, ya que el principio de impermanencia es una ley que afecta a todo el Universo conocido. Desde las galaxias, pasando por las estrellas hasta llegar a los átomos que forman las células de nuestros cuerpos se encuentran en un flujo de cambio constante. Una ley universal a la que no escapa ni los mercados ni nuestros proyectos empresariales, por lo que aceptar los cambios no solo es armonizarse con el ritmo natural de la propia vida, sino desarrollar la capacidad de adaptarse a los mismos. Si no fuera así, aún existiría aquél comercio a la esquina de la calle que elaboraba y vendía cestos y escobas de mimbre, o aquella famosa tienda de discos de vinilo en Londres que se hizo mítica por vender los primeros álbunes de los Beatles, o aquel profesional liberal que iba de pueblo en pueblo afilando cuchillos o vendiendo productos farmacéuticos, o aquella microempresa textil que daba trabajo prácticamente a toda una ciudad, o aquella otra fábrica que producía máquinas de escribir o cassetes de grabación con cinta magnética.  

Ante esta realidad en continuo cambio y transformación tan solo tenemos dos opciones:

Una: Aguardar la muerte anunciada de nuestra actividad económica, negándonos las señales evidentes de cambio de mercado (marcado por el giro de tendencias en la oferta y la demanda), enfrascados en continuar malgastando las energías en ejercer una práctica empresarial ya infructífera (muy a nuestro pesar y bajo la presión de un asegurado desgaste personal), y resoplando con pesadumbre a cada nuevo día que levantamos la persiana de nuestro negocio.

O dos: Distribuir parte de nuestras energías empresariales en reinventar una nueva línea de negocio. 

En ambos casos tenemos un punto fuerte: que contamos con una unidad empresarial operativa; así como con un punto débil: que dicha unidad empresarial tiene unas cargas estructurales fijas a cubrir.

A partir de aquí, sigamos la siguiente línea argumental:

1.-Pongamos la atención en la parte positiva, ya que en ella radica la fortaleza para poder reinventarnos, que es el hecho de que disponemos de una unidad empresarial operativa, por pequeña que sea. Es decir, que contamos con un activo humano,  logístico y relacional que, aunque no sea solvente en la actualidad, aún es existente.

Y, 2.-Permitámonos abrirnos a la potencialidad de una estrategia empresarial excesivamente en desuso: la diversificación. Una práctica realizada a lo largo de la historia de las empresas que, en algunos sectores productivos supuso incluso la substitución a la larga de la actividad económica principal de las empresas. Como es el caso del enoturismo frente a la producción de vino en el sector vitivinícola.

Pero, ¿en qué diversificamos los activos de nuestra unidad empresarial?, podemos preguntarnos.

La respuesta, más allá de buscarla en ponernos a pensar en hipotéticos nichos de mercado potenciales, debemos encontrarla en el potencial de nuestro equipo humano, con independencia de la responsabilidad actual que ocupe cada uno de sus miembros. Es decir, todos y cada uno de nosotros tenemos habilidades y dones innatos por desarrollar que muchas veces no corresponden con las funciones que una persona ocupa en una empresa, a causa de las limitaciones derivadas por la necesidad de cubrir o ocupar un puesto laboral en un momento determinado de la vida de la empresa y de las personas. Por ejemplo, una persona proactiva, que hace las funciones de secretaria, seguro que tiene un potencial a desarrollar en muchas otras facetas dentro de un proyecto empresarial emergente, ya sea como creativa, relaciones públicas, vendedora, financiera o productora. La cuestión radica en descubrirlo.

No tenemos que olvidar que el alma de las empresas son las personas, pues somos las personas las que damos vida, contenido y funcionalidad a cualquier actividad económica. Así pues, si deseamos reinventar nuestra empresa debemos contar con la participación e implicación de todas y cada una de las personas que forman el equipo humano de la estructura empresarial, que seguro nos sorprenderán al exponer cualidades hasta el momento desconocidas. Por lo que lo más inteligente es contar con todos para la definición de la nueva línea de negocio, en la que las responsabilidades de cada uno irán directamente relacionadas con el redescubrimiento de sus habilidades potenciales, ya que en el desarrollo de esas habilidades personales radica la motivación y la ilusión necesaria para viabilizar un proyecto.

Llegados a este punto, conseguiremos tres objetivos claves para la reinvención de nuestro negocio:

1.-La plena implicación de todos y cada uno de sus miembros en un nuevo proyecto definido de manera comunitaria (Es muy importante la comunicación transversal y horizontal entre todos para asegurar el consenso en la definición e integración de la nueva idea de negocio)

2.-La plena motivación del equipo al posibilitar el desarrollo de las habilidades potenciales e innatas de sus miembros. (No hay persona más motivada que aquella que hace lo que le gusta)

Y, 3.-La energía suficiente para ser persistentes y flexibles en la consecución del éxito empresarial, derivado de los puntos anteriores.    

Y una vez ya tenemos clara la línea de diversificación del negocio, así como la distribución de las nuevas competencias, solo cabe:

4.-Redistribuir la energía empresarial entre la continuidad (o minimización) de la antigua actividad económica en decadencia con el nuevo proyecto empresarial emergente mediante una adecuada organización de trabajo.

Ya que de igual manera que una persona en su trabajo cuenta con una distribución de tareas en su puesto de responsabilidad, asimismo toda persona tiene plena capacidad (y más aún si está motivada) para distribuirse entre dos responsabilidades diferentes relativas a dos líneas de negocio propias dentro de una misma estructura empresarial.

Y a partir de aquí, solo cabe trabajar para hacer realidad nuestro nuevo sueño!



lunes, 17 de junio de 2013

Eres suficiente inteligente para crear una empresa sin dinero

Hace un par de días, una vez más, realizamos un caso práctico de cómo montar una empresa sin necesidad de capital en ocasión de la última clase del curso de empresariales para grado ADE/DFC de la Universidad Camilo José Cela en Madrid. Un ejercicio práctico, a modo de colofón de la clase “Reinventarse como dinámica de éxito”, donde rompimos esquemas preestablecidos, ampliamos los horizontes visuales de nuestras conciencias, y conectamos con la inteligencia y la capacidad creativa innata que poseemos todas las personas. O, dicho en otras palabras, realizamos un ejercicio en el que volvimos a creer en el ser humano como ser creador de nuevas realidades.

Desde los albores de la humanidad, el ser humano, a diferencia del resto de especies del planeta, hemos creado realidades inexistentes en el medio natural de manera continuada, desde un cubo, un telescopio, un coche, un sombrero, un satélite o un microondas, por poner algunos ejemplos, hasta configurar el mundo cotidiano en el que vivimos. Pero para crear algo de la nada, primero lo soñamos y, acto y seguido, si ese sueño nos ilusiona y motiva lo suficiente para persistir en el tiempo, lo acabamos materializando en nuestra realidad más inmediata mediante el uso de nuestra inteligencia. Esta impetuosa necesidad por crear cosas nuevas, que redefinen continuamente nuestra realidad como individuos y como especie, nos revelan dos cualidades innatas de todo ser humano: que somos seres emprendedores y creativos por naturaleza.

Pero para crear, como hemos visto, primero hay que soñar. Y soñar significa imaginarte una nueva realidad que trasciende la lógica conocida. ¿En qué lógica cabe que un artefacto construido con toneladas de pesado metal pueda volar o flotar, como es el caso de los actuales aviones y barcos? Así pues, el ser humano primero sueña y, posteriormente, pone la inteligencia al servicio de ese sueño. En otras palabras, es el corazón quien sueña el que debe alinear a la mente que piensa, y no a la inversa; pues la mente sin sueño no traspasa los muros de la realidad conocida, al igual que le sucede al ratón enjaulado que corre sin parar ni avanzar sobre su rueda autogiratoria.

En este punto, debemos reeducarnos en la diferencia entre soñar y pensar, así como en la necesidad de educarnos en ampliar nuestra capacidad de trascender la corta visión de lo conocido que limita nuestra capacidad de soñar. Y justamente esta integración y aplicación en nuestras vidas diarias de nuestro enorme potencial que es el soñar es lo que permite reinventarnos como personas a escala individual, y como sociedad a escala colectiva, siendo conscientes que cuando nos reinventamos estamos definiendo el tipo de vida que vamos a vivir. Así pues, ¿cómo quieres vivir?, ¿en qué te vas a reinventar?, sabiendo que nadie va a vivir tu vida por ti y que, además, al definir tu propia vida también estás definiendo el mundo en el que vas a vivir y legar como herencia a las generaciones que te precedan.

Y tras soñar, solo falta dar el paso más sencillo: aplicar nuestra inteligencia. Todos somos lo suficientemente inteligentes para gestionar nuestra materia gris que nos permita alcanzar nuestros sueños. Y aún más ante el privilegio de vivir en una época de la humanidad marcada por la abundancia y por un mundo globalizado, donde la gestión de conocimientos, recursos y servicios no conoce fronteras de mercado (espacio), ni de distancias (tiempo).

Una premisa extensible a cualquier faceta de la vida, como pueda ser la de crear un proyecto empresarial que nos ayude a reinventar nuestra vida. El secreto para materializar un sueño empresarial sin capital previo radica en el buen uso de nuestra inteligencia sobre la gestión de los recursos que nos ofrece un mundo abundante y globalizado. En otras palabras, en pleno siglo XXI, una persona puede desarrollar un negocio desde su casa sin necesidad de sobrecargarse de ninguna de las estructuras propias que constituyen la cadena de valor de una empresa, con independencia que su idea de negocio se base en placas solares, mobiliario de diseño, colecciones de moda o agencia de viajes con valor añadido. El secreto lo encontramos en cambiar el paradigma de gestión empresarial propio del siglo IXX por un nuevo, actualizado y moderno sistema de gestión empresarial mucho más económico y ligero del s. XXI. Un sistema de gestión basado en cuatro grandes pilares:

1.-Gestión de Personal:
-Colaboración transversal en equipo vs competencia piramidal del equipo.
-Proveedores intelectuales por variable según beneficio comercial vs concepto de plantilla de RRHH fija con independencia del beneficio comercial.
-Implantación de metodología de trabajo a distancia y tiempo real vs concentración física del activo humano.

2.-Gestión de Producción:
-Externalización de carga productiva vs estructura fabril propia.
-Gestión comercial y de deuda por demanda vs gestión comercial y de deuda de producto/servicio por stock.

3.-Gestión Comercial:
-Punto de venta virtual, ligero, flexible y de acceso al mercado global vs punto de venta físico, con altas cargas estructurales y de acceso a un limitado mercado local.
-Promoción online y en tiempo real, basado en marketing digital y globalizado vs promoción offline y en tiempo no real, basado en marketing tradicional y de ámbito local.

4.-Gestión Win to Win:
-Win to Win entre el activo humano que constituye la empresa.
-Win to Win entre Empresa y Proveedores de Producción/Servicio
-Win to Win entre vida laboral y vida social de los emprendedores
-Y, Win to Win entre proyecto empresarial y sociedad

El nuevo paradigma de gestión empresarial del siglo XXI se fundamenta en gestionar los recursos que un mundo abundante y globalizado nos pone a nuestro alcance, donde solo tenemos que gestionarlos de manera inteligente como quien junta las piezas de un puzzle. Así pues, pongámonos a soñar y comencemos a buscar los elementos necesarios para hacer realidad nuestro sueño!, pues tú, como ser humano, tienes la emprendedoría, la creatividad y la inteligencia suficiente para crear tu propia realidad.

¡Disfruta de la aventura!


Artículos relacionados:

-¿Cómo diferenciar entre soñar y pensar?:

-¿Cómo ver más allá de nuestra realidad más inmediata?:

-¿Qué significa reinventarse?:

-¿Cómo crear un negocio sin dinero?:

viernes, 7 de junio de 2013

Seremos seres evolucionados cuando ningún niño muera de hambre cada día

Más de 20.000 niños menores de cinco años mueren de hambre cada día en el mundo, nuestro mundo, el mismo mundo que cómodamente podemos recorrer en tan solo unas horas. Y en España, a causa de la crisis económica, miles de niños –de los cuales seguro que muchos nos los cruzamos por la calle e incluso son amigos de nuestros propios hijos- solo tienen una comida al día, la de los comedores escolares, que en la mayoría de los casos -y para mayor desazón para sus impotentes padres- ya han cerrado esta misma semana por la jornada escolar reducida previa al inicio de las vacaciones de verano.

Solo la descripción de la realidad, no vista en ninguna otra especie animal sobre la faz de la Tierra, de este pequeño y doloroso párrafo a modo de introducción del artículo nos tendría que provocar una profunda sensación de culpabilidad y vergüenza personal y colectiva, que nos empujara a mover cielo y tierra para solventar esta cruda realidad con carácter de urgencia. Pero claro, si las palabras están exentas de sentido no tienen poder alguno, pues son asépticas, y no hay palabras con carga emocional sin conciencia (aunque este es otro tema). Mientras tanto, mientras intentamos descubrir el verdadero significado del párrafo introductorio, así como sus consecuencias reales para millones de personas, nuestra pasividad y falta de conciencia se convierte en una violencia consentida en la que dejamos de morir a millares de niños cada día por inhalación. ¿Puede haber una muerte más horrible?     

Hemos construido un mundo sobre la gran mentira de que este no es un planeta abundante, por lo que no hay recursos suficientes para todos, solo para unos pocos y elegidos. Y esta gran mentira, que nos la creemos como verdad irrefutable, la hemos adornado con todo tipo de dogmáticas y complejas teorías elevadas a cátedra universitaria para convencernos de nuestra inteligencia, cuando no hay nada inteligente en un ser humano que justifique dejar de morir a un niño por hambre. De hecho, no hay nada de humano en ello.

Una gran mentira que fundamenta nuestra sociedad sobre la base de que no hay recursos suficientes para todos, ya sean de servicio o consumo, y que dicha carencia debe estar regulada por un principio (malicioso) denominado de productividad que solo puede operar dentro de un mercado que llamamos de oferta y demanda, o dicho en otras palabras, en un espacio de convivencia donde solo vales por lo que tienes. Una gran mentira asumida colectivamente que tiene como efecto directo un mundo lleno de injusticias sociales, y que, por cierto, los niños –como espíritus puros y libres que son- ni entienden ni comparten.

Es curioso ver que aquello que necesitamos los humanos lo construimos o fabricamos. Por tanto aquello construido o fabricado es una creación del hombre. Y es curioso, asimismo, que para construir o fabricar aquello que necesitamos lo hacemos mediante el dinero, que también construimos y fabricamos los humanos. O sea, que el dinero también es una creación del hombre. Así pues, si el hombre es el creador tanto del dinero como de aquellos elementos materiales que necesitamos para una vida digna, dado nuestro alto nivel de desarrollo tecnológico, ¿por qué no construimos o fabricamos dinero y todo lo necesario para que ningún niño del planeta muera de hambre?

Ante esta pregunta, un político, así como un economista, entre otros, responderían que no podemos construir o fabricar dinero y todo lo necesario para que ningún niño muera de hambre porque la economía de mercado no lo permite ya que tiene sus propias reglas (reglas creadas por los hombres, sobre todo por aquellos más egoístas y que, paradójicamente, se creen los más importantes, inteligentes y evolucionados)

Un hombre espiritual, por su parte, respondería que la razón por la que no construimos o fabricamos dinero y todo lo necesario para que ningún niño muera de hambre es porque, si bien hemos alcanzado un alto desarrollo tecnológico, aún no hemos alcanzado a la par un alto desarrollo espiritual para introducir los factores de valor humano vinculantes y globales en la economía de mercado (fría e individualista) que permita redistribuir la riqueza para construir un mundo equilibrado socialmente. Y no le faltaría razón.

Mientras que un hombre sabio respondería que, si con el actual sistema de funcionar no podemos construir o fabricar dinero y todo lo necesario para que ningún niño muera de hambre, sustituyamos el sistema basado en la mentira de la carencia por un  sistema basado en la verdad de la abundancia, pues aquello que creó el hombre puede desmontarlo para construir otra realidad mejor.

Lo que está claro es que si el ser humano, en pleno siglo XXI, construye o fabrica aquello que cree necesario para una vida de bienestar, está claro asimismo que las personas que toman las decisiones en nombre de todos no consideran necesario solucionar la cruda realidad de millares de niños menores de cinco años que mueren cada día en nuestro planeta. Ya que no es una cuestión de poder, sino de querer.

Ante esta realidad objetiva -pues lo que es, es-, debemos alzar la voz para decir bien alto y claro que:
1.-La pasividad ante una injusticia humana es violencia.
2.-Que el ejercicio de acciones que promueven la injusticia humana es violencia.
3.-Y que si esa violencia, activa o pasiva, institucionalizada o no, con o sin conciencia personal y colectiva, produce un resultado de muerte en niños menores de cinco años, no solo es inhumano sino que es una monstruosidad.

Porque la realidad es que no hay suficientes minutos en un día para dedicar un solo minuto de silencio por cada niño muerto de hambre al día. Pero en cambio, sí que producimos suficientes alimentos al día en el mundo para alimentar a esos mismos niños por años.

Así pues, es hora que despertemos nuestras conciencias dormidas, pues solo a la luz de una conciencia despierta una persona se transforma interiormente hasta alcanzar el status de ser humano.     

A aquellos que estén despiertos, ayudemos a despertar a los que aún viven dormidos.


lunes, 3 de junio de 2013

Diccionario del Alma (Calzón-Canoso) XIª Entrega

Calzón: La vestimenta en su mínima expresión.
Calzonazos: Cesión de la fidelidad a uno mismo,-a.
Calzoncillos: Calzones masculinizados.
Callado, -da: La virtud de los sabios.
Callar: Dar paso al silencio interior.
Calle: La polinización de la vida.
Callejear: Necesidad de búsqueda de la libertad.
Callejero,-ra: 1. Persona que fluye por el pulso de la vida. 2. Absentista de uno mismo,-a.
Callejón: Embudo del espacio.
Callejuela: La importancia de lo humilde.
Callista: Restaurador de las formas.
Callo: La inaceptación de una persistencia.
Callosidad: Resistencia bloqueada
Calloso, -sa: Lo que empuja y no fluye.
Cama: La desconexión de la conciencia conciente.
Camada: La continuidad del ciclo de la vida.
Camaleón: 1. Ser impersonal. 2. Carencia de Autoridad Interna. 3. Miedo al entorno.
Cámara: 1. Espacio aislado de su ambiente. 2. La intencionalidad de crear una diferencia en la continuidad del espacio.
Camarada: Compañerismo inducido bajo la disciplina de terceros.
Camarero, -ra: 1. Nodo entre dos realidades antagónicas. 2. Equilibrista de mundos.
Camarote: La fragilidad de la seguridad.
Cambiar: Una transmisión de energía.
Cambio: Acto de desaprenderse.
Camelar: Aprovecharse de alguien de manera sutil e intencionada.
Camello, -lla: El aliento vital del desierto.
Camilla: Un transportador espacial.
Camillero: La conciencia de la camilla.
Caminador, -ra: (aparato) La reafirmación de la voluntad de continuar el camino.
Caminante: Aprendiz.
Caminar: Experiencia de aprendizaje.
Caminata: Secuencia del camino.
Camino: Sendero individual e intransferible de una persona a lo largo de su vida.
Camión: Un desplazador de materia.
Camioneta: Una escala del camión.
Camisa: 1. El embellecimiento de una piel substituible. 2. El pudor sociabilizado del cuerpo humano.
Camisería: Proveedor de segundas pieles a medida.
Camisón: 1. Vestir la vergüenza a la desnudez. 2. Prenda psicológica de protección.
Camorra: Contexto vacío de amor.
Camorrista: 1. Persona perdida de sí mismo,-a. 2. Náufrago de su propia esencia.
Campamento: Estancia fugaz.
Campana: El lenguaje de la espiritualidad.
Campanada: El Universo mostrando su corporeidad.
Campanario: La oración emergida en piedra.
Campanear: Rezar.
Campanero: Monje del sonido.
Campanilla: La que anuncia una discontinuidad o un cambio de estadio.
Campante: Quien no empuja.
Campaña: La acción de unas expectativas.
Campechano,-na: Próximo, -a a la naturalidad.
Campeón: Uno de los estatus del ego.
Campeonato: Engorde ocioso de egos.
Campesino,-na: Persona que vive al ritmo de los ciclos de la naturaleza.
Campestre: Hijo del campo.
Campo: Una de las caras de la Madre Tierra.
Cana: Trofeo de la experiencia.
Canal: Vena de vida.
Canalización: Acción de unir.
Canalizar: Redireccionar el flujo.
Canalón: La excelencia de la sabiduría de la cocina.
Canalla: Enfermo emocional.
Canallada: Estado febril producido por la oscuridad en el corazón.
Canapé: La búsqueda de la esencia de la estética alimentaria.
Canario, -ra: Hijo alado de la naturaleza.
Canasta: Densidad perimetral que dibuja un paso entre el vacío.
Cancelar: Acción de corregir.
Cáncer: Exaltación del ritmo natural de las células.
Canceroso, -sa: Todo aquello que rompe el ritmo armonioso de la vida natural.
Canciller: Un ego reforzado socialmente.
Cancillería: 1. La institucionalización de la sumisión. 2. La desigualdad hecha ley.
Canción: Lenguaje del alma.
Cancionero: El alma de un pueblo.
Candado: Carcelero de la libertad.
Candelabro: Atlante de la luz.
Candente: Que preserva la calidez.
Candidato, -ta: Comunión entre habilidad y finalidad.
Candidez: Susurro dulce al corazón
Cándido,-da: Ser que transmite candidez.
Candil: El poder de la luz sobre la oscuridad.
Canela: Chispa alegre de la vida.
Cangrejo: La sabiduría de retroceder para poder avanzar.
Cangrena: La persistencia del bloqueo.
Cangrenarse: La expansión de un bloqueo.
Canguro: 1. La universalidad de la maternidad. 2. Amor compartido. 3. La confianza en la humanidad.
Caníbal: Persona en el extremo evolutivo opuesto a la iluminación.
Canibalismo: La supremacía del instinto animal.
Canica: La perfección de la forma y el fondo de la infancia.
Canijo, -ja: Percepción relativa dependiendo del observador.
Canje: Transferencia energética.
Canjear: Pulso vital del Universo.
Canoa: La transmutación de la densidad.
Canon: (de Pachelbel) Una incansable experiencia mística.
Canónigo: Peldaño de un andamio mundano construido sobre el amor divino y universal.
Canonizar: Manera de iluminar una estrella en el firmamento.
Canoso, -sa: El tinte de la experiencia.


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