jueves, 31 de enero de 2013

La cara oculta del fracaso o el precio de la libertad


A varias horas aún de vuelo, y tras la sesión oportuna de reparación de sueño, no puedo dejar de pensar en la cara oculta del fracaso mientras sobrevuelo el Atlántico. ¿A qué me refiero?, pues a todo aquello que las personas somos capaces de hacer por miedo al fracaso. Y para explicarme mejor, relataré dos experiencias personales que me han sucedido en menos de 24 horas.

La primera se dio ayer por la mañana, cuando tuve ocasión de visitar una prisión para dar una pequeña conferencia-coloquio sobre el libro “El Poder Transformador del Fracaso”. El encuentro con un grupo diverso de internos realmente me resultó muy enriquecedor, aportándome las diferentes dimensiones en la gestión del fracaso y los procesos de reinvención entre personas privadas o no de libertad. Pero algo me llamó especialmente la atención, y fue la percepción generalizada entre los reclusos sobre la concepción del fracaso, ya que la entendían como aquel estado en el que una persona no tiene dinero. En otras palabras, para ellos quien no tiene dinero es un fracasado, y no el hecho de estar en prisión, ya que lo consideran como una consecuencia directa de ser pobres. 

Como podéis entender, la lectura de la vida que manifiestan las personas en prisión, a parte de que nos debe poner en urgente alerta sobre qué tipo de sociedad estamos construyendo (situando el dinero en la cúspide de los valores sociales), nos ofrece un claro ejemplo de hasta dónde es capaz de llegar un ser humano para no sentirse fracasado: consumación de delitos de todo tipo de naturaleza. Una realidad sociológica a la que denomino, como reza el título del artículo: la cara oculta del fracaso.

La segunda experiencia que deseo narrar, también aún caliente, es de tan sólo hace unas horas, cuando en el aeropuerto he conocido a una chica árabe que, si no me hubiese desvelado su nacionalidad, creía que era española. La mujer, joven en edad pero madura en espíritu, de facciones agraciadas y trato dulce y educado, me desveló que su motivo de viaje era ni más ni menos que el huir de casa de sus padres para rehacer su vida en un país escandinavo de clima gélido (en contraste con la naturaleza caliente, por raza, de su sangre magrebí). La razón de la fugaz escapada, sin más recursos que una abultada maleta llena de ropa, era la turbia y violenta relación de dominio y control que los padres ejercían sobre ella, una hija quizás excesivamente occidentalizada para gusto paternal, en una distorsionada concepción paternofilial en la que el padre considera a su hija como un objeto de su propiedad.

En este caso, es evidente que el padre debe sentirse fracasado frente a su hija por no haber conseguido subyugarla, ni incluso por medio del uso de la fuerza bruta, de acuerdo a su particular concepción de cómo debe de ser la educación con los hijos. Una realidad de rabiosa actualidad, en el choque de dos generaciones con influencias culturales casi enfrentadas, que ya conocí triste y sobradamente años atrás en la época en qué viví en Casablanca. Y otro caso más en el que también podemos hablar de la cara oculta del fracaso o el precio de la libertad.

En ambas historias, junto al sentimiento de fracaso -unos por ser pobres y otros por no conseguir dominar a su filiopropiedad, empujando a los primeros a delictir y a los segundos a maltratar-, también se repite un patrón común: la importancia que se otorga a la imagen exterior, es decir, el profundo sentimiento de vergüenza latente que tienen del qué dirán los demás cuando se enteren que, según su percepción, han fracasado en dichos ámbitos de su vida. He aquí, de nuevo, la cara oculta del fracaso o el precio de la libertad.

Anécdota a parte con el destino que tiene el capricho de hacerme volar sobre Marruecos en estos justos momentos en los que escribo estas líneas, el hecho es que tenemos que tener claro que el fracaso no es un valor universal, sino un determinismo cultural de una sociedad en concreto en la que crece y se desarrolla; que la persona que experimenta el fracaso no podrá superarlo si no trasciende dicha concepción cultural que bloquea y enferma su cuerpo emocional hasta el punto de poderlo transformar en un ser inhumano; y que quien sufre la agresión de la cara oculta del fracaso debe pagar un precio –ya sea material, emocional, intelectual o espiritual- para recuperar su libertad como persona.

Y dicho lo que quería decir en este como siempre breve artículo, y ya para acabar, aprovecho esta humilde ventana al mundo para despedirme, no sin antes hacer un par de menciones sentidas a personas relacionadas con las historias narradas:

En primer lugar quisiera enviar un cálido saludo a Nelda, a quien le doy las gracias por ser como es y a quien espero que la vida la colme con una férrea salud. También envío un saludo a Juan Carlos, para que continúe creciendo interiormente e iluminando exteriormente a todos los inquilinos de los módulos. Así como un cariñoso recuerdo para el resto de personas internas y el equipo humano de la prisión.

Y, finalmente pero no menos importante, para ti Alem, un abrazo especial lleno de buenos deseos positivos en esta nueva etapa de la vida que seguro te regalará, entre otras muchas cosas, una larga y fuerte cabellera.

Inshalá!  

miércoles, 30 de enero de 2013

Sácale brillo a una idea e inventa tu trabajo

¿Qué hacemos si no hay trabajo?, pues inventarlo.

No le des más vueltas, este es el paradigma del que tenemos que partir. Cualquier otro, a estas alturas de la película, es prácticamente utópico, así que deja de lamentarte porque no encuentras un puesto de trabajo.

-Pero, ¿cómo inventamos el trabajo?, -podemos preguntarnos.

Pues cómo se inventa todo, partiendo de una idea.

-¿Y si no tengo ninguna idea?, -podemos volver a preguntar.

La respuesta es bien sencilla: ¡Todos tenemos siempre una idea!, porque somos seres creadores por naturaleza. Otra cosa es que estemos oxidados por una vida hasta la fecha excesivamente cómoda que nos inducía, por falta de necesidad, a una especie de coma creativo. Pero no tengas la menor duda, todos tenemos ideas. Es cuestión de volver a ponerse en forma.

-¿Y si no me sale ninguna?

No te agobies, ya te emergerá. La desoxidación tiene su tiempo, y cada persona tiene su propio reloj.

-No sé, no sé, creó que necesitaría otro cerebro…

No hay problema, cada año renovamos todas y cada una de las células de nuestro cuerpo. Aunque no tienes que esperar un año, porque físicamente nunca pensamos dos veces con el mismo cerebro. Así que no busques más excusas.

-Bueno, ¿pero tienes alguna receta para forzar a salir una idea, please?

Tú mism@ te has contestado. No hay mejor receta para ayudar a tener ideas que salir a explorar el mundo exterior y, sobre todo, a que te de mucho el sol.

-¿Qué salga a explorar el qué?

El mundo. Ni más ni menos. Cuanto más salgas a ver cosas nuevas más allá de tu ambiente conocido, más ímputs novedosos recibirás que abrirán tu mente como una parabólica que te permitirá ampliar tus canales de visión. Y cuántas más referencias de realidades posibles tengas, más fácil te será imaginar de nuevas. Las ideas surgen como resultado de una sana alimentación en ricas experiencias, no lo dudes. Si algo les encanta a las neuronas es jugar a crear nuevas conexiones entre ellas.

-¿Y lo de tomar el sol?

Porque tu alimentación sana debes complementarla, como tratamiento de desoxidación creativa, con un ambiente multivitamínico positivo. Ya que tan importante es con qué alimentas tu mente, como en qué ambiente desarrollas tus emociones. Puesto que en un proceso de reinvención personal, como es el de inventarse un trabajo propio, el proceso de emprendedoría es un proceso altamente emocional. Y nada mejor como impregnarse de los rayos de sol, que son inyecciones de pura vida, para positivizar nuestra actitud creativa.

-¿Y si aún así no tengo ninguna idea?

Pues continúa tomando tus dosis de sol. Porque seguramente estás autosaboteándote el tratamiento, en un estado de baja autoestima, repitiéndote inconscientemente el mantra del “yo no puedo tener ninguna idea”. Pero no te preocupes, sigue con la prescripción sanadora de las salidas expeditivas y los baños de sol y ya verás que el bloqueo emocional acabará por disiparse para dejar emerger buenas ideas.

-¿Cómo sabré que es una buena idea?

Todas las ideas son buenas si te sirven a ti, ya que hay tantos modelos de éxito como personas respiran. Así que no busques seguir la idea de éxito de los demás, sino la tuya propia. Sabrás que es buena porque no solo pensarás que lo es, sino que también lo sentirás, y ello te dará la motivación suficiente para llevarla a acabo. Y una vez que tengas tu idea de trabajo no tienes más que sacarle brillo hasta materializarla.

-¿Sacarle brillo?

Sí, sí, como lo oyes. Para hacer realidad tu idea debes sacarle brillo con los cuatro movimientos mágicos: acción, flexibilidad, persistencia y diversión. El movimiento de la acción materializa la idea en el mundo de las formas. El movimiento de la flexibilidad permite adecuarla a su nuevo mundo. El movimiento de la persistencia otorga a la idea el tiempo de gestación necesario para que se haga realidad (muy importante en una sociedad express). Y el movimiento de la diversión produce la energía necesaria para llevar a cabo todo el proceso.

Amig@, ahora que ya conoces los movimientos mágicos, crea tu idea, sácale brillo e inventa tu nuevo trabajo para generar una nueva vida. Porque nuestro es el derecho de reinventarnos -un poco más sabios que ayer-, como se reinventa el sol cada día.
Feliz renacer!

viernes, 25 de enero de 2013

La Teoría económica de la Lluvia en una sociedad de mercado


¿Cómo vivir sin dinero y continuar sonriendo? Esto es justamente lo que hoy en día se pregunta el 26% -y suma y sigue-, de la población española. Un verdadero drama social de consecuencias impredecibles, ya que como sabemos toda causa tiene su efecto y todo efecto tiene su causa.

La falta de recursos para poder desarrollar una vida digna por parte de millones de personas significa que la balanza de la distribución del bien común está desequilibrada, por lo que una parte minoritaria de la sociedad ha concentrado un volumen excesivo de recursos colectivos en detrimento de la otra parte mayoritaria de la sociedad. Una práctica insostenible en el tiempo ya que la física nos demuestra que cuando una energía crece en exceso fuerza a su opuesta (de idéntica naturaleza pero diferente grado) a concentrarse, lo que a la larga provoca una nueva transformación.

Es como el proceso natural de la lluvia: tras un período de sequía el exceso de vapor de agua concentrado en las nubes provoca su estallido en forma de lluvia que vuelve a regar los campos para volverlos fértiles, par dar paso a un nuevo periodo de evaporación de la humedad ambiental que vuelve a concentrarse en las nubes para finalmente volver a expandirse como lluvia. El ciclo de la vida.

Podríamos decir que las tierras fértiles son el mercado laboral, la lluvia la capacidad de consumo (interno público/privado, y externo) y que las nubes son el mercado financiero (ya sean en manos de titularidad física o jurídica, o en paraísos fiscales o no). Y sí, también podemos decir que ahora nos encontramos viviendo en una situación en la que los campos del mercado laboral están secos y yermos, inmersos en una época de carencia de lluvias que deshidratan hasta la extenuación los tres brotes básicos del consumo de un país, mientras las nubes del mercado financiero concentran –de manera opaca- la práctica totalidad de los recursos económicos de la sociedad, siendo conscientes que dichas nubes del mercado financiero no son más que un burdo camuflaje virtual de cartón y piedra detrás del cual se refugian personas con nombres y apellidos ávidos de robar lo ajeno (pero esto es contenido para otro telediario).

Como vemos, la Teoría de la Lluvia nos dice que toda fuerza centrípeta, llegado un punto crítico, explota de manera expansiva provocando una transformación de su entorno. Por lo que la concentración de recursos económicos por parte de los mercados financieros llegará un momento que será insostenible para el ecosistema de cualquier sociedad –ya que el mercado financiero forma parte de la sociedad y, sin ésta, no puede existir-, redistribuyendo los recursos financieros por el conjunto de los campos donde crece la economía real.

La diferencia entre el proceso natural y cíclico de las nubes, y los mercados financieros, es que estos últimos son una creación artificial del hombre, por lo que a cada experiencia de su particular bing-bang su naturaleza se ve alterada por un profundo proceso de redefinición y reinvención para hacerla más compatible y sostenible con su propio medio natural: la sociedad.   

Mientras tanto, la falta de lluvia de capacidad de consumo que seca nuestros campos del mercado laboral hace la vida imposible para millones de personas que continúan viviendo porque dejar de respirar no es una opción, descubriendo por sí mismas que hay vida más allá del dinero, viviendo fuera del marco de la ley porque ya no les protege, y encontrando el camino personal que da el poder de crear un sistema económico sustitutivo y complementario al mercado financiero, a la espera que éste vuelva a estallar redistribuyendo así los bienes comunes que concentra y que pertenecen al conjunto de seres humanos por derecho natural.

Así que la respuesta es sí, sí que se puede vivir sin dinero y continuar sonriendo, porque la fuerza de la vida siempre se abre paso ante cualquier circunstancia, porque el hombre es un inconformista ser creador de realidades alternativas por naturaleza, y porque ante la amenaza de lluvias torrenciales todos miramos esperanzados y con espíritu revolucionario al cielo cantando al unísono “¡Ojala que llueva café en el campo!”.

lunes, 21 de enero de 2013

En una sociedad de lobos, necesitamos más mastines


En tiempos de crisis, al igual que ocurre con las aguas revueltas, aquello que yace escondido en el lodo de la sociedad surge visible a la superficie. Incluso aquello que creíamos extinguido de nuestra joven e inocente democracia, como lo lobos. Esos lobos ibéricos que algunos siempre han intuido -y otros ya sabíamos-, que viven entre nosotros, y que ahora confirmamos su existencia gracias a la crisis que los ha dejado al descubierto en los medios de comunicación despojándolos de sus disfraces de ovejas engominadas con sonrisa postiza.

El lobo ibérico es un animal social altamente desarrollado en las relaciones públicas, que vive en el exclusivo hábitat natural de la política y las finanzas, y cuya razón de ser es la caza mayor del dinero mediante las malas artes del poder, por lo que el resto de personas no somos más que medios de presas prescindibles para conseguir sus fines.

Hasta el momento, el lobo ibérico no mostraba su verdadera naturaleza sangrienta más que a la sombra de pasillos y despachos en su hábitat natural cuando olía que peligraba el secreto de su identidad camuflada, y por extensión de su caza, transformándose entonces en un depredador infalible para posibles enemigos. Y nunca, hasta día de hoy, el lobo comía carne de lobo.

La razón que en la actualidad el lobo ibérico coma carne de lobo es porque la comunidad lobezna del país ha crecido desmesuradamente a lo largo de poco más de dos décadas de democracia, lo que en tiempos de crisis económica les obliga a enfrentarse entre ellos para disputarse la poca caza existente.

Si tuviéramos que analizar el aumento desmesurado de la comunidad lobezna del país en los últimos años podríamos atribuírselo a tres factores de igual magnitud: a la descendencia directa de la propia especie (partitocracia), a la conversión evolutiva de presas naturales en cazadores (el lobo se hace, no se nace) y a la expansión de su hábitat natural (sobredimensión de la estructura financiera y política).

Sea como fuese, lo cierto es que la sociedad española necesita liberarse de la jauría de lobos tanto por el actual proceso degenerativo del estado de bienestar social, como por la urgente necesidad de regeneración democrática. Una heroica hazaña que tan solo puede lograrse con las cualidades innatas de un animal de naturaleza opuesta al lobo como es su milenario enemigo: el mastín, el único animal lo suficientemente noble y valiente capaz de enfrentarse a las hambrientas fauces de un depredador para proteger el bien común.

No obstante, seamos sinceros, todo ser humano llevamos dentro un lobo y un mastín. Y depende de nosotros, como individuos y como sociedad, cuál de los dos alimentamos para dejarlo crecer. Teniendo claro que, dependiendo de la decisión que tomemos, desarrollaremos personas con escalas de valores diferentes y, por ende, modelos de sociedad diferenciados.

Así pues, llegados a este punto, no puede ser mejor momento para preguntarnos de manera colectiva cuál de las dos naturalezas del ser humano hemos estado alimentando socialmente en la España de los últimos años. Y reflexionar, con la oportunidad de revisión que nos ofrece la actual crisis económica y de valores, sobre qué sociedad queremos construir a partir de ahora. La buena noticia es que, con una buena alimentación y un buen ambiente, la naturaleza lobezna de una persona es reversible, ya que la redención es un derecho divino del hombre desde los albores de los tiempos.

sábado, 19 de enero de 2013

La vida no tiene sentido sino se la das tú


La vida, cuya razón es ser o no ser en el universo, no tiene sentido porque no debe justificarse a sí misma, ya que dar sentido a las cosas tan solo es una cualidad humana. Así pues, la pregunta no es si la vida tiene o no tiene sentido, sino si tú has encontrado sentido a tu vida.

Hay quienes se pasan infructuosamente toda la vida buscando sentido a su propia existencia. Otros lo alcanzan para después volverlo a perder. Hay quienes lo tienen claro desde bien jóvenes frente a aquellos otros que lo descubren al final de sus días. Incluso hay personas que cambian continua y periódicamente el sentido a su vida. Y, por descontado, hay tantos sentidos a la vida como personas respiran.

Con independencia de cual sea el caso particular de cada cual, lo cierto es que dar sentido a nuestra vida es como ingerir un complemento vitamínico que nos imbuye de la poderosa luz de la esperanza y la  inquebrantable fuerza del optimismo para alcanzar un sueño identificado. Mientras que vivir sin dar sentido a la vida es como deambular abatido día tras día por una ciénaga sombría, donde la magia de la existencia ha desaparecido y, con ella, la capacidad para crear la realidad propia que deseamos vivir.

Sí, como sabemos aunque sea inconscientemente, dar sentido a nuestra vida y crear la realidad que deseamos vivir van íntimamente ligadas, hasta tal punto que la una no puede existir sin la otra, como la indivisibilidad de las dos caras de una misma moneda.

Llegados a este punto, preguntémonos si nuestras vidas tienen sentido o, si por el contrario, debemos buscarlo o incluso renovarlo (En caso de no tenerlo y de carecer de la necesidad de encontrarlo, más vale que pongamos el grito de alerta al cielo, ya que sin habernos dado cuenta nos hemos convertido en muertos vivientes. Así que si deseas volver a la vida, ya puedes ponerte las pilas a buscar el sentido de tu propia existencia).

Encontrar el motivo que da sentido a nuestra vida es un proceso bien sencillo marcado por la fórmula 3B: Buscar, Buscar y Buscar hasta encontrar. Un método de trabajo que cuenta con dos variables importantes a tener presente: tiempo y campo de exploración tan extenso como la propia búsqueda requiera. En otras palabras: no te agobies si no encuentran el sentido a tu vida de hoy para mañana, ya que si buscas encontrarás, aunque en ello te vaya todo un año o más. Puesto que muchas veces el motivo que da sentido a nuestra vida no se nos presenta hasta que nosotros mismos no estamos preparad@s para verlo, ya sea por falta de madurez, ya sea por que nos encontramos en medio de un proceso de transformación personal (como el paso de oruga a mariposa), ya sea porque estamos en un punto de bloqueo mental y emocional. 

Como hemos visto, el proceso de búsqueda es sencillo ya que se trata de un ejercicio mecánico, pero sus consecuencias son profundas puesto que no hay resultado de la búsqueda sin un proceso de reencuentro con uno mism@ más allá de las interferencias del mundo exterior. Es decir, encontrar aquello que da sentido a nuestra vida implica un viaje hacia nuestro propio interior para reencontrarnos con nuestra propia y singular esencia. Y ello conlleva posicionarnos frente a los demás en una reivindicación sin cesiones de nuestra identidad, lo que en otras palabras podríamos llamar como coger las riendas de  nuestra autoridad interna.

¿Pero cómo sabemos que hemos encontrado el sentido a nuestra vida?. No os preocupéis, todos lo sabemos, porque lo sentimos en nuestro interior. Y remarco el hecho que lo sentimos para diferenciarlo del hecho de pensarlo. Ya que en esta búsqueda, el maestro de vida no es la mente sino el corazón, ya que nadie más que tú mism@ puede saber, a través del lenguaje de las emociones, cuál es el motivo que da sentido a tu vida.

Pero aún te diré más, diferenciamos aquello que da sentido a nuestra vida del propósito de nuestra vida cuando lo que da sentido se hace sostenible en el tiempo. Pero esto es trigo de otro pajar, aunque si quieres profundizar en este tema te remito al capítulo que bajo el nombre “¿Cómo sintonizamos con nuestro destino?” escribí en el libro El Poder Transformador del Fracaso, editado por Silva Editorial, 2011. (Versión digital en Bubok).

Para finalizar solo te diré que es sumamente saludable para nuestra existencia el hecho de dar sentido a nuestras vidas, ya que solo así conseguimos que salte la chispa que nos produce la alegría y la ilusión por vivir. La misma chispa que nos ayuda a levantarnos cada mañana confiando en un nuevo, renovado y mágico día lleno de sorpresas por descubrir, en una aventura más en nuestro viaje personal.

Y dicho esto, dime, ¿ya sabes qué da sentido a tu vida?

jueves, 17 de enero de 2013

Neoaldeas, vuelta a las sociedades autosostenibles


¿Quién ha dicho que no podemos crear una sociedad más equilibrada y sostenible?
¿Quién ha dicho que no podemos alcanzar una sociedad del bienestar que vele por el desarrollo de una vida digna?
¿Quién ha dicho que no podemos acabar con los desahucios y la hambruna?
¿Quién ha dicho que no tenemos los recursos para hacerlo?
¿Y, sobre todo, quién ha dicho que necesitamos más dinero para construir una sociedad mejor?

Si algo sobra en España es, justamente, el hambre de millares de personas que viven ya bajo el umbral de la pobreza y el pan infravalorado de millones de hectáreas rurales desérticas. A cualquier niño que se le plantee el anunciado de dicho problema nos resolverá rápidamente la ecuación: -Juntemos el hambre con el pan, -nos diría, y acto seguido continuaría jugando con sus cosas. Así de simple.

Pues sí, así de simple. A veces, para poder crear relaciones entre elementos dispares que den soluciones a problemas complejos hay que mirar con mirada simple, porque es justamente la mirada compleja la que no nos deja ver las ramas de los árboles entre tanto bosque o, lo que es lo mismo, entre tanto cemento de las grandes y endogámicas urbes.

Bien, ya tenemos hecha la relación. Pero, ¿cómo hacemos que las hectáreas rurales desérticas cubran la necesidad de las personas que viven bajo el umbral de la pobreza?. La respuesta la encontramos parafraseando al poeta persa Rumi: “La tierra se convierte en oro en manos del sabio”. Una máxima con la que trabajan en España, entre otras entidades existentes en el mundo, los amigos Bárbara y Quique de Domoterra, cuyo objetivo principal es el de realizar cursos para promover la cultura de las casas de adobe y divulgar su método de autoconstrucción. En otras palabras, construyen casas domo a partir de la misma tierra del suelo del lugar en el que se va a edificar, por lo que el coste de la edificación resulta muy barato. Tanto, que una vivienda domo de 40 m2, que incluye sala de estar, una habitación, cocina y baño, tiene un coste de materiales de construcción (sin acabados) que no llega a los 3.000 euros. Sí, sí, como lo lees. Para los interesados, los curiosos e incluso los incrédulos, aquí tenéis un par de links para rascar: http://www.domoterra.es/sistema-constructivo-3.htmlhttp://www.calearth.es/superadobe/ .

De saber cómo transformar la tierra en oro en las desérticas hectáreas rurales mediante la construcción de domos, esas viviendas económicas y respetuosas con el medioambiente, a convertirlo en un proyecto de beneficio y bienestar social solo hay un paso: la Neoaldea (como uno entre otros tantos ejemplos a poder llevar a cabo).

Pero antes de exponer el proceso para su construcción, definamos lo que denominamos como Neoaldea: Dígase de un espacio de vida en comunidad basado en la adquisición de viviendas ecológicas y económicas, que permite el desarrollo social de economías sostenibles, bajo los principios del humanismo, la equidad social y el respeto por el medio ambiente. O, dicho en otras palabras, imaginémonos la Neoladea como una comunidad en contacto con la naturaleza donde cualquier familia tiene acceso prácticamente gratis a su hogar, y en la que gran parte de la alimentación es producida por la propia comunidad para su autoconsumo. O, ¿a caso no hay familias que viven de su huerto particular en los balcones y terrazas de la ciudad?

Así pues, puestos los cimientos de la definición de Neoaldea, veamos cómo podemos llevarla a cabo (reduciendo los pasos a su mínima expresión):

1.-Un grupo de amigos, una entidad de interés social con personalidad jurídica propia, o incluso una propia administración local (a partir de ahora, promotor), presenta en un municipio rural un proyecto de Neoaldea con el objetivo principal de dinamizar el medio rural y revalorizar el exceso de suelo rústico abandonado existente.

2.-El municipio rural cede una hectárea rústica para el desarrollo de la Neoaldea en calidad de concesión prorrogable.

3.-El equipo promotor diseña el proyecto de Neoaldea sobre plano cartográfico, teniendo en cuenta cuatro elementos clave: Los domo-vivienda independientes, los domos de uso colectivo y zonas comunes (como elemento cohesionador y dinamizador de la comunidad), las zonas agrícolas (para consumo sostenible) y los elementos energéticos (para búsqueda de autosuficiencia y sostenibilidad medioambiental).

4.-A continuación el proyecto se autoconstruye, bajo la fórmula de una Escuela Taller y un régimen interno de cooperativismo social, por los propios futuros habitantes de la Neoaldea que han sido seleccionados porcentualmente entre familias desahuciadas, indignados sociales y personas que buscan modelos de vida alternativa a las ciudades.  

5.-Y por último, se obtiene como resultado una comunidad rural con alto valor social, vinculada a un pueblo ya existente, abriendo la puerta a la retroalimentación mutua.

Haciendo un esfuerzo de síntesis para no convertir el artículo en un proyecto en sí mismo, destacaré tan solo dos aspectos fundamentales del proyecto: el logístico y el financiero. Respecto al logístico, y siempre bajo el principio del voluntariado social, el equipo necesario ideal para desarrollar la Neoaldea requiere de seis profesionales: un técnico especializado en construcción de domo-viviendas, un arquitecto, un ingeniero agrónomo, un ingeniero en energías renovables, un abogado especializado en el mundo rural y un consultor en marketing y relaciones públicas. Mientras que a nivel financiero, siempre bajo el principio de coste cero, la política de adquisición de materiales y servicios para la Neoaldea debe realizarse mediante fórmulas de mecenazgo, esponsorización e intercambio, resaltando el marcado carácter social del proyecto.
 
Como vemos, por poder, podemos; otra cosa es que haya voluntad política para dejar que se haga. Por ejemplo, existen tres grandes obstáculos para el desarrollo del proyecto, que con voluntad legislativa y sin interferencias de intereses se pueden solventar en 24 horas: los metros cuadrados máximos construidos por hectárea rústica (que limita el número de domo-viviendas), la concesión de la cédula de habitabilidad (por tratarse de una edificación no homologada en España), y la cuestión de la titularidad de la propiedad conjunta o individual de los domos-viviendas (vinculado a la imposibilidad de subdividir una hectárea, entre otros factores presumiblemente solventables). Llegados a este punto, todo hay que decirlo, resulta mucho más fácil construir una Neoaldea en cualquier otro país emergente del mundo que en una España constreñida y restringida por múltiples normativas coactivas. Como me dijo hace poco una amiga:
-Vámonos a Chile a construir una Neoaldea que allí no ponen trabas. 
Quién sabe, a lo mejor en breve escribo este blog desde algún bellísimo lugar de nuestro siempre querido continente iberoamericano, porque ya se sabe que, en un mundo interconectado, se puede vivir en un entorno rural sin perder la identidad global de cada cual.

Amig@, poder, siempre se puede. Todo es cuestión de una pizca de voluntad sazonada con imaginación y de volver a mirar el mundo con la mirada simple de un niño. Solo así alcanzaremos la sabiduría necesaria para convertir la tierra en oro. Todo lo demás no son más que mindangas de personas que se creen importantes en un mundo de injusticias sociales.

jueves, 10 de enero de 2013

El futuro siempre se puede cambiar


Cada paso que decidimos hacer en nuestra vida determina la realidad que conocemos.

[Pausa obligada para interiorizar]

Me explico: Es como si ante cada decisión, por pequeña que sea, se nos presentan diversas puertas alternativas por las que seguir nuestro camino, y la elección de una u otra puerta seleccionada nos da paso, a su vez, a otras diversas puertas posibles para continuar nuestro viaje personal. Y así sucesivamente a cada elección en cualquier área de nuestra vida a lo largo de nuestra existencia fugaz, ya que nuestra vida es un continuo decidir.

Pero aún te diré más: Esta continúa elección, este continúo decidir, al ritmo de nuestro propio respirar, cambia constantemente la realidad que creamos y que da forma a nuestro mundo, ya que las elecciones de cada persona influye en los otros y en la configuración de todo lo conocido. Así es, por si nadie te lo había explicado: ¡Tus decisiones no solo te afectan a ti, sino también al resto!, al igual que el aleteo de una mariposa en Etiopía produce un huracán en Estados Unidos (Teoría del Caos). Es como si al seleccionar una y no otra puerta en nuestra rutina diaria, diera como efecto instantáneo la recombinación de puertas diversas para el conjunto del resto de personas, y a la inversa, redefiniendo continuamente la estructura poliédrica de infinitas puertas de nuestra realidad como en un eterno efecto dominó en un cubo Rúbik.

[Pausa de reflexión]

Ahora ya lo sabes. Este es un hecho que cambia a cada segundo los futuros posibles tanto de las personas como individuos como de la propia humanidad. Sí, como lo lees, no hay futuros absolutos sino futuros posibles, puesto que el futuro siempre es variable dependiendo de las elecciones y, por tanto, no solo se puede cambiar sino que se cambia desde el presente, desde tu/nuestro aquí y ahora. De ahí el dicho ancestral que el futuro comienza hoy.

No obstante, y desde un punto de vista social, para llegar a un llamémosle fin común o futuro común las elecciones individuales diarias de las personas deben de perseguir una misma intencionalidad, para juntos crear de manera sincronizada la realidad elegida. En otras palabras: la suma de las intencionalidades presentes individuales dan como resultado el futuro colectivo del mañana, como los miembros de una piragua que reman todos al mismo ritmo y dirección para alcanzar un destino común. El problema radica cuando la suma de las intencionalidades individuales –motivados por intereses enfrentados- son divergentes, lo que producen futuros sociales altamente inestables e indefinidos, al igual que la imagen distorsionada de un televisor producido por un canal mal sintonizado. Para muestra, un botón: la rabiosa actualidad del denominado mundo occidental con la lucha de grupos sociales de diferentes principios y valores entre los que tienen y los que no tienen, o entre depredadores y presas (licencia de autor).

La buena noticia es que los futuros inestables e indefinidos, propio de la proyección del espacio-tiempo que nos toca vivir, son el prólogo a un salto cualitativo en la historia de la humanidad. Pero para que se produzca ese salto cualitativo, que como el reloj de las montañas no se produce de hoy para mañana sino que necesita de varias generaciones como unidad de medida de tiempo, se requiere alcanzar la masa crítica de futuros intencionados individuales que predomine sobre otras tendencias, al igual que sucede en el caso de la ya conocida teoría evolutiva del mono 101.

Tengamos claro que todo cambia en un eterno fluir (como ya decían los clásicos, continúan manteniendo desde siempre los espiritualistas y abanderan recientemente los cuánticos) y que los poderes y los convencionalismos establecidos que definen los referentes de nuestra realidad son efímeros por su propia naturaleza volátil. Así pues, si nada siempre es nunca así, si no existen futuros absolutos sino futuros posibles, ya es hora que dejemos de tener miedo a los poderes volátiles establecidos y tomar partido por el tipo de futuro que queremos construir a nivel personal y social.

Tuya / Mía / Nuestra es la decisión y, con ella, el legado que dejarás /dejaremos a las futuras generaciones. He aquí una buena motivación para dar sentido a nuestras vidas.

Feliz viaje al cambio de futuro!   

martes, 8 de enero de 2013

El secreto de Todo está en respirar


Inspiro como la ola brava que se recoge mar adentro para concentrar fuerzas,
y expiro como la espuma que muere rendida en la arena de la orilla de la playa.

Inspiro como los pétalos de la flor que hambrientos de luz se abren al sol,
y expiro como el capullo que se cierra en su efímera existencia. 

Inspiro como la semilla que ansiosa se estira con fuerza para convertirse en árbol,
y expiro como el fruto que se deja caer de lo alto para inseminar la tierra.

Inspiro como la paciente nube que recolecta gotas de vaporosa agua para vestirse,
y expiro como la decidida lluvia que se sacrifica para dejar el cielo libre.

Inspiro como la luz que divertida pinta el mundo de infinitos colores,
y expiro como la cometa que se pierde por el blanco horizonte.    

Inspiro como la sudorosa piel que besa, ama y desea incondicionalmente,
y expiro como el amante que se entrega hasta el último gemido de aire.

Inspiro como un sentido abrazo que se abre al cálido afecto de un reencuentro,
y expiro como una resignada caricia de impredecible despedida.

Inspiro como el día que dulcemente amanece,
y expiro como la noche que silenciosamente adormece.

Inspiro como un hola de un año más,
y expiro como un adiós de un año menos.

Inspiro con la irrefrenable fuerza indomable de la vida,
y expiro con el certero poder inquebrantable de la muerte.    

Inspiro, expiro, respiro y soy.

Soy porque respiro,
no porque haga esto o aquello,
sino porque inspiro y expiro,
y en este respirar Soy Todo lo que tengo que Ser.

Amig@, si quieres Ser Tú mism@,
no te olvides de atender tu respirar,
porque en la respiración hallarás el secreto de Todo.

miércoles, 2 de enero de 2013

Todo lo que nos separa son partes de lo que nos une


El mundo del hombre está creado desde un origen común que nos une, formado por varias partes que forman el todo, las cuales utilizamos para destacar las diferencias con espíritu de confrontación en vez de reivindicar nuestra propia naturaleza común. Es como si cada uno de nosotros tuviéramos una pieza de un mismo puzzle que, en vez de juntarlas para construir entre todos el puzzle, las utilizáramos para pelearnos entre nosotros porque las otras piezas son diferentes a las nuestras. Parece de locos, ¿verdad? Pero así es.

Pongamos un ejemplo. A estas alturas de la humanidad ya es sabido que la Biblia es un compendio de historias, algunas prácticamente literales, de otras culturas más antiguas que el cristianismo, como la religión egipcia (discursos del propio Jesús en el Nuevo Testamento), la mesopotámica (el Arca de Noé y el Diluvio Universal) o la judía (El Antiguo Testamento), entre otras. Y que el islamismo es, a su vez, una religión que nace del cruce entre judaísmo y cristianismo, o lo que es lo mismo entre Antiguo y Nuevo Testamento (sólo hay que preguntar a un islamista por sus profetas, siendo Jesús el penúltimo antes de Mahoma). Así pues, ¿por qué de los sangrientos genocidios históricos que llegan hasta nuestros días entre hombres que promulgan el cristianismo y el islamismo? La respuesta es bien sencilla: porque destacamos las diferencias en lugar de las coincidencias.

Y lo mismo pasa con cualquier otra faceta de la vida del hombre, ya sea a nivel individual entre la persona y su agotadora batalla con el resto del mundo, ya sea a nivel social entre clases de diferente status de una misma sociedad, ya sea a nivel profesional entre trabajadores con diferentes cargos y responsabilidades dentro de una misma empresa, ya sea a nivel ecológico entre el hombre y las diferentes manifestaciones de la propia naturaleza de la que somos parte, y así hasta alcanzar las escalas más globales de organización y relación humana.

El ser humano tiene la capacidad de ver las diferencias de las partes, así como el todo que forman esas mismas partes. Si solo alimentamos una de estas capacidades, si solo educamos desde una concepción de la realidad -y por extensión del conjunto de la humanidad-, creceremos como hombres y mujeres con discapacidad humana, es decir incompletos y, por tanto, disfuncionales. Pues tan importante es ver la riqueza de las diferencias, como la diversidad de la unidad. Ya que ambas son cualidades cognitivas innatas del ser humano.

En este sentido tiene gran responsabilidad la educación, ya que si ya desde pequeños sólo enseñamos a nuestros hijos todo aquello que nos diferencia, y les vetamos la educación de todo aquello que nos une, ¿cómo van a saber nuestros hijos que formamos parte de un todo común? ¿Cómo, pues, van a integrar en vez de excluir? Quizás la respuesta la debamos de buscar en los intereses de quienes marcan las directrices de nuestra educación. Preguntémosles pues a sus ilustres señorías que dirigen nuestras sociedades por qué nos enseñan a excluir, en vez de a integrar.

Dime qué sociedad quieres construir, y te diré qué educación debes impartir. Está claro que educar desde la diferencia que nos separa crea sociedades desiguales y excluyentes, en las que sólo unos pocos se benefician de privilegios sobre los otros muchos, mientras que educar desde lo que nos une crea sociedades solidarias, inclusivas, equilibradas y más humanas. Por tanto, tendremos aquella sociedad cuya educación queramos alimentar.

Superar la ruptura de la dualidad entre la parte y el todo, redescubriendo la capacidad humana de concebir el mundo desde la diversidad de la unidad, nos conducirá, sin lugar a dudas, al camino para construir un futuro mejor para todos los seres que vivimos en este planeta. Nuestra es la opción y la voluntad, tanto a nivel individual como colectivo, para lograrlo.

Cómo cambiar la realidad desde la cárcel personal


Existen muchos tipos de cárceles. Las más conocidas son aquellas que bajo sentencia condenatoria por un delito cometido te privan de libertad hasta cumplido un periodo determinado de tiempo, en el transcurso del cual no hay posibilidad para cambiar esa realidad. Pero existen muchas otras variedades de prisiones que, con la misma fuerza inmovilizadora, nos impiden cambiar nuestro futuro o incluso alcanzar nuestros sueños. Cárceles de alta seguridad que, aunque sus barrotes sean invisibles, parece misión imposible ejecutar cualquier plan de fuga.

Me refiero a las cárceles personales cuya naturaleza está compuesta por determinismos sociales y psicológicos, como la cárcel en la que se siente recluido un emprendedor que no tiene dinero ni para poner gasolina al coche, la cárcel en la que se siente recluido un padre de familia en el paro que no encuentra un puesto de trabajo que le permita evitar el desahucio de su casa, la cárcel en la que se siente recluida una joven sin vida social al verse absorbida por su responsabilidad como madre, la cárcel en la que se siente recluido un asalariado hastiado por la monotonía de un trabajo que le impide desarrollarse profesionalmente, la cárcel en la que se siente recluido una persona por el miedo y la falta de valentía para cambiar una vida insatisfecha. Y todas aquellas cárceles existentes, tantas como personas puedan habitar en el planeta, que producen una sensación de prisión personal.

Muchas veces, en nuestro camino individual de aprendizaje, no sabemos aquello que queremos hasta que vivimos justamente aquello que no queremos, que no son más que nuestras cárceles personales. Pero esto es ley de vida, y más aún en unos seres como los hombres y las mujeres que nunca somos siempre los mismos, sino que cambiamos interiormente de manera continúa a lo largo de nuestra vida (Como también es ley natural de vida). El problema radica cuando sentimos que ya no podemos cambiar más, al menos exteriormente, por la fuerza represiva de los acontecimientos que nos envuelven: no tener dinero, quedarse sin trabajo, destinar todas las energías a subir a los hijos, no poder crecer profesionalmente en la empresa, etcétera.

Ante una cárcel personal, cualquier persona solo tiene dos opciones: o rendirse a la cárcel hasta reducir los impulsos vitales de su propio espíritu al paso de los años para llevarlo a un estado casi de coma existencial inducido, o liberarse de la cárcel, la cual conlleva cambiar nuestra realidad. Pero, ¿cómo podemos cambiar la realidad desde la cárcel personal?, ya que en muchos casos no podemos liberarnos de los condicionantes externos. Y si no, preguntémosle a esa joven madre que, sintiéndose marchita sin vida social propia, no puede cambiar por arte de magia el hecho de tener hijos pequeños en edad de cuidarlos las 24 horas del día.

Para cambiar la realidad desde nuestras cárceles personales solo hay un camino: reencontrase con un@ mism@.

Reencontrarse con un@ mism@ significa dejar de buscarnos fuera para encontrarnos dentro de nosotros mismos.
Reencontrarse con un@ mism@ significa perdonarnos y aceptarnos en la intimidad tal y como somos, con independencia de juicios de valores externos.
Reencontrarse con un@ mism@ significa hacer las paces con nosotr@s mism@s, para saber así que es lo que realmente queremos.
Reencontrarse con un@ mism@ significa ser y vivir tal y como somos realmente, no como los otros han querido que seamos y vivamos.
Reencontrarse con un@ mism@ significa alimentar nuestro Yo, no alimentar los Yo de los otros en mi.
Reencontrarse con un@ mism@ significa vivir con autoridad interna, sin ceder nuestro poder a terceros.
Reencontrarse con un@ mism@ significa creer y tener fe en un@ mism@, y así mismo creer y tener fe en la magia de la vida.  

Pero no podemos reencontrarnos con nosotr@s mism@s si no hacemos el viaje con presencia, es decir con la atención suficiente que merecen los detalles del camino, los cuales no se pueden observar si no es a través de la experiencia consciente de la intensidad del momento a cada nuevo paso. Lo contrario no es reencontrarnos sino vivir fuera de nosotros, desconectados de nuestra propia vida, en un transcurrir somnolientos por una película ajena.

Para cambiar la realidad desde cualquier cárcel personal hay que reencontrarse con un@ mism@, pues al reencontrarnos nos conectamos de nuevo con la esencia de la vida, y al producirse la conexión la vida se nos abre como un nuevo día lleno de inimaginables y mágicos horizontes llenos de sincronicidades. Porque la vida y tú, ahora, ya sois un@. Y, desde ese momento, cualquier nueva realidad es posible.

Si deseas reencontrate contig@ mism@ comienza por ser consciente de tu respiración, pues en la respiración está la llave de tu celda personal. Así de simple, así de profundo, así de mágico. Feliz reencuentro!